Hay que ver qué tiempos más malos nos está tocando vivir. Esto ya no es lo que era ni muchísimo menos. Cuando no es la covid, es la ómicron y cuando no, ya se inventarán otra, que la primera vino de la China, esta viene de Sudáfrica, en estos momentos estamos inmersos en una preocupante y pertinaz sequía, y así, desgracia sobre desgracia.
Ahora son los precios. ¿Los precios de qué, joé? Pues qué precios van a ser, los precios de todo: la luz, el gas, la gasolina, el gasoil y si las energías suben, sube todo. No hay día que mi querida esposa regrese a casa después de hacer la compra y no venga despotricando de lo caro y malo que está todo lo que trae en el carrito, y cuando digo todo, digo todo. Parece que los fabricantes y comerciantes en general, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid (es un dicho) quisieran recuperar en dos días y aprovechando la paguita extra de Navidad, lo que dejaron de ingresar durante la pandemia. Y es que te pones a pensar y ha subido todo, tenga o no que ver con las energéticas. Menos los sueldos y las pensiones, todo. Que cada uno eche sus cuentas y lo comprobarán.
Sabe Dios lo que puede pasar mañana. Y lo que pasa realmente mañana es que viene enero con tó sus… cuentas y las consabidas rebajas para terminar de esquilmar los pobres bolsillos vacíos remendados de sueños y buenas intenciones que nos dejaron las “entrañables fiestas”.
Quisiera recordar a algunos progres para que no se les olvide, que lo que realmente celebramos en estos días es eso, la Natividad de Jesús, no el solsticio de invierno ni el consumo desmesurado, ni las fiestas de la vendimia,… eso son solo cuentos chinos y sudafricanos para amargarnos a los creyentes la fecha más importante de nuestro calendario litúrgico.
Pase lo que pase, yo sí les deseo de todo corazón a todos, todas y todes los que lean esta humilde columna y a los que no también, una muy Feliz Natividad y un próspero Año Nuevo, aunque esto último sinceramente, lo veo un poco más difícil. FELIZ NAVIDAD.