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Hablar por hablar | “El Bizco Pardal por tierras de Castilla” | Francisco Martínez Calle

La excursión que año tras año organiza la Asociación de Amigos del Instituto Nicolás Copérnico, comandada por Ricardo Aguilar con la incondicional asistencia de Paco Caballero, Manolo Parejo y Manuel Marín, este julio de 2018 ha visitado las comunidades de Castilla-León, Galicia y Asturias.

            Dicha excursión ha estado a la altura de nuestras expectativas, dado el excelente nivel de calidad alcanzado en todos los aspectos del viaje y el ejemplar comportamiento de todos sus componentes, desde Pepe, el dinámico conductor del autobús, hasta la señora Lomas, incansable, a pesar de sus ya bien cumplidos setenta años.

            A decir verdad, tampoco le ha faltado a la excursión un discreto elemento de riesgo (escalar un tramo rocoso de pendientes casi verticales, húmedas y resbaladizas, con la ayuda de una cuerda atada a dos postes laterales). Este trayecto, hay que decirlo, estaba catalogado por la guía turística de “dificultad media-alta”. No fue fácil sobreponerse a esa media-alta dificultad del ascenso; pero una vez superada por los pocos que nos atrevimos con ella, el grupo ha visto notablemente incrementada su autoestima, hasta tal punto que, ahora, esta excursión se ha convertido en algo más que en un recomendable viaje cultural.

            Pues bien, una mañana, paseando por Zamora, la ciudad del Duero, la tierra del románico y el paraíso terrenal de mi admirada Carmen Baena, me topé con una librería que era, al mismo tiempo, charcutería, tienda de alimentación, ferretería y almacén de recuerdos de todas clases. Allí, en aquella librería, encontré un librito (Peñafiel, 2015), cuyo título reza así: “Refranes y dichos populares en torno a la cultura del vino”.

            Por tratarse de un refranero (compendio de sabiduría popular), por la delicadeza del autor a la hora de redactar el título (“cultura del vino”) y por su precio asequible (seis euros), lo compré inmediatamente.

            -Se está forrando el chiquito este –me aclaró la dependienta, una señora de mediana edad, alta, delgada, peliblanca y de agradable sonrisa.

            -No lo dudo –le respondí, aunque lo hice solo por cortesía, pues ni entendí entonces ni entiendo ahora, cómo se puede forrar alguien que vende libros de refranes sobre la cultura del vino a seis euros el ejemplar.

            Ya en el autobús, en los trayectos en que me fue posible, traté de hincarle el diente a lo que en principio se presentaba como apetitosa vianda. Luego, analizado más detenidamente, sin ser gran cosa, comprobé que el libro no estaba mal, si teníamos en cuenta que el conjunto, además de los refranes, siempre interesantes, poseía una didáctica introducción, una variada clasificación temática y un breve glosario que contribuía a despejar cualquier clase de duda sobre el contenido.

            Pero para mí, lo peculiar de este libro es que al citar uno de los muchos refranes que contiene, alude a su creador, el ecijano Bizco Pardal. El texto (pág. 72), que cito e su totalidad, es el siguiente:

 

A la vuelta lo venden tinto.

            Suele ser difícil saber de dónde proceden estas frases tan populares, pero en este caso hay quien afirma que se originó cuando el torero José Ortega, Joselito, dándole unas monedas, le pidió al Bizco (Pardal), personaje popular de Écija, que fuera a comprar unas cosas. Cuando este volvió, el torero le pidió la vuelta, a lo que el Bizco contestó:

            -¿La vuelta? A la vuelta lo venden tinto.

 

En fin, me pareció que podría ser interesante el hecho de que un ecijano, el Bizco Pardal, del que apenas sabemos nada en Écija, apareciera citado en un libro de refranes sobre el vino, escrito en tierras de Castilla.

A raíz de esta anécdota he llegado a pensar si no sería bueno que las frases y las imágenes de algunos hombres y mujeres ilustres de Écija o vinculados a Écija (Garci Sánchez de Badajoz, Cervantes, Vélez de Guevara, Bizco Pardal, Tomás Beviá, Pepita Tomás…) pasaran a formar parte de la ornamentación de nuestras calles, por lo general, desprovistas de este recurso estético.

Si así se hiciera, las frases más destacadas de estos autores, seleccionadas en virtud de su gracia, ingenio o por profundidad, y sus imágenes, portadoras de algún mensaje, situadas en las plazas públicas, contribuirían no solo al fomento del turismo en Écija, sino al incremento del acervo cultural de los ecijanos, siempre necesitado de mejoras.

Posted On 06 Ago 2018

Hablar por hablar.- El herrero de Fuentes.- Francisco Martínez Calle

La introducción al libro “Alfajores de Écija” (Sevilla, imprenta de Francisco de Paula, 1909), de Manuel Ostos y Ostos (Écija, 1867 – 1914), no es más que una dedicatoria del autor al Ayuntamiento de su ciudad natal y, al mismo tiempo, una solicitud de autorización para la publicación del citado libro.

            En dicha introducción, el señor Ostos y Ostos rinde pleitesía a todo lo ecijano, comenzando por Garci Sánchez de Badajoz y Luis Vélez de Guevara, en un lenguaje no exento de gracejo y plagado de locuciones, frases hechas, refranes y paremias de todas clases. De entre todas ellas, que son muchas, ha llamado mi atención de manera singular la siguiente: “El herrero de Fuentes”, la cual, como ahora se verá, no es tan simple como yo creía.

            Viene recogido el dicho en la pág. 3 de los “Alfajores…” y dice así:

 

No sé si este continuo machacar me habría colocado a la respetable altura del herrero de Fuentes, de quien se dice que de tanto machacar se le olvidó el oficio (…).

