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COSAS QUE PASAN | UNA DE DIOS | José de Pineda

En mi último artículo escribí sobre “oscuridades”, un tema éste, que a la mayoría de la gente no nos gusta en demasía que nos lo recuerden, pero que desgraciadamente visto lo que estamos viendo, la cosa no pinta nada bien. Ayer mismo el exjefe del Estado de EE.UU. en Europa decía: “Somos unos ingenuos si creemos que la guerra nunca tocará España”. Y yo me pregunté: ¿qué guerra, joé? Si estamos rodeados de todo tipo de guerras… Empezando por las bélicas y de poder, no hace falta enumerarlas, por las guerras comerciales entre potencias para vendernos lo que toque en cada momento, por la de las familias, por las religiosas, por las guerras frías, en fin, la lista se haría interminable.

Pero hoy mi artículo como se puede apreciar en el título, va en otra dirección bien distinta, aunque tampoco se libra de las oscuridades que padecemos. Un asunto éste, tabú para la mayoría y que como bien dijo Cervantes en boca de don Quijote: “Con la Iglesia hemos topado, querido Sancho”. Y es que la gente últimamente para justificar su total y absoluto alejamiento, falta de fe, de creencias y de compromiso con la religión católica, y que en vez de hacérselo mirar, recapacitar y ver a qué se debe ese cambio tan repentino del comportamiento de personas que de una forma u otra, más mal que bien, cumplían con las normas de la santa madre iglesia, ahora sin querer queriendo y por lo bajini, no sólo critican sino que además quieren imponer sus propias normas, culpando de toda esta situación a los curas. ¿Mandeee? O sea, que si la gente ahora no se casa por la Iglesia y no bautiza a los hijos, por ejemplo, es porque el cura cobra muy caro y les pone muchos impedimentos, ¿no? De ahí que en la actualidad haya muchos más casamientos por lo civil, pero claro, luego viene eso de: “Se casaron por lo civil y se separaron por lo criminal”. Y si para hacer la primera comunión el niño, la niña o el niñe no quieren asistir a las clases de catequesis y prepararse medianamente para recibir como Dios manda (nunca mejor dicho) el santísimo Sacramento, la culpa… la culpa la tiene el cura, como queriendo descargar torticeramente su conciencia con su absoluto desconocimiento de las normas religiosas y así culpar a la Iglesia de todos los males que desgraciadamente padece.

De todo este tema quien mejor y más sabiamente nos ilustraría, sería nuestro querido y admirado amigo José Calderón en su “Desde un lugar de Mallorca”, por sus amplios conocimientos en teología, su pertenencia durante muchos años a Vida Creciente ayudando a los más necesitados, sin pedir nada a cambio, pero sobre todo, por su cercanía con Dios, sin olvidarnos naturalmente de nuestros amigos sacerdotes más cercanos como don Fernando y don Quiterio que a pesar de su avanzada edad y ante la falta de sustitutos, ahí siguen como buenamente pueden haciendo camino. Y yo me pregunto: Y cuando ya no tengamos curas, ¿a quién le echaremos la culpa?

  ¡Ah! Y rompiendo una lanza en favor de los nuevos ateos y agnósticos: Yo no cobraría nada por administrar sacramentos, para así no contribuir con esta crisis de fe que padecemos y evitar así que se juntasen el hambre con las ganas de comer… a Dios.

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