Se va a hacer muy difícil la convivencia en un mundo donde debido a las mentiras que nos invaden, nadie se va a fiar de nadie; y cuando digo nadie, digo nadie. Unas veces por error, otras por omisión y otras intencionadamente, la verdad es que aquí y ahora la mentira se ha instalado muy peligrosamente en nuestra sociedad, y estas prácticas torticeras e indecentes cuestan mucho erradicarlas.
Podría escribir catorce artículos haciendo una relación detallada de la cantidad de falacias y embustes que este malgobierno que padecemos nos ha dispensado durante este larguísimo periodo de confinamiento y lo que te rondaré morena, hasta que todo esto termine, si es que termina de una puñetera vez. Que esa es otra.
La mentira y el engaño, aparte de ser primos hermanos, van constantemente de la mano, y desde un político pasando por la policía y demás fuerzas de seguridad del Estado, abogados, periodistas, banqueros, empresarios, jueces, fiscales, gente con sotanas y así hasta el infinito, nos engañan inmisericordemente. El panadero, pescadero, carnicero, frutero, churrero, tabernero y hasta los fabricantes de productos de limpieza, que tanto utilizamos estos días, como la lejía, el aguafuerte y hasta el fairy, vienen todos adulterados y muchísimo más…carillos como las más…carillas de los chinos. Si alguien nota que me olvidé de alguna actividad, de los que nos mienten y nos engañan, les agradeceré me lo hagan notar por si hay ocasión de enumerarlas.
Anda que como se ponga de moda esto de mentir y además mentir compulsivamente como hacen los de este gobierno bicéfalo que padecemos, vamos apañados. Es increíble pero me parece que no se libra ningún miembro de este disparatado y enorme grupo de ministros, ministras y ministres, por cierto, el más numeroso de nuestra historia democrática y total para qué. Bueno, yo sí sé para qué. De momento han colocado a toda la familia directa, indirecta, amigos y amigas, medio pensionistas, militares sin graduación y otros en la reserva y así hasta completar esa enorme legión que pagamos todos con nuestros cada vez más insoportables y altos impuestos.
Con respecto a esa mal llamada “nueva normalidad” porque si es nueva, no es normal, y si es normal no es nueva, una cosa tengo muy clara: el ser humano no está capacitado para estar toda su vida pendiente de un virus y además, no hay cuerpo que lo resista como lo de los cien años. Así es.