 

Movido por la curiosidad de lo ocurrido al herrero de Fuentes (a quien sin

fundamento lo hice natural y vecino del cercano pueblo de Fuentes de Andalucía), inmediatamente consulté el libro “El porqué de los dichos” (Iribarren, 1954: 462) en donde se nos relata la historia que a continuación transcribo:

 

Este dicho moteja de torpe en grado sumo a la persona que cuanto más se ejercita en una faena, acaba por desempeñarla peor (Fuentes de la Alcarria es un pueblo perteneciente a Guadalajara).

 

Pero hecha esta aclaración acerca del origen del herrero, el texto de Iribarren

continúa proporcionándonos más información respecto al dicho:

 

El dicho varía de personaje según las regiones. Unas veces lo aplican al herrero de Mazariegos (Palencia), y otras, al de Quintanapalla (Burgos) o al de Yanguas (Segovia).

 

Por último, “El porqué de los dichos” nos advierte de lo siguiente:

 

Parecido al dicho de “El herrero de Fuentes” es el de “El tamborilero de Bodonal” (Badajoz) que tocando, tocando, se le olvidó tocar.

 

Y otra información más nos proporciona Iribarren sobre herreros, aunque ésta con diferente argumento:

 

La justicia de Almudévar (Huesca): páguelo el que no lo deba.

 

Este último refrán solo se entiende si se sabe que al herrero de Almudévar, tras haberse comprobado que mató a su mujer, le fue perdonada la vida, al ser el único del pueblo con esa profesión, imprescindible en el medio rural. En su lugar fue ejecutado un tejedor de los muchos que había en Almudévar, por lo que su desaparición pasó inadvertida para los campesinos.

            Espoleado por los buenos resultados de “El porqué de los dichos”, consulté también el “Refranero General e Ideológico Español” (1989) y el “Diccionario de la Lengua Española” (2014), en los que nada hallé sobre ningún herrero de Fuentes de ningún sitio.

            Interesante, pues, la historia de herreros a la que don Manuel Ostos y Ostos recurrió en sus “Alfajores de Écija”, un libro excepcionalmente rico en información histórica diversa y en toda clase de expresiones populares.

 

Francisco Martínez Calle.

 

 

 

Posted On 22 May 2018

Campanas al vuelo el próximo 21 de Abril.- Juan Méndez Varo

 

En el transcurso de la XXXVI Reunión de Asociaciones y entidades culturales en defensa del Patrimonio, celebrada en Málaga del 25 al 28 del pasado mes de mayo, Hispania Nostra se dio a conocer una de sus propuestas para celebrar el Año Europeo del Patrimonio Cultural 2018: “que todas las campanas Europeas de toque manual suenen a la vez en un día y hora determinados”.

Por otra parte el Senado aprobó (13 de junio de 2017) una moción conjunta de varios grupos parlamentarios por el que se declara el toque de campanas tradicional como Bien de Interés Cultural Inmaterial (BIC)

El toque manual de campanas del proximo 21 de abril será el comienzo de un proceso al que seguirán el inventario de las torres, las campanas/carillones y los campaneros/carillonistas que practican el toque manual en España y en Europa. Esa documentación constituirá la base documental para solicitar a la UNESCO que se reconozca el toque de campanas como Patrimonio Cultural inmaterial de la Humanidad, actividad con la que nos proponemos poner el broche al Año Europeo del Patrimonio Cultural.

No podemos pasar por alto estas dos iniciativas, en Écija, pues cuenta con uno de los mejores conjuntos de campanarios de España y con una importante nómina de campanas. Los repiques siempre han sido una gran sinfonía de bronces, aunque lamentablemente hoy venidos a menos debido a la electrificación de las campanas. La modernidad ha suprimido la mano de obra de los campaneros, en aras de la comodidad y la economía de las parroquias con motores que mediante pulsadores hacen girar las campanas, pero su mecanización ha supuesto, en cambio, que sus toques sean monótonos, sin ritmo ni compás. La electrificación de los campanarios ecijanos durante estos últimos años, como digo, ha supuesto un duro golpe a la belleza de la ejecución de los repiques al perder su musicalidad, al igual que se pierde la posibilidad de combinar ritmos, resonancias y fuerza, ya que cuando se tocaban a brazo era posible regular estos factores. Ya no es posible conjugar el volteo de las “medianas”, “esquila” y “esquilón” con el ritmo acompasado con la “gorda” que no es de volteo. Hacer el “trían” y finalizar con el “sino” bueno; tocar las calendas o concluir con los diez golpes de ritual. Y ni mucho menos dejar la campana “muda”, para lo cual todos los campaneros se reunían en la de mejor tono y, aunando esfuerzo, tiraban de la cuerda que les tensaba “el guía” para conseguir que la velocidad apagara su sonido y que volviera suave, muy suave, hasta alcanzar la explosión de júbilo y alegría que aquella campana podía transmitir y de esta forma llegar a todos los confines de la ciudad. Y es que en Écija siempre hubo gran afición a repicar. Era frecuente ver en tiempos pasados voltear abrazados a la campana por la parte exterior de la torre, en un desafío de equilibrio. Adultos y jóvenes, a las órdenes del campanero oficial de la iglesia, participaban en algo que se ha venido en llamar el arte de voltear las campanas. Arte que, en nuestra población, se ha mantenido durante muchos siglos, toda vez que atesora como preciadas joyas magníficas campanas en cada una de sus once torres maravillosas”. No hay que olvidar que las parroquias tenían sus propios campaneros, que eran ministros de la iglesia. Su dedicación era plena, es decir, las veinticuatro horas del día y, precisamente por esa dedicación, se les daba vivienda, que preferentemente estaba situada a los pies de la torre. Los campaneros titulares no sólo tenían la misión de ejecutar los toques, que tienen su encanto y riesgo, sino también su conservación: engrase de sus ejes, verificando todas sus piezas, y restaurando, cuando el tiempo lo precisaba, los antiguos yugos de encinas. Trabajo que requería profesionalidad y garantía, principalmente, en la fijación de los badajos que van cogidos con pellejo de yerga de toro y asegurados a su vez, con una cuerda que actúa de “chivato”. Operación que se debe realizar, como menos, cada cinco años. Era evidente pues la importancia de esta profesión dentro de las actividades parroquiales.

