– Las nubes tapan el sol pero también traen la lluvia. Una desgracia trae consigo, a veces, un beneficio, ya lo veremos.
Tres meses más tarde, la yegua regresó con un magnifico semental salvaje, caracoleando junto a ella. Estaba preñada. Los vecinos cuando se enteraron fueron a felicitar al campesino por tener un pensamiento tan positivo.
– ¡Pierdes uno y ahora tienes tres!
Y el campesino añadió de nuevo:
– Las nubes traen la lluvia nutricia y a veces la tormenta devastadora. La desgracia se esconde en los pliegues de la felicidad. Esperemos.
El hijo único del campesino domó al fogoso semental y se aficionó a montarlo. No tardó en caerse y poco le faltó para romperse el cuello pero salió del paso una pierna rota.
A los vecinos, que venían de nuevo para cantar sus penas, el filósofo campesino les respondió:
– ¿Calamidad o bendición? Quien puede saberlo. Los cambios no tienen fin.
Unos días más tarde se decretó una guerra contra los mongoles. Todos los jóvenes válidos partieron al combate y muy pocos regresaron a casa. Pero el hijo único del campesino, gracias a su pierna rota, se libró de la enorme masacre”.
Y es que los cuentos responden siempre a nuestras preguntas, dudas, necesidades,… Conocen la melodía de nuestro corazón.
¡¡Gracias por compartir estos momentos conmigo!!