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DESDE UN LUGAR DE MALLORCA | VENDRÁN DÍAS… (XI) | José Calderón Barrios

Cuando yo era pobre me parecía que nunca tendría que morir. Ahora, ya nonagenario, con tres intervenciones cardíacas, siento que la hermana muerte, la Parca, se pasea a lo largo de mi calle, mirando hacia arriba, al piso donde vivo. Este mide 90 metros cuadrados, aproximadamente; desde la fachada a la galería, 36 pasos longitudinales que más de una vez he recorrido con orgullo: ¡mi pisooo, mi casaaa, mi Yooo! Hasta que he visto que solo soy administrador, colono; que nada es nuestro, que todo es de Dios. Mis herederos llevan tiempo haciendo planes. Prácticamente el piso ya no es mío… Con la importancia que yo me daba paseando desde la fachada hasta la galería, a esa edad que porque poseas un piso de tres habitaciones y un Seat-600 descapotable te crees que el mundo es tuyo. El mundo no es de nadie, ni el dinero público. El mundo es una multitud que grita pidiendo auxilio.
El insigne Ortega y Gasset, filósofo y escritor, espíritu frustrado de la segunda república, veía el mundo como una ingente multitud donde predominaba el mal…¡A Barrabás, a Barrabás! Así que en un momento pesimista se le escapó esta frase: «El hombre no es cosa ninguna, sino un drama». Publicó un libro que puso a pensar a medio mundo: «La rebelión de las masas». Analiza el resurgimiento del hombre masa, un individuo que se diluye en la multitud, se conforma con ser igual a todos, carece de idea alguna y se cree con derechos sin asumir responsabilidades, lo que amenaza a la civilización y a la cultura. Ortega argumenta que la civilización es un logro de las minorías selectas, y el resto, por los campos… Rebuscando garbanzos.
El mundo se hunde, sobre todo el de los viejos; yo, como me voy acercando a mi dos de noviembre -el día de mañana ya está aquí, todo ha sido un ayer que pasó-. Ya no ordeno con facilidad mis ideas, ni veo bien, ni oigo, ni mastico, ni rememoro; a menudo tengo que consultar el diccionario para ver si es uve o bé, con hache o sin, etc. Voy desapareciendo poco a poco. Recuerdo haber leído algo sobre sufismo, la vida preterrenal, doctrina religiosa mahometana. Un ángel toca la frente del bebé que tiene que venir a este mundo, y le ordena: «Olvida todo lo que sabes». El misticismo musulmán nace del temor al futuro.
Actualmente, vivimos en un medio confuso, borroso, en tierra de mortales sombras. Todo ensombrecido, donde se oyen ruidos de guerras, de cantos desentonados y gritos: «¡Sin Dios se vive mejor!».
En Génesis, 4, 26, a Set, hijo de Adán, le nace un hijo, Enós, este observaba que vivía en una sociedad corrupta, rodeado de canallas. Fue el primero que elevó sus brazos al cielo pidiendo ayuda. Sus paisanos le persiguieron a muerte. ¡Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso!
El mundo está lleno de locos, pero locos locos, de esos que no se toman ni las pastillas prescritas. Lokilandia progresa adecuadamente. Los espíritus inmundos vuelan sobre nuestras cabezas, dispuestos a descomponerlo todo… Incluso a destruir la casa de Dios.
Oímos ruidos y rumores de guerras porque habitamos en un planeta lleno de dioses falsos… nosotros mismos (estoy sorprendido de los giros y aplicaciones prácticas que le doy a los puntos suspensivos). Baleares es la segunda autonomía con más multas por cada km de carretera. Tráfico sanciona en las islas una media aritmética diaria de 15 conductores drogados, borrachos o deprimidos. La depresión es causa de pérdida de interés y pensamientos de autolesión y suicidio. A la víctima de este trastorno le gusta estar en la playa mirando al horizonte lejano, a esa línea en que parece que el cielo y la tierra se juntan, y es que el primer deseo del deprimido es desaparecer.
En el siglo XVII, Pedro Calderón de la Barca escribe «La vida es sueño», el gran drama filosófico del barroco español. La moraleja del libro reza así: «La vida terrenal, comparada con la vida después de la muerte es solo un breve sueño». El príncipe Segismundo, entre trono y mazmorra, exclama: «Y en el mundo en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende». Vivir sólo es soñar. Lo que percibimos solo es un sueño, la vida humana solo sirve de preparación para el más allá.
En el zoológico humano hay algunos que aman a Dios y no lo saben. A propósito, ¿te acuerdas del monísimo niño…? ¡Sí, hombre! El que surgió de la noche negra, con un melón.
Pues actualmente ya es un viejo senil; y yo apostaría que si alguien, algún paisano, le diera un tortazo él tendría el aplomo, el estoicismo, las agallas de poner la otra mejilla. Yo lo presencié cuando éramos niños, y en vez de buscar una piedra por el suelo (como haría cualquier contemporáneo) él quedó inerte, imperturbable, mirando pacíficamente al ofensor.
Dios nos ha creado de barro, pero yo creo que a algunos los ha creado utilizando madera, pero madera fina, como se emplea en ebanistería, madera de boj. Yo, por mi parte, estoy haciendo un cursillo para morirme mejor. Para cubrir gastos he recibido una oferta de mi banco: 5.000 euros, todo incluido, pero el otro día de madrugada, oyendo la radio, hacían otra oferta interesante: 4.500 euros y además, regalaban una peluca, escogiendo el color del pelo, más una túnica con el color de tu equipo de fútbol para llevarla puesta el día «D». Si me permiten presentarme ante la divina presencia del Hacedor del mundo, tengo preparado un saludo en arameo: «Abba, Adonay, todá rabá, todá rabá» (Padre, Señor, muchas gracias, muchas gracias). Yo lo que temo es sufrir la experiencia terrible de la catalepsia -resucitar después de muerto-. Yo preferiría la incineración, a lo bestia, como en el infierno de Dante. Mi cuerpo ha dado ya 90 vueltas al sol, instalado en el planeta Tierra, y eso marea.
Al amanecer, cuando la luz empieza a romper las sombras de la noche se oyó una voz de ultratumba en la cama del enfermo: «Olvida lo que sabes, pues te llevo a un país donde todo empieza de cero». A media mañana, las campanas doblaban a muerto. Un repelús recorría las calles del pueblo… el miedo a no existir.

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