Recuérdese también cómo el boato de los oficios religiosos, entierros, funerales, bodas, etc. lo daban los toques de campanas. De ahí que las parroquias les asignaran un salario equiparable a los organistas y sólo superado por el crucero y el sochantre.

Si tomamos como referencia el año 1837 y, en el caso de la Parroquia de Santa Cruz, los salarios de los ministros de esta iglesia eran los siguientes: Sochantre 400 reales, más 100 que percibían como gratificación por enseñar la doctrina y cantar las calendas; sacristán menor 350; pertiguero 200; crucero 600 y campaneros 400. Pero no siempre se les abonaba en metálico a estos ministros. Al campanero oficial de la Parroquia de Santa Cruz, Pablo Jaén, se le satisfacía su salario con 12 fanegas de trigo y cuatro fanegas de especies y, el resto, en dinero.

Hay que resaltar la especial dedicación del campanero de la Iglesia de Santa Cruz, en el que se unían la pericia y el sentido artístico en el tocar las campanas, sino la atención del reloj de la torre, circunstancia que le hacía uno de los mejor pagados.

No se puede olvidar también que era el único oficio que podía ejercer la mujer dentro de las tareas auxiliares de la iglesia. Recordamos a este respecto cómo en las de Santa María y Santa Cruz, los últimos campaneros fueron mujeres: y que, al fallecer éstas, se extinguieron estas plazas, ocupándolas los sacristanes respectivos, auxiliados por jóvenes aficionados.

Hasta fechas recientes, en los campanarios se venían efectuando tradicionalmente una serie de toques, según las horas y solemnidades del día, bajo la dirección del campanero oficial. Estos toques, entre otros, eran los siguientes: Ángelus, Medio día., Vísperas, Oración. Ánimas (último toque en recuerdo de los difuntos).Calendas (Navidad y titular de la parroquia). Misas (3 llamadas). Viático (salida del Santísimo para los enfermos). Agonía (para recordar a los fieles la obligación de rogar por el difunto). Repiques de 40 horas.

Repiques del Alba (6 mañana).Repiques del Titular y fiestas solemnes. Dobles de primera Dobles de segunda Dobles de tercera Dobles de cuarta

Matraca (sólo el Viernes Santo).Avisos (fuego en la feligresía, a acólitos, cabildo, etc).

El repique general que más campaneros concentraba en una torre era el de las 40 horas y el día de la patrona de la ciudad. Estos se iniciaban con el toque de las 11:30 y a continuación en el de las 12:00, que era ya repique general; con “sino” parado. A las 3:00 se volvía a repicar pero esta vez sólo con las campanas pequeñas o esquilas.

Otro toque peculiar en la ciudad eran los de calendas. Éste se ejecutaba con las campanas que no eran de volteo. En el caso de la torre de Santiago, con la “Gorda’ y la “Mediana’. Se iniciaba con toque muy suave, casi imperceptible hasta llegar a la máxima intensidad que el campanero podía imprimir, para, desde ese punto, reducir el ritmo paulatinamente hasta que se iniciaba el repique general en el que participaban, según los casos, entre 10 y 15 personas.

 

LOS CAMPANARIOS ECIJANOS SEGÚN SUS CAMPANAS.

 

CAMPANAS EN LAS ONCE TORRES

 

Santa Cruz………………………………. 9

Las Gemelas……………………………..0

Ntra Sra. del Carmen………………. 2

Santo Domingo………………………..3

Santa Ana……………………………….. 4

Santa María…………………………… 10

La Victoria……………………………..… 1

Santiago el Mayor……………………. 6

San Gil……………………………………….5

San Juan Bautista……………………   8

TOTAL                                               48

 

CAMPANAS EN ESPADAÑAS

 

Rurales                                           10

Urbanas                                         33

 

RESUMEN DE CAMPANAS.

Campanas en espadañas Rústicas 10

Campanas en espadañas Urbanas 33

Campanas en Torres                         48

Otras                                                       4

Total de campanas en Écija             95

 

En el Museo Arqueológico de la Parroquia de Santa María se encuentra expuesta la famosa campana verde, del siglo XV, que tiene el interés de reproducir el Pendón de Écija.

 

Por lo expuesto los ecijanos tenemos que sumarnos a esta iniciativa y echar las campanas al vuelo.

 

Juan Méndez Varo. Secretario de la Asociación Amigos de Écija

Posted On 16 Abr 2018

DESDE UN LUGAR DE MALLORCA.- HOMENAJE A JOSÉ A. MÁRQUEZ SELFA.- José Calderón Barrios

Todo se debe a que leí, no ha mucho, el comentario de un libro titulado “Cuatro mendrugos de pan”, escritos por una mujer, Magda Hollander-Lafon, que pudo escapar con vida de un campo de concentración, el de Auschwitz. Su madre y su hermana de once años habían sido gaseadas en un horno crematorio, ella pudo escapar, con picaresca, pues en vez de 16 contestó que tenía 18 años. Antes, su padre, resistente húngaro, había sido asesinado también por los nazis. Ella cuenta: “Un día vi a una mujer en la puerta del barracón tendida en el suelo, moribunda, me hizo un gesto para que me acercara. Me dijo con mucha dificultad que yo, que era joven, contara al mundo lo que estaba sucediendo allí, y abriendo sus manos me entregó cuatro trozos de pan, con moho. ¡Cómetelos! -me dijo- Para mí fue un banquete”.

Juan Liébanes Márquez llegó al pueblo con los 11 años, con su familia, buscando la sombra del tío Gerardo; procedían de Martín de la Jara. Al bajarse del camión cargado de muebles lo primero que preguntó fue que dónde había un maizal. Este detalle lo retuvo J.J.C. Siria, que a pesar de su corta edad ya apuntaba a filósofo existencialista. En una situación de subsistencia nadie hace preguntas trascendentes, como de dónde venimos o adónde vamos, nadie se pregunta dónde está, sino… Qué hay de comer.

