El tema del agua siempre fue complejo y polémico, de ahí la importancia y la razón que tenía aquel que por primera vez dijo: Nunca llueve a gusto de todos. Y es que a lo tonto a lo tonto desde diciembre hasta nuestros días llevan caídos en nuestras despobladas molleras más de quinientos litros, que son muchos litros. Todo esto a pesar de que los expertos, otra vez los expertos, predijeran un otoño e invierno cálido y seco; pues menos mal que si no… Y es que esta gente últimamente falla más que el CIS de Tezanos o que la mismísima escopeta del “melillero” por poner un ejemplo. Tengo un amigo, Fernando se llama, empresario autodidacta, sin ningún tipo de máster ni falta que le ha hecho, que lo mismo te arregla un pinchazo que te repara un motor y que como agricultor no lo hace nada mal. Pues hace unos meses cuando empezaron estas persistentes, cansinas y necesarias lluvias, me dijo que estábamos inmersos en el ciclo natural de las “siete lunas”, o como dice el refrán: “La luna de octubre, siete lunas cubre”, que significa que si en la luna llena de octubre llueve, y llovió, tenemos por delante nada más y nada menos que agua hasta el mismísimo mes de abril. Sí, ese de las aguas mil. Lo que yo no sé es donde van a traer las nubes tanta agua, joé.
Pues todo esto vendrá a completar el cuadro que nos dejan esos embalses aliviándose, los campos de olivos y naranjos anegados, muchos de ellos sin recolectar, los sembrados de otoño que parecen campos de arroz, las vías de tren y las carreteras hechas unos zorros, los caminos rurales intransitables, y mientras el personal de a pie, pidiéndole a san Pedro que por favor cierre el grifo por lo menos hasta el otoño que viene si Dios quiere y que ustedes lo pasen bien, como se decía antiguamente.
Porque hay que ver que con esto de la tecnología y la madre que la parió, nos tiramos todo el santo día con el jodido móvil en la mano para ver qué tiempo nos va a hacer a cada segundo, los litros que caerán, y la velocidad del viento que traerá la próxima borrasca y además, no se equivoca el jodío.
Y es que nos estamos malacostumbrando con tantas zonas de confort, tanta tecnología y todo nos viene mal. La lluvia, la sequía, el viento, el calor, todo nos molesta y como dijo el poeta: “No quiero que te vayas, ni que te quedes, ni que me dejes solo ni que me lleves, quiero tan sólo, no quiero nada… lo quiero todo”. Y asina es, lo queremos todo.
Pues detrás de Joseph y Kristin, llega Leonardo y no precisamente Da Vinci con sus inventos y teorías, si no que viene con las mismas intenciones de un tigre enjaulado. Por eso el otro día otro amigo me dijo que a ver si a la próxima borrasca le ponían Macarena, para que en vez de agua y viento nos trajera alegría y cosas buenas ¡aaaaayyyy!
Y es que como decía al principio… nunca llueve a gusto de todos.
