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HABLAR POR HABLAR.- SOBRE CARCUNDIA Y TÉRMINOS SIMILARES.- FRANCISCO MARTÍNEZ CALLE

En el periódico Viva. El periódico de Écija, don Manuel Rodríguez, un periodista amigo mío, en su artículo “Instrucciones para un expolio”, de 20 de marzo de 2015, utilizó el término carcunda. Sorprendido por el vocablo, por mí nunca oído,  trato de inmediato de averiguar algo acerca de él. El diccionario académico, (DRAE, 2001), lo define así:

“Carcunda: (Del gallego portugués carcunda, designación de los absolutistas en las luchas políticas portuguesas de principios del siglo XIX): Adjetivo despectivo,  carlista y, por extensión, persona de actitudes retrógradas. Úsase también como sustantivo”.

Pero una vez satisfecha mi curiosidad sobre carcunda, me quedaba  la duda acerca de cuál sería su relación con carcundia, palabra fonéticamente muy próxima a la anterior y que, casualmente, sí me sonaba. Y como esta última no figura en los diccionarios al uso, recurro a la enciclopedia Wikipedia donde efectivamente aparece la definición de carcundia, muy parecida a la de carcunda,  y, además, añade otras interesantes informaciones que sintetizo:

“En lugar de carcundia se suele utilizar carca, que es la forma sincopada”.

 “Carcundia se aplicaba de forma extensiva en el siglo XIX a cualquier actitud política retrógrada o reaccionaria e incluso conservadora”.

“Es similar al término trabucaire (‘clérigo armado con un trabuco’)”.

“En el siglo XX, en el periodo de entreguerras (1918-1939), era equivalente a facha”.

Pues, aun tratándose de modestísimos descubrimientos léxicos, no puedo evitar el sentimiento de satisfacción al constatar, primero, la identidad de significados entre carcunda y carcundia; y, segundo, la equivalencia entre ambos términos y trabucaire, carca  y facha, estos últimos más usuales, aunque todos por igual  de carácter netamente despectivo.

Hablar (y escribir) bien nunca fue fácil; pero tenemos la obligación de intentarlo. Para ello, nada mejor que empezar por conocer lo mejor posible el léxico de la lengua española y, luego, usarlo con la debida propiedad, como el buen uso nos demanda.

Agradezco, pues, a mi amigo Manuel Rodríguez el empleo, en su artículo del pasado marzo, del término carcunda, ya que con ello ha suscitado mi curiosidad por dicho  vocablo y, de paso, me ha enriquecido con el conocimiento de otros términos sinónimos, algunos de pleno uso en la actualidad.

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