Ahora que llega el verano, y con él, esas noches de sopor absoluto y casi insoportables por las persistentes temperaturas que soportamos tanto diurnas como nocturnas no dándonos una tregua ni de madrugada, qué bien nos vendría a todos poder asistir a una sesión en un cine de verano de aquellos que disfrutábamos en los años 60 ó 70, y así poder quitarnos por unas horas de ver esa tediosa, repetitiva y yo añadiría, perjudicial para nuestro cuerpo y mente, televisión que nos invade con las malas noticias del día y sus programas de auténtica basura.
Y ya caída la noche, poder asistir a la sesión diaria del cine Avenida de la empresa Sanjuán o al Andalucía del querido y recordado operador Manuel Castro. Todo esto si tu madre te podía facilitar las tres o cuatro pesetas que costaba la entrada. Estábamos los que teníamos la suerte de haber sido elegidos por el encargado de uno de los locales para realizar todo el trabajo logístico que conllevaba la puesta en escena, en este caso en pantalla, de la película del día. Una de las tareas era recoger, de la improvisada parada del autobús de las empresas Soto o Alsina que lo traía de la capital, el pesadísimo saco de loneta que contenía los siete u ocho rollos protegidos en unas relucientes cajas de hojalata para su mejor conservación y previamente sellado para que no hubiera manipulación de la cinta. Era tal la experiencia que teníamos en tal menester que solo con ver la cantidad de rollos que venían en el saco, sabíamos si la película era buena o mala; casi siempre acertábamos, otro día les contaré el truco.
Una vez colocado el saco en la cabina de proyección, trabajo que había que realizarlo entre los dos o tres “operarios” que componíamos la plantilla, debido sobre todo a la altura en que se encontraba la sala de máquinas, había que pintar las distintas pizarras que luego colgábamos en los sitios más transitados y visibles del pueblo para su mejor publicidad, con el título correspondiente, así como el nombre del director, actores principales y hora de la función. Conservo algunas fotos en las que aparecen dichas pizarras y otras en las que aparece una “burra”. Pero eso será si Dios quiere en una próxima entrega, ya que hoy me he emocionado y se me ha ido la “película al cielo”.