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COSAS QUE PASAN | LLOVER A CÁNTAROS | José de Pineda

      Tú y yo, muchacho, estamos hechos de nubes.

      ¿Pero quién nos ata?

       Dame la mano y vamos a sentarnos

       Bajo cualquier estatua. Bajo cualquier estatua. 

      Que es tiempo de vivir y de soñar y de creer.

      Tiene que llover, tiene que llover, tiene que llover,

      Tiene que llover a cántaros.

     Así comienza una canción que el cantautor extremeño Pablo Guerrero grabó en 1972 que se titula “A cántaros” y que como casi todo, está en Google o Youtube, por si alguien la quiere escuchar. Pues ahora habría que escribir otra canción cuya letra en vez de decir a cántaros, dijera que está lloviendo a “Cisternas de 10.000 litros”. ¡Qué barbaridad y qué manera más bárbara de caer agua, oiga! Parece que no ha llovido nunca. Con que ganas cae la bendita agua cuando menos te lo esperas, joé. Parece que estamos todavía en el febrerillo el loco, que lo mismo sale el sol y a los diez minutos cae lo que no está en los escritos, y así llevamos prácticamente todo febrero y lo que va de marzo. Además, como decían los antiguos: con las “aguaeras puestas”. Cada vez que el Astro Rey nos da una mínima tregua decimos: ¡ea, ya se fue el temporal!

     Y como ahora a estas borrascas le ponen nombre, pues detrás de Nuria viene Martinho, Oliver, Pauline, Rüdiger (como el futbolista del Real Madrid). Salma, ahora se nos ha ido Laurence y así una detrás de otra. Y es que yo no sé exactamente cuánto llovió cuando enterraron a “Bigotes” como dice el refrán, pero es que ahora está lloviendo lo más grande como dicen algunos.

     Tengo un amigo un poco exagerado que dice que tiene ya tanta humedad en la casa, que por las paredes y techos le salen truchas y ya que están allí, las prepara para la cena. No hay mal que por bien no venga.

      Ocurre también que ya no estábamos acostumbrados a estos periodos tan largos de lluvias, sobre todo la gente joven. Por mi edad, recuerdo los años 50, 60 y 70 que en estas fechas de invierno se tiraba dos o tres meses seguidos lloviendo y aquello sí que era realmente un drama en todos los aspectos. Todo era muy precario, pero sobre todo las viviendas, que se llovían como un colador. De ahí que un vecino del pueblo que tenía el suelo de la casa lleno de cacharros para que las goteras no inundaran la habitación y que con tanta humedad agarró tal resfriado nasal que fue al médico para que le recetara algún remedio. Después de auscultarlo, don José que así se llamaba el doctor, con una enorme retranca le dijo: te voy a mandar unas gotas. El pobre hombre saltó de la silla como un cohete y exclamó: Por Dios, don José, no me mande usted más gotas. Mándeme mejor “cacharros, más cacharros”.

      Me extraña ya, que a estas alturas del temporal los estadísticos de la estadística no estén publicando datos y más datos, casi todos a conveniencia del que manda, diciéndonos desde cuándo y no sé donde, no llovía de esta manera.

     De todas formas, debemos estar agradecidos por estas benditas lluvias que la Providencia nos regala, ya que es muchísimo mejor hablar de la lluvia, que no de sequía, a pesar de todos los inconvenientes.

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