Allá por los años sesenta del siglo XX, un grupo de jóvenes ecijanos acordó agruparse en torno a un centro cultural donde poder dar rienda suelta a sus inquietudes. Unas de las alternativas, por aquellos tiempos, eran los teleclubs que, auspiciados por el Ministerio de Información y Turismo, poblaron el territorio español. Fue tal el éxito de estos centros culturales que el vecino pueblo de Cañada Rosal incluso tiene una calle con el rótulo Teleclub, testimoniando así su gran labor.
El primer objetivo de aquel grupo de jóvenes fue contar con un local y lo lograron gracias a las gestiones llevadas a cabo por el párroco de Santa María don Esteban Santos Peña. Se trataba de unas dependencias contiguas nada menos que a un templo parroquial, a las antiguas instalaciones de Falange Española y al edificio del Juzgado de Primera Instancia. No importó que el inmueble estuviera en estado ruinoso o que careciera de corriente eléctrica y de agua. Todo era cuestión de ilusión y de trabajo altruista; lo demás ya llegaría. Cuando los jóvenes finalizaban sus estudios o sus respectivas tareas laborales se constituían en un perfecto equipo de trabajo, capaces de transformar las ruinas del edificio en un centro cultural. Se consiguió del Ministerio de Información y Turismo el reconocimiento oficial del Teleclub y también recibieron un televisor en blanco y negro y una biblioteca básica, cuya entrega se efectuó en un acto celebrado en un edificio de la Plaza del Duque, en Sevilla.
Rafael Armenta, primer presidente del Teleclub y Juan Méndez, socio
El centro cultural llegó a tener su propio medio escrito DRAGO, Organo informativo del Teleclub de Écija, que se editaba como espacio abierto para el diálogo y que se imprimía mediante una multicopista en el archivo de la Iglesia de San Juan. También contó con un grupo de teatro propio llamado Jarapo y con una obra escrita por uno de sus miembros, “El Perro del Hortelano”, relato directo, sencillo, interesante y popular. Los jóvenes actores del club, que actuaban con espontaneidad y sencillez, cosecharon un gran éxito no sólo en Écija, sino en otras poblaciones. Tener un medio escrito y un grupo de teatro no era fácil, dados los tiempos que corrían. Baste decir que había que comunicar a la guardia municipal la convocatoria de asambleas y reuniones, y que era preceptiva la entrega de un ejemplar de los folletos publicitarios en el puesto de guardia de los municipales, aunque estuvieran destinados a la difusión cultural. Además, había que conservar un ejemplar sellado en la secretaría del Teleclub.
Famosos fueron los bailes dominicales con conjuntos en vivo. Para su mejor desarrollo, la Junta Directiva distribuía,
Entre los grupos musicales ecijanos que surgieron por aquel entonces y que actuaron en el Teleclub destacaron Dakota, integrado por Antonio Chía (punteo), Jesús Chía Rodríguez (vocalista y guitarra rítmica), Antonio Sogel del Cid (batería) y Juan Martín Navarrete (bajo). Este grupo gozó de gran aceptación por parte de la juventud ecijana, Scouting, formado por Emilio Martín Guisado, Eduardo Hidalgo Romero, José Fuentes, Manolo Vargas y José Carmona. Estos grupos tanto como Los Piratas y Los Trampas, y los conjuntos de sevillanas Los Astigitanos y Los Del Valle, animaron las noches del Teleclub.
La siguiente foto corresponde a una Exposición de Novales que tuvo lugar y fue inaugurada por el poeta Manolo Mora, el Rvdo. Antonio Pérez Daza y el alcalde Joaquín de Soto.