Yo, también junto a mi familia, llegué un día procedente del “Recreo”, una finca a diez km de la Luisiana y a cinco de Écija, donde estuvimos un tiempo de caseros B. Había sido una mala experiencia, veníamos bizcos de hambre, o sea, nos veíamos unos a otros dobles. Volvimos gracias a la generosidad de Pedro Robles Ranea que nos instaló en su casilla de campo, en medio de olivos. El Creador del mundo derrama su maná de muchas formas; la tierra es fecunda y generosa, pero la posguerra fue larga y cruel, había más días que olla.

LA TARDE… Una tarde tensa y pesada como una piedra de molino. Quizá, a últimos de noviembre, segundo año de sequía; las nubes amagaban pero no descargaban; nubes ruidosas, parecía que alguien estuviera moviendo muebles en el cielo. Sobre las cinco de la tarde, la hora en que los toros son atravesados por el acero, la hora en que, en los cañaverales, las pipitas chanqueras eran derribadas por tirachinos.

Una voz lúgubre, acompasada, como un lamento, suena en el espacio, la del Marrón, pregonando castañas de la sierra y nueces mollares. Y aullidos de perros, los del padre de los Chirriquis, desde los altos del ayuntamiento.

Estamos sentados en el suelo, Juanito y yo, en la puerta de la tienda de la Adriana; el suelo asfaltado y la pared protegida por un zócalo oscuro y liso; allí, respaldados, los niños contábamos cuentos, chistes, historias de miedo. Como en las casas no había sofás… Creo que, inconscientes, estábamos vaticinando la sala de estar con televisor. Pasaban mujeres, vulnerables, inseguras, humildes, con delantal oscuro, raído, como el vestido; con moño retorcido, pegado a la nuca. Con cesta de tomiza, colgándole del brazo, buscando tienda que les fie dos kilos de papas, dos cebollas, una cartillera de sucedáneo de azafrán. El pitraco gratuito estaba casi asegurado en la carnicería de Carmen la Morala, para alimentar a los niños que han dejado solos, esperando, abriendo la boca como gorrioncillos hambrientos. Alguna con un niño que le tira del delantal para que lo coja en brazos. Otras, después de haber recorrido “los altares”, vuelven a su casa con la cesta vacía, desesperadas, deseando que se abra la tierra y se las trague, con cesta incluida. Mujeres sin futuro. Las que aspiran a algo están despatarradas delante de un brasero de picón, cosiendo, cantando, tosiendo, inhalando hollín, todo a la vez.

Tarde desapacible, plomiza, de caras largas y buches vacíos. Algún que otro niño pasa de prisa, con una botella con cuarto y mitad de aceite de borra, tatareando algún cántico popular: “Ya se murió el borrico que acarreaba el vinagre, ya se lo llevó Dios de esta vida miserable, que tururururú, que tururururú.

Protesta el cielo con ruidos atronadores. Desde un lugar preferente, en el paramento frontal de la Iglesia, luce un cuadro de cerámica, donde la virgen del Escapulario mira hacia abajo, con lágrimas en los ojos, posiblemente, porque no ve cristianos beligerantes. Y sigue ejecutándose la triste sinfonía, la composición sin pentagrama, la danza de las cestas vacías, los niños que lloran, con boqueras, recolgados de sus madres. El pregón rítmico de castañas y nueces, los famélicos galgos de los chirriquis, ladrando, reclamando justicia y pan. Los raquíticos y sedientos arbolitos de la plaza que tiemblan sacudidos por el aire que, de pronto, sopla enfurecido en todas direcciones.

Allí, apoyados en la pared, confundíamos el bramar de la tormenta estéril con el clamor d nuestras tripas. De pronto, Juanito pareció que viera el cielo abierto; su primo hermano, José Antonio, primogénito de la familia Márquez Selfa, venía a jugar en la plaza, o a oír historias para no dormir. Juan se puso en pie y apresurado le rogó: Entra en la tienda de tu abuela y tráenos algo. Dudando unos segundos, respondió -pero qué traigo. –Algarrobas, garbanzos, higos secos… lo que pilles, lo que sea, pero pronto. Empezó a andar retraído, dudando. Al poco se presentó con las manos vacías. –Pero qué ha pasado. – Hay mucha gente… – pero, ¡aprovecha un descuido!- José Antonio, a su manera quiso decir: Ahí dentro hay ojos interesados que miran a todas partes. Se produjo un momento de silencio, de desesperanza. Pero añadió: lo único que he visto son unos cachos de pan, pero están durísimos, si queréis… Un adverbio de afirmación retumbó a duo en la plaza, – ¡Sí…! Cuando salió con el pan, las nubes tronaron como si cantaran bingo, y nuestras mandíbulas empezaron a batir.

Gracias, José Antonio, porque no fue sólo una vez que nos ayudaste. Y es que, a pesar de tu corta edad, ya llevabas impreso ese sello genético de bondad, nobleza y carácter que imprime la marca “Selfa”.

¿Qué sacamos de aquellos tiempos, de aquella lamentable y lejana situación? Fuerza no, pero sí fortaleza, esa virtud cardinal que da capacidad para aguantar el sufrimiento y soportar la adversidad. Deberíamos advertir a las nuevas generaciones que el odio arruina y destruye a los hombres, que éstos, en la guerra, se vuelven fieras. Digámosle a nuestros nietos lo que vimos y sufrimos, aunque no nos oigan… porque están ahítos.

José Antonio, de mayor, gracias a tu esfuerzo, triunfaste en la vida y en el comercio. Te hiciste a ti mismo. Un “Self-made man”, un hombre de valía, hábil, de éxito.

Un abrazo mío. Y, dondequiera que esté, seguro que te envía otro más fuerte tu primo Juan. Más de una vez, entre él y yo, comentamos este acontecimiento del “pan de piedra”.

