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COSAS QUE PASAN. Benditos bares (V). José de Pineda.

Y así, sin apenas darnos cuenta, se van dejando atrás tantas y tantas costumbres y maneras, como por ejemplo aquellos platillos redondos y ovalados blancos, llenos hasta la corcha de callos o carne con tomate. pepe pineda-00674Ahora han sido sustituidos por platos cuadrados o rectangulares de unos colores rarísimos, y que con tanta fusión y deconstrucción no sabes si lo que te han servido es una tapa o el postre, con tantas hojas y chorreones de reducción de P.X. como le ponen. Donde llegaba una tapa de huevos a la flamenca, una ternera a la jardinera o unos calamares a la riojana (por cierto, tapas desaparecidas del mapa culinario), que se quiten todos esos inventos. Al igual que el blanco impoluto del paño a modo de delantal, que utilizaban los taberneros, sustituidos por esos mandiles hasta el cuello de color negro o burdeos, y con el nombre del cocinero para que sepas como se llama y de paso hacerse publicidad gratuita. No, no es bueno que con el tiempo, se derrumben tantas costumbres y maneras.

Ahora con la entrada en vigor de la normativa de no poder poner encima del mostrador el tazón de las mantecas (colorá, blanca, con zurrapa), las latas de paté de todos los sabores, la terrina del tulipán y sobre todo, la alcuza de latón o cristal con el aceite de oliva ¿virgen?, se van a llevar por delante y de un plumazo toda una tradición y cultura del “desayuning”, (otro día escribiré sobre esto). Todo nos lo van a cambiar por una cosa a la que le llaman “monodosis”. ¿Mande? Sí, sí, tal como suena. Una capsula muy pequeñita con algo dentro, se acabó aquello de repellar el mollete con dos dedos de manteca, o ponerlo en remojo en aceite. Una monodosis de lo que quieras, pero eso, una sólo, que no hay ni para manchar la tostá. “Y con el resto del pan, ¿qué hacemos?”. Pues eso es lo hay.

Otra cosa que estamos perdiendo de vista en los bares son aquellas partidas de cartas como la brisca, el julepe, el subastado o el mismísimo giley y la madre que lo parió. También han desaparecido de las mesas de los bares las partidas de chamelo, correlativa, el mochuelo o el bicho que se montaban con los distintos juegos de  dominó. Creo que mucha culpa de todo esto ha sido la falta de convivencia que en estos tiempos hay en nuestros pueblos y el no saber aguantar al compañero cuando cometía algún desliz. Pero de lo que estoy totalmente convencido es que lo que le dio la puntilla a estos juegos fue… el euro. Sí, el euro. Antes se pagaba a peseta o como mucho a duro el tanto según la partida, pero claro, llegó la jodida moneda europea y entre que muchos no entendían la equivalencia y había mucha desconfianza de lo que al final se tendría que pagar, se optó por dejar de lado estos juegos y echarle mano al socorrido y facilón mau.

CONTINUARÁ.

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