Exponemos a continuación el repertorio constituido por las tres clases, donde el masculino figura en sentido genérico o epiceno, es decir, se refiere tanto al masculino como al femenino.
- Contienen el término hijo
Dentro de éstos tenemos: hijo chico (con referencia a lo pequeño por su capacidad de sugerir ternura), hijo de mi alma (hijo de lo más espiritual de cada madre), hijo de mis entrañas (hijo de lo más íntimo), hijo de mi vida (donde hijo y vida de la madre se identifican), hijo hermoso, hijo querido, hijo rico (de emotiva adjetivación) o, sencillamente, hijo mío (donde el posesivo mío aporta su más específica determinación, mostrando rotundamente la pertenencia del hijo).
- No contienen el término hijo
En el grupo de los que no contienen nombres de persona, sino otros de notable valoración personal o social, encontramos: alegría de mi casa (¿cabe mayor fortuna que la sencilla alegría hogareña?), amor mío, cariño mío (de profundo afecto), corazón mío, corazoncillo chico, cosilla guapa (todos de singular delicadeza), espejo para mis ojos, espejillo mío (con alusión a la belleza y quizá a la magia de los espejos), cielo, estrella, lucero, lucerillo, sol (preciosas metáforas creadas sobre la base de los cuerpos celestes) y entrañas mías y vida mía (muy similares al inicial hijo mío).
- Contienen algún tipo de comparación.
Finalmente, recogemos aquellos piropos en los que se establece algún tipo de comparación explícita entre las cualidades del hijo y otros seres (personas o bienes materiales) también estimados por la madre: la cosa más guapa de todas, lo más bonito de mi casa lo más bonito del mundo, más bueno que todos, lo más bueno que nace de madre, lo más grande del mundo entero, lo más guapo de mi casa, lo más lindo de España entera, lo mejor del mundo entero, lo más rico que pare madre, lo que yo más quiero de todo, lo que más quiero del mundo y el más grande para mis ojos (en este último en un ejercicio de modestia, la madre implícitamente acepta la posible exageración de las expresiones anteriores, pero sin renunciar a nada, porque así, al menos, lo ven sus ojos).
He aquí, pues, una relación de piropos o requiebros (con seguridad, incompleta), con que las madres andaluzas, y quizá de toda España, celebran la existencia de sus pequeños. Con ella hemos querido dejar constancia por escrito de alguna de las manifestaciones de la faceta más tierna del inagotable capítulo de la afectividad humana: el amor maternal, tan reducido en personajes (madre e hijo), como profundo en significados.
En cualquier caso, estas expresiones, breves de forma y densas de contenido emocional, sirven a las madres para expresar el inmenso amor que sienten por sus hijos, a los que quieren más, llegado el caso, que a sus propias vidas.