J. Calderón

Posted On 06 Abr 2018

HABLAR POR HABLAR.- QUE CONSTE QUE NO SOY SUPERSTICIOSA… .- Francisco Martínez Calle

Hacía en Écija una mañana templada y luminosa, propia de un día de primavera, por lo que decidí darle un paseo a mi perro, siempre necesitado de ejercicio. Ya en la calle, Teresa, mujer amable y de franca sonrisa, llamó mi atención cuando vi que se resistía a pasar por debajo de la escalera de un operario de telefonía, afanado en instalar unos cables en la fachada de un edificio. Teresa, tras realizar un rodeo a la escalera del telefonista, me dijo con total espontaneidad al cruzarnos en la acera:

            -Yo, que conste que no soy supersticiosa, pero hay cosas que nunca las hago.

            Luego, más relajada, me explicó que para ella, pasar por debajo de una escalera, supersticiones aparte, implica la posibilidad de que esta resbale, que se le caiga  una herramienta al operario, que se desprenda un trozo de mampostería de la pared…

            -Llevas razón en lo que dices, Teresa  –convine con ella, y continué mi paseo.

Me recordó entonces esta situación de la escalera aquella anécdota que se cuenta de un afamado cantaor flamenco, ocurrida al final de una de sus actuaciones:

-Maestro, ahora una petenera… -le pidió uno de los asistentes.

            -Eso sí que no, que yo no canto una petenera por “na der mundo” –le respondió, enérgico, el artista-. Y no es que yo crea en esas cosas, pero por si acaso…

La reacción de nuestro  cantaor fue la misma que la de aquel otro señor, gallego él, que tras negar rotundamente la existencia de las meigas (‘brujas’),  añadió con total seriedad y ningún impedimento:

-Pero haberlas haylas, que quede claro.

Ya de vuelta en casa, solo por curiosidad, consulto el refranero español con el fin de ver cómo enfoca este extenso compendio de sabiduría popular la oposición entre los que niegan por completo el fundamento de las supersticiones y los que, a pies juntillas, creen en ellas.

El Refranero General Ideológico del Español (1993), en el apartado supersticiones, registra un total de noventa y seis entradas, de las cuales podemos extraer, como más significativas, las siguientes enseñanzas:

  1. Las referencias a las brujas y supersticiones han sido una constante en

nuestra sociedad, desde tiempos inmemoriales:

 

 Ni pueblo sin brujas, ni hervor sin burbujas, ni cesta de brevas sin papandujas.

 

  1. Igualmente ha sido una constante la animosidad social contra brujas y

supersticiones, a pesar de contar estas con innumerables seguidores :

 

A brujas y hechiceros, fuego en ellos.

 

  1. Los que creen en las supersticiones piensan que estas pueden afectar

no solo a las personas, sino a los animales  y a las cosas también:

 

 Hombre de verrugas, hombre de fortuna,

Matar un gato es mal presagio,

 Semana Santa en marzo, año bellaco; en abril, año gentil.

 

  1. Los que, por el contrario, no creen en las supersticiones porque piensan que

carecen totalmente de fundamento:

El  mal agüero del espejo roto es que hay que comprar otro.

 

            En definitiva, y volviendo a lo que iba, con independencia de las enseñanzas del refranero acerca de las supersticiones, creo que está más que justificada la actuación de Teresa, al negarse a pasar por debajo de la escalera. Con esa sencilla precaución nos demostró a todos los allí presentes que el comportamiento de las personas sensatas debe estar regido no por lo que digan unas u otras supersticiones, sino por el convencimiento de que es preferible no correr ningún riesgo, por alejado que parezca, si es posible evitarlo.

 

 

Francisco Martínez Calle.

Posted On 06 Abr 2018

HABLAR POR HABLAR.- GANAR EN LOS CORNIJALES.- Francisco Martínez Calle

Mi buen amigo Jesús es hombre comedido, prudente y muy amable, al que conozco desde hace muchas excursiones al norte de España. Cuando en alguna ocasión nos hemos reunido para tratar cualquier asunto, Jesús solo interviene si es para sugerir un nuevo enfoque o apuntar una solución diferente, siempre cargada de enorme sentido común.

            Pues una mañana de finales del tórrido mes de julio pasado, hallándonos de viaje por tierras de Zarauz (Guipúzcoa), cuando aún no era la hora del alba y un poco antes de iniciar el regreso a la calurosa Écija, coincidí con Jesús en el salón del hotel destinado a alojar las maletas de los pasajeros, mientras estos tomaban el desayuno. Allí, en ese salón, entre las conversaciones de los que buscaban el lugar más adecuado para depositar su equipaje, oigo a Jesús que con su característica calma, aunque no exenta de firmeza, responde al comentario, tal vez impertinente, de otro excursionista:

            -Pues a mí, ni ahora que ya soy mayor ni antes, que era joven, nunca me ha ganado nadie en los cornijales.

            Interesado por la expresión que había utilizado Jesús, espero el momento oportuno para dirigirme a él:

            -¿Qué es eso, Jesús, de “ganar en los cornijales”.

            -Hombre, pues eso es muy sencillo –me responde, satisfecho, por haber captado mi atención-. Mira, Paco, en el campo, los cornijales son los finales de las besanas, en los que por su estrechez e incomodidad, resulta muy difícil ejecutar la labor tanto a las yuntas como a los yunteros que las dirigen.

            Está claro que Jesús, al hablar de los cornijales, ha querido comparar las dificultades que estos representan para los trabajadores del campo con la incomodidad de un viaje de más de 50 personas, de una semana de duración, tras haber recorrido más de 1000 Km. y haber visitado cuantas iglesias, palacios y monumentos se han puesto a su alcance.

            -Pues sí, Paco –continúa Jesús-, yo, donde quiera que he estado, he tratado siempre de cumplir con todas mis obligaciones, por desagradables que hayan sido.

            -Te creo, Jesús.

