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COSAS QUE PASAN | UNA DE DOS… | José de Pineda

En una ocasión, un hombre desesperado exclamó:

-¡Qué vida tan diferente la suya y la mía, señor presidente!

Pues eso mismo estamos exclamando millones de criaturitas (como decía don Manuel, el del Betis) en estos precisos y delicados momentos que estamos padeciendo. Y como dice el título de esta columna: o los políticos profesionales se dan cuenta de la extrema situación en la que vive esta España nuestra, motivada principalmente por el excesivo gasto público que nos cuesta mantener tantos ministerios y organismos innecesarios con toda la pléyade de asesores y amiguetes enchufados, o el día menos pensado se forma la de Dios es Cristo.

  No seré el que empiece a enumerar detalladamente la cantidad de millones que se nos va en cada Ministerio en sueldos y todo lo que le cuelga, porque nos perderíamos entre tantas cifras, que cada uno tire de su proveedor preferido y eche las cuentas de la vieja. Solo voy a dar un dato: El Ministerio de Igualdad, que quiere decir que da igual que esté o no esté y que el impresentable Iglesias creó para colocar a su compañera y esta a su vez a sus amigos, amigas y amigues, tiene un presupuesto de mil novecientos millones de “leuros”, multipliquen por veintiséis y ya verán. Pues eso.

Está claro que no hay que ser un experto en economía para saber que jamás los gastos deben superar los ingresos y ahí es a donde quiero llegar. A estos políticos modernos se les cae la boca a cada momento repitiendo como cacatúas chochas, eso tan manido y socorrido en elecciones de que hay que “repartir las riquezas” ¿mande? Pues venga, vamos a empezar por ahí, vamos a pedirles a nuestros políticos que equiparen los sueldos y las pensiones que cobran ellos con los que cobramos nosotros. Como eso me parece va a ser que no, le hacemos otra propuesta: que se bajen sus emolumentos hasta compararlos con los nuestros, o todos moros o todos cristianos. Este es uno de los principales motivos por lo que no bajan los impuestos, necesitan todo lo que nos roban para ellos vivir como dios. Luego viene el ministro de turno y nos dice que para ahorrar, no encendamos la calefacción y vayamos en bici. Y digo yo: si producir petróleo, gas o electricidad no cuesta más, ¿por qué nos suben el precio al doble? Dicen que por la guerra de Ucrania, ahora la subida del aceite de oliva, por ejemplo, la tiene la guerra… Yo no sabía que el aceite de oliva venía de allí.

     Y por si fuera poco con lo que tenemos encima, ahora viene la borrasca o dana Celia, cargadita de polvitos que dicen que vienen del Sáhara. ¿Del Sáhara o de Rusia? Y la poca agua que cayó nos la gastamos en limpiar las calles y los coches. ¡Manda huevos! Y para completar el cuadro, la huelga de transportistas con más razones que un santo, nos dejan prácticamente sin leche pescado o pollo y como ya dije en Navidad, pollo el que se va formar como esto no acabe pronto.

Alguien dijo no hace mucho que los malos gobernantes son elegidos por los buenos ciudadanos que no votan. Pues ya saben.

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