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HABLAR POR HABLAR | DE ESTA AGUA Y DETRÁS DE MÍ | Francisco Martínez Calle

Desde el día 29 de octubre pasado hasta la fecha de hoy por desgracia, he visto desde diferentes canales de televisión los infinitos daños que ha causado esta última DANA en tierras de Cataluña, Valencia, Albacete y, también, algunas provincias de Andalucía. Sin duda alguna, una desgracia de consecuencias incalculables, desde cualquier punto de vista que se analicen los hechos acaecidos. Pero al tiempo que veía los reportajes de los damnificados, he tenido que sufrir otra calamidad, no del mismo calibre que las producidas por las lluvias torrenciales, pero sí muy desagradable, como es el mal uso reiterado que se hace de la lengua española por parte de algunos periodistas. Jamás me atrevería yo, sin que se me dieran cartas en el asunto, a llamar la atención a nadie por muchos errores lingüísticos que le oyera; menos aún, si me consta su falta de formación gramatical. Pero a los periodistas, personas bien formadas y profesionales de la información, es decir, adiestrados en el uso correcto y apropiado de la lengua, no tengo más remedio que hacerlo, porque lo tienen bien merecido. Me refiero concretamente a expresiones repetidas hasta la saciedad en sus crónicas, como las siguientes: este agua ha causado…, todo ese agua proviene…, en este área el tránsito es imposible…

El agua y el área, señores periodistas, son nombres pertenecientes al género femenino, por lo que deben ir concertados con adjetivos determinativos y adjetivos calificativos en femenino: agua clara, área extensa…Ahora bien, cuando los nombres femeninos comienzan por una a tónica(acentuada fonéticamente), como es el caso de agua, área, águila, acta… y van precedidas por el artículo determinado femenino singular, la, con el fin de evitar la1
cacofonía (mal sonido), el artículo femenino la se sustituye por el masculino el: la agua pasa a ser el agua; la área, se convierte en el área; la acta, en el acta… Pero solo el artículo la y solo cuando preceda al nombre femenino con a tónica o acentuada inicial. Por tanto, el cambio del artículo el por el artículo la será legítimo siempre que aparezcan dos aes tónicas y contiguas, como ya se ha dicho. De no ser así, el artículo que debe acompañar a esos nombres es siempre la: la clara agua, esta agua, la extensa área, esta área, la sencilla acta, esta acta…Pero no acaba mi sorpresa ahí, sino que, con la misma frecuencia, o casi, que aparece el vulgarismo anterior, he oído decir, sin pudor ninguno, lo siguiente: detrás mía podemos ver…, delante nuestra se encuentra… Si gran disparate era el anterior uso, no es menor este, donde debería decirse detrás de mí y delante de nosotros. Un adverbio de lugar como delante, detrás, cerca, lejos… puede ir acompañado de otro adverbio (aquí, detrás, bastante lejos, muy…), pero nunca del posesivo mía, tuya suya. Estoy seguro de que estas reflexiones las habrán hecho los alumnos de periodismo en sus clases de la facultad. Por favor, cumplan, pues, con los preceptos lingüísticos aprendidos y sean un ejemplo para sus espectadores, sobre todo, para los niños. Una lengua, en definitiva, es una convención social (un acuerdo colectivo), gracias a la cual aseguramos la comunicación entre sus hablantes.

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