            -Por eso, mientras pueda, trataré de ser tan puntual como el primero. ¿Entiendes ahora por qué he dicho eso de los cornijales al señor del comentario?

            -Lo entiendo perfectamente, Jesús; pero comprenderás mi extrañeza, por no ser hoy muy frecuente el uso de la palabra “cornijal” y, menos aún, la locución “ganar en los cornijales”.

No habíamos acabado la conversación cuando, súbitamente, aumenta el número de viajeros que van y vienen haciendo observaciones variadas acerca de lo intempestivo del horario y la ubicación del autobús. Al mismo tiempo, se difunde entre el grupo la noticia de que en ese momento llueve en Zarauz con cierta intensidad. Alguien, entonces, deja caer que en Écija, apenas ha amanecido y ya están a 27 grados.

Con la llegada de la claridad del día, aumenta el nerviosismo, se producen las últimas carreras previas al viaje, se eleva el tono de voz de los viajeros; se generaliza el ruido metálico de las ruedas de las maletas…

Mientras Pepe, nuestro experimentado conductor, carga ordenadamente los equipajes, los viajeros ocupan sus puestos en el autobús, ya fijados desde el primer día. En seguida, tras la orden de Ricardo y los breves acelerones de rigor, el autobús, con decisión, abandona el aparcamiento del hotel camino del convento de Santo Domingo de Silos, para mí, motivo más que suficiente para justificar la excursión.

El monasterio de Silos, perdido en mitad de un valle despoblado, además de cuna de la lengua castellana y excelsa representación del estilo románico, es silencio reconfortante, tiempo ordenado, meditación profunda, pulcritud generalizada… Y es también un esbelto ciprés, sigiloso y centenario, símbolo de la mucha espiritualidad del lugar.

Sobre este ciprés, el poeta Gerardo Diego compuso en 1924 un hermosísimo soneto cuyo primer verso dice así:

Enhiesto surtidor de sombra y sueño…

 

Transcurre un largo y cansado día y diez horas más tarde, ya en Écija, me despido de Jesús:

-Que nada nos impida viajar el año que viene, amigo Jesús, porque viajar merece la pena.

-Desde luego, amigo Paco. Y no olvides lo que hemos hablado: mientras pueda, yo procuraré ganar en los cornijales, como tengo por costumbre.

                                                                                  Francisco Martínez Calle

 

Posted On 20 Dic 2017

Los Toque de campanas tradicionales, declarados BIC .- Juan Méndez Varo

En el transcurso de la XXXVI Reunión de Asociaciones y entidades culturales en defensa del Patrimonio, celebrada en Málaga del 25 al 28 del pasado mes de mayo, Hispania Nostra se dio a conocer una de sus propuestas para celebrar el Año Europeo del Patrimonio Cultural 2018: “que todas las campanas Europeas de toque manual suenen a la vez en un día y hora determinados”.

Las campanas son los instrumentos más antiguos que tenemos y conservan su sonoridad originaria. Tienen un lenguaje propio, civil y religioso, reglado por la tradición y recogido en libros que interpretan los campaneros. Campanas y campanarios con formas y repiques propios según las zonas, es un Patrimonio compartido con la mayoría de los países europeos y americanos.

Por otra parte el Senado aprobó (13 de junio de 2017) una moción conjunta de varios grupos parlamentarios por el que se declara el toque de campanas tradicional como Bien de Interés Cultural Inmaterial (BIC)

No podemos pasar por alto estas dos iniciativas en una ciudad como es Écija, con uno de los mejores conjuntos de campanarios de España y con una importante nómina de campanas. Los repiques en Écija siempre han sido una gran sinfonía de bronces, aunque lamentablemente hoy venidos a menos debido a la electrificación de las campanas. La modernidad ha suprimido la mano de obra de los campaneros, en aras de la comodidad y la economía de las parroquias con motores que mediante pulsadores hacen girar las campanas, pero su mecanización ha supuesto, en cambio, que sus toques sean monótonos, sin ritmo ni compás. La electrificación de los campanarios ecijanos durante estos últimos años, como digo, ha supuesto un duro golpe a la belleza de la ejecución de los repiques al perder su musicalidad, al igual que se pierde la posibilidad de combinar ritmos, resonancias y fuerza, ya que cuando se tocaban a brazo era posible regular estos factores. Ya no es posible conjugar el volteo de las “medianas”, “esquila” y “esquilón” con el ritmo acompasado con la “gorda” que no es de volteo. Hacer el “trían” y finalizar con el “sino” bueno; tocar las calendas o concluir con los diez golpes de ritual. Y ni mucho menos dejar la campana “muda”, para lo cual todos los campaneros se reunían en la de mejor tono y, aunando esfuerzo, tiraban de la cuerda que les tensaba “el guía” para conseguir que la velocidad apagara su sonido y que volviera suave, muy suave, hasta alcanzar la explosión de júbilo y alegría que aquella campana podía transmitir y de esta forma llegar a todos los confines de la ciudad. Y es que en Écija siempre hubo gran afición a repicar. Era frecuente ver en tiempos pasados voltear abrazados a la campana por la parte exterior de la torre, en un desafío de equilibrio. Adultos y jóvenes, a las órdenes del campanero oficial de la iglesia, participaban en algo que se ha venido en llamar el arte de voltear las campanas. Arte que, en nuestra población, se ha mantenido durante muchos siglos, toda vez que atesora como preciadas joyas magníficas campanas en cada una de sus once torres maravillosas”. No hay que olvidar que las parroquias tenían sus propios campaneros, que eran ministros de la iglesia. Su dedicación era plena, es decir, las veinticuatro horas del día y, precisamente por esa dedicación, se les daba vivienda, que preferentemente estaba situada a los pies de la torre. Los campaneros titulares no sólo tenían la misión de ejecutar los toques, que tienen su encanto y riesgo, sino también su conservación: engrase de sus ejes, verificando todas sus piezas, y restaurando, cuando el tiempo lo precisaba, los antiguos yugos de encinas. Trabajo que requería profesionalidad y garantía, principalmente, en la fijación de los badajos que van cogidos con pellejo de yerga de toro y asegurados a su vez, con una cuerda que actúa de “chivato”. Operación que se debe realizar, como menos, cada cinco años. Era evidente pues la importancia de esta profesión dentro de las actividades parroquiales.

