Es una enfermedad crónica y recurrente que se caracteriza por la búsqueda y el consumo de drogas. Hasta aquí, todos de acuerdo. Pero en aquellos años 40, 50 ó 60, las únicas drogas que no se reconocían como tal eran el alcohol, el tabaco y poco más, y que curiosamente por el mayor desconocimiento que había, no se consideraban precisamente como “drogas” sino más bien como simples vicios. “Ese está enviciao con el tabaco o el alcohol” se decía cuando alguien abusaba del trinque o del fumeque. Pero ¿qué es lo que realmente está pasando en esta sociedad moderna, alocada, desquiciada, confundida, conformista y adormecida que salimos a la calle para protestar por la mala situación en que se encuentra nuestro equipo de fútbol, por ejemplo, y no nos manifestamos por los graves acontecimientos que están ocurriendo en nuestro querido país, todavía llamado España? Con la mitad del gobierno y poderes públicos imputados en casos evidentes de corrupción según los autos de los jueces y por otra parte, con los precios de productos básicos como los alimentos y los combustibles por las mismísimas nubes sin motivos realmente justificados, aunque los dueños del planeta siempre lo achaquen a las guerras, esas guerras que ellos mismos provocan para hacerse cada día más ricos y poderosos, y ahí todos miramos hacia otro lado, además de obligarnos a observar día tras día cómo se degrada el normal funcionamiento de las instituciones sin rechistar ni molestar a los gobernantes.
¿Por qué ahora prácticamente todo lo que hacemos o tomamos se hace tan adictivo? Móvil, tv, radio, prensa digital -porque la de papel prácticamente no existe-, juegos de azar, información, desinformación, bulos, viajes, los “desayuning” en compañía, ya saben, esa costumbre moderna de desayunar y darle al palique,… Y es que cada vez más necesitamos aumentar la dosis de información. Queremos ser los primeros en enterarnos de todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Sin embargo, una adicción que era muy frecuente en mis años de vida laboral y de la que se hablaba mucho, además de que estaba muy mal vista, era la “adicción al trabajo”. Quizás la única que no era mala, de hecho, se decía y se tenía la convicción de que el trabajo era salud, aunque también los había que replicaban: “Po si el trabajo es salud, ¡viva la tuberculosis!”.
Menos mal que ahora tenemos una ministra de Trabajo (doña Yolanda) que acaba con el cuadro y dice que ella trabaja para que los españoles trabajen menos. ¡Mandeeee! Muchas veces me pregunto ante tanto desconcierto si somos más adictos porque somos más vulnerables, o somos más vulnerables porque somos más adictos. Ahí se lo dejo a los estudiosos del ramo por si nos pueden echar una mano y saber en un futuro lo que debemos hacer para no enloquecer más de lo que ya estamos, empezando por los jóvenes y terminando por los de mi generación con nuestras manías, chocheos y sobre todo con las poquitas neuronas que nos quedan, hechas polvo.
En invierno fueron los trenes de borrascas, ahora en verano son las olas y no precisamente de mar, sino de calor. Eso es lo que hay. Ustedes lo pasen bien y dejen si pueden de ser adictos.
