Acostumbrado a analizar las palabras que oigo, ya sea por su origen, su significado, sus componentes o su función gramatical, no hace mucho tiempo llamó mi atención el término vergonzudo, usado con el significado de ‘vergonzoso’, ‘respetuoso’, ‘tímido’…, por uno de los participantes en un programa vespertino de la televisión andaluza, dirigido por Juan Imedio.
Pero a pesar de esa aparente normalidad, el vocablo vergonzudo no lo registra ni el Diccionario de la lengua española (DEL, 2014), ni el Diccionario de uso de la lengua española (DULE, 1999), ni el Vocabulario andaluz (VA,1998), tres de los diccionarios más prestigiosos del español actual.
Así, pues, lo que en algunos lugares se dice con el vocablo vergonzudo, en el resto del mundo de habla española se dice mediante el empleo de vergonzoso (‘que causa vergüenza’). Si profundizamos en la búsqueda del origen de ambos términos y consultamos el Breve diccionario etimológico de la lengua española (1986), solo nos encontramos con el sustantivo vergüenza, palabra procedente de la latina v e r e c u n d i a (‘reserva’, ‘pudor’, ‘respeto’).
Y además de vergüenza, en el mismo diccionario, aparecen también, como derivados otro sustantivo: desvergüenza; tres adjetivos: vergonzante, desvergonzado y vergonzoso; dos verbos: avergonzar y desvergonzarse, y un nombre compuesto: sinvergüenza.
En definitiva, el término vergonzudo, usado por una participante en el citado programa andaluz es un vocablo de uso en su lugar de residencia, empleado con el mismo significado que vergonzoso, pero que no está registrado en los diccionarios de uso habitual, incluido el DEL o diccionario académico.
Una peculiaridad más que añadir al vocablo vergonzudo es que también pudiera tratarse de una creación propia del lugar donde reside la señora que hizo uso de él. De ser así, nos hallaríamos ante un vocablo autóctono, es decir, un localismo, para uso exclusivo de una determinada población.
Francisco Martínez Calle