Recuérdese también cómo el boato de los oficios religiosos, entierros, funerales, bodas, etc. lo daban las campanas. De ahí que las parroquias les asignaran un salario equiparable a los organistas y sólo superado por el crucero y el sochantre.

Si tomamos como referencia el año 1837 y, en el caso de la Parroquia de Santa Cruz, los salarios de los ministros de esta iglesia eran los siguientes: Sochantre 400 reales, más 100 que percibían como gratificación por enseñar la doctrina y cantar las calendas; sacristán menor 350; pertiguero 200; crucero 600 y campaneros 400. Pero no siempre se les abonaba en metálico a estos ministros. Al campanero oficial de la Parroquia de Santa Cruz, Pablo Jaén, se le satisfacía su salario con 12 fanegas de trigo y cuatro fanegas de especies y, el resto, en dinero.

Hay que resaltar la especial dedicación del campanero de la Iglesia de Santa Cruz, en el que se unían la pericia y el sentido artístico en el tocar las campanas, sino la atención del reloj de la torre, circunstancia que le hacía uno de los mejor pagados.

No se puede olvidar también que era el único oficio que podía ejercer la mujer dentro de las tareas auxiliares de la iglesia. Recordamos a este respecto cómo en las de Santa María y Santa Cruz, los últimos campaneros fueron mujeres: y que, al fallecer éstas, se extinguieron estas plazas, ocupándolas los sacristanes respectivos, auxiliados por jóvenes aficionados

Hasta fechas recientes, en los campanarios se venían efectuando tradicionalmente una serie de toques, según las horas y solemnidades del día, bajo la dirección del campanero oficial. Estos toques, entre otros, eran los siguientes: Ángelus, Medio día., Vísperas, Oración. Ánimas (último toque en recuerdo de los difuntos).Calendas (Navidad y titular de la parroquia). Misas (3 llamadas). Viático (salida del Santísimo para los enfermos). Agonía (para recordar a los fieles la obligación de rogar por el difunto). Repiques de 40 horas.

Repiques del Alba (6 mañana).Repiques del Titular y fiestas solemnes. Dobles de primera Dobles de segunda Dobles de tercera Dobles de cuarta

Matraca (sólo el Viernes Santo).Avisos (fuego en la feligresía, a acólitos, cabildo, etc).

El repique general que más campaneros concentraba en una torre era el de las 40 horas. Estos se iniciaban con el toque de las 11:30 y a continuación en el de las 12:00, que era ya repique general; con “sino” parado. A las 3:00 se volvía a repicar pero esta vez sólo con las campanas pequeñas o esquilas.

Otro toque peculiar en la ciudad eran los de calendas. Éste se ejecutaba con las campanas que no eran de volteo. En el caso de la torre de Santiago, con la “Gorda’ y la “Mediana’. Se iniciaba con toque muy suave, casi imperceptible hasta llegar a la máxima intensidad que el campanero podía imprimir, para, desde ese punto, reducir el ritmo paulatinamente hasta que se iniciaba el repique general en el que participaban, según los casos, entre 10 y 15 personas.

LOS CAMPANARIOS ECIJANOS SEGÚN SUS CAMPANAS.

I.- CAMPANAS EN ESPADAÑAS

  1. a) Rurales                                           10
  2. b) urbanas                                         33

II.- CAMPANAS EN TORRES.

Santa Cruz ………………………………. 9

Las Gemelas…………………………… .0

Ntra Sra. del Carmen ………………… 2

Santo Domingo …………………….     3

Santa Ana …………………..                4

Santa María ……………………         10

La Victoria…………………………         1

Santiago el Mayor …………….          6

San Gil ……………………………….       5

San Juan Bautista……………………… 8

TOTAL                                                 48

RESUMEN DE CAMPANAS.

Campanas en espadañas Rústicas 10

Campanas en espadañas Urbanas    33

Campanas en Torres                         48

Otras                                                       4

Total de campanas en Ecija             95

La Iglesia de San Fulgencio de la pedanía de Villanueva del Rey, no tiene espadaña pero sí una pequeña campana. Se encuentra colocada en una estructura metálica adosada al costado del edificio.

En el Museo Arqueológico de Santa María se encuentra expuesta la famosa campana verde, del siglo XV, que tiene el interés de reproducir el Pendón de Écija.

 

Posted On 20 Dic 2017

El Arte de Convivir. Por Marta Martínez. Propósitos que llenan el Alma

Un año más, llegados a estas fechas de Navidad, volvemos la mirada atrás, observamos cómo ha ido el año, todo lo que nos ha pasado, lo que hemos vivido y sentido e intentamos corregir, modificar e incluso aceptar aquellos aspectos que nos gustaron menos, que vimos como dificultades, que nos sirvieron, una vez más, para evolucionar en nuestro crecimiento personal. Y AGRADECIDA, constantemente y en todo momento, a la vida, por darme la oportunidad de vivirla y sentirla.
Mis propósitos son sencillos y los tengo presente cada día de mi vida, aquí te los presento en forma de árbol de Navidad para desearte unas FELICES FIESTAS.

AMA
CANTA
SONRIE
CELEBRA
ENAMÓRATE
DISFRUTA CADA DÍA
PERDONA, OLVIDA Y ACEPTA
FLUYE
VIVE
Gracias por compartir estos momentos conmigo!

Posted On 18 Dic 2017

140 años del nacimiento del “Bizco Pardal” por Juan Méndez Varo

El célebre cómico  José García, popularmente conocido por el “El Bizco Pardal”, natural de Écija y conocido por sus chascarrillos que le reportaron fama mundial, nació el 9 de septiembre de 1877 en la calle Molero, nº 5. Fue bautizado en la Iglesia Parroquial de Santa Cruz, a pesar de que otras versiones lo hacían natural de Sevilla.Pruebas documentales no dejan lugar a dudas de su nacimiento en la ciudad del Sol.

            Sí es cierto que “EL Bizco Pardal” se marchó con sus padres y una hermana a Sevilla, donde vivió en la calle Oviedo, nº 9. Su padre trabajócomo zapatero, y su hermana, en la fábrica de tabaco. Por su parte, “El Bizco Pardal” no tuvo oficio concreto, aunque realizó múltiples actividades: repartidor de carne, becerrista, bailaor, cantaor, cómico de taberna, etc. Su principal ilusión, no  obstante,  era ser torero, pero no llegó a destacar.El don que lo hizo célebre fue su capacidad como cómico, ocupación a la que no se dedicó de manera profesional, sino de forma espontánea en reuniones de amigos.

Según contaba Francisco Vargas González, popularmente conocido como“El Chato de la Campanera”, “El bizco” pasaba temporadas en Écija, pernoctando en casa de una de sus hermanas. En losmeses que pasaba en la ciudad astigitana siempre estaba rodeado de muchos amigos, con frecuencia en los bares, ambientes en los que era conocido por sus chistes y por su genio alegre y desenvuelto.  “El Chato de la Campanera” recuerda que solía asistir a todos los velatorios de que los que tenía conocimiento, si bien lo echaban de muchos de ellos por los escándalos que formaba.

Fue el propio Francisco Vargas quien propuso al Ayuntamiento de Écija la colocación de una placa en el lugar de nacimiento del popular cómico, y que hoy se puede ver en la puerta de su casa natal. Sin embargo, no quedó ahí su empeño:también propuso que la calle donde nació, Moleros, fuese rotulada con el nombre de “Bizco Pardal”, y así se hizo.

Francisco Vargas González fue aún más lejos y durante varios años organizó varias verbenas en memoria del célebre cómico, concretamente en la popular Callejuela del Cojo. En dichas verbenas tuvieron cabida actuaciones de grupos de sevillanas, cantaores locales y cómicos, así como pruebas deportivas y recreativas.

Si bien no existía una comisión organizadora específica para estos eventos,Francisco Vargas siempre contó con apoyo de todos los vecinos, que se prestaban a exornar sus fachadas con macetas y colgaduras. Especial contribución fue también la de la Asociación de Amigos de Écija y los Ecijanos en Madrid.  La verbena se celebraba en la vía pública y los actos eran gratuitos,dado que los artistas colaboraban de manera desinteresada. En una de las verbenas se anunció la presencia de dos conocidos cómicos que no pudieron actuar. Una señora comenzó a protestar porque no se había cumplido la intervención de los humoristas,amenazando con formular una denuncia contra los organizadores.  Alguien le indicó que Francisco Vargas era el organizador y muy enojada se dirigió a él con sus airadas protestas. Al señor Vargas lo único que se le ocurrió fue contestar que se pasara, en vista de tal eventualidad, por la “ventanilla”, donde le devolverían el dinero que ella había pagado por su entrada.

Posted On 07 Sep 2017

HABLAR POR HABLAR.- CINLANGO, SINLANGO, CIRLANGO… .- Francisco Martínez Calle

En la página 58 de mi libro Compendio de léxico ecijano (2016), en el apartado “Vocablos actuales característicos de Écija”, aparece definida la palabra cinlango, en los siguientes términos:

Cilango. Masculino.  Miembro viril.

Luego, se ejemplifica su uso con el siguiente texto:

-Fulano no tiene un duro ni donde caerse muerto.

            -Por eso sus niños van siempre desnudos con el cinlango al aire.

            Debo aclarar que, si al final opté por cinlango, muchas veces estuve tentado a escribir otras formas sinónimas tales como sinlango, sirlango, cirlango, sinlargo…

            Ninguna de las personas consultadas en su momento acerca de la palabreja supo decirme ni cuál era su origen ni cuál su pronunciación más extendida. No obstante, todos, unánimemente,  coincidían, en su significado. Desde que tuve conocimiento del vocablo, he prestado mi mayor atención para averiguar algo más acerca de su naturaleza fonética, pero reconozco que, hasta ahora, poco o nada he progresado.

            Y así estaban las cosas, cuando no hace mucho tiempo, curioseando en Internet, me topé con la escritora mexicana Pilar Montes de Oca, acerca de la cual figuran dos artículos: “¿Qué comemos los chilangos?” (2015) y “El chilanganario” (2014). El primero está constituido por una amplia y pormenorizada relación de los  alimentos preferidos por los chilangos; y el segundo, de contenido más diverso, viene a ser un conjunto de informaciones relativas a los rasgos característicos de estos ciudadanos.

            Motivado por el hallazgo y pensando que cinlango y chilango fuera vocablos emparentados, dada su composición fonética, consulté el Diccionario de la Lengua Española (2014), donde solo habla de chilango (pero no de cinlango):

“Chilango. Adjetivo, coloquial. Natural del Distrito Federal en México. Úsase también como sustantivo.”

Tras comprobar que entre nuestro cinlango ecijano y el chilango mexicano no existía relación ninguna, salvo su parecido sonoro, mi gozo, como suele decirse, cayó en un pozo. En definitiva, estoy como al principio: varias pronunciaciones para un término de uso local, cilango, sin ninguna relación con otra palabra, chilango, desconocida por la lengua española.

            Como resultado de todo lo anterior, confieso que me encuentro derrotado, pero no vencido. Tengo la certeza moral de que todas las palabras tienen un origen, surgen por alguna razón y en algún momento son útiles en la sociedad en que, por primera vez, vieron la luz.

 En consecuencia, seguiré, ojo avizor, a la espera de que alguien, el día menos pensado, me saque de mi ignorancia.

 

Francisco Martínez Calle.

 

 

 

Posted On 25 May 2017