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LA FRAGUA. En Blanco y negro.- Juan Manuel Rivero

En blanco y negro, es como uno es capaz de inmortalizar esos recuerdos de antaño que vienen  a la mente a veces casi endemoniados, como queriendo endulzar la vida monótona y armonizar el sentido más sobrio con imágenes  vetustas y lejanas. Así es como recuerdo las calles de mi pueblo, empedradas, con esa dulzura vieja y latente de la cal, desparramada entre las ventanas pequeñas que dejaban entreoír la radio de aquellos que tenían la suerte de tenerla.

La hegemonía de los pueblos de antaño, siempre fue el silencio, y el rumor de pájaros que merodean entre arboles cercanos a las casas, y alguna fuente que dejaba gorjear el sonido de un cántaro al llenarse, dejándose llevar quien lo mantenía firme, en un recuerdo siempre melancólico, o quizás en un sueño anhelado de unos vientos de libertad mejores de los que se tenían, hasta que ve como el agua desborda la boca del barro enjugando la vasija liviana en un frescor impecable.

Por aquellos entonces, en que mi pueblo era un poema de Miguel Hernández , donde las cabras iban y venían pausadas y lentas camino de los pastos alborotando las ubres en una imagen de tristeza,  la llegada de la democracia había venido de la mano de la muerte de Franco por un lado, y del trabajo de un puñado de políticos lideradas por un hombre al que no se le esperaba por otro, y en el que el Rey confió para que la transición se llevara a cabo de la forma que hoy todos conocemos, cambiando todo el organigrama político de una dictadura, y rectificarlo hacia un estado de democracia, quitando elementos  de valor añejos y cambiando la situación de incertidumbre.

Los trabajadores de aquel pueblo de entonces, llenos de arcaicas arrugas, y de vivencias que no eran capaz de alterar el sentido emocional de un solo músculo de la cara,

 -excepto las del trabajo duro,- tenían encima la sinrazón desde siempre del fracaso laboral, la miseria del hombre de campo fue el estigma que marcaba las pautas de los habitantes  prácticamente  analfabetos de los lugares recónditos y lejanos a las ciudades. No había nada que un pueblo pudiera hacer para salir del estancamiento en el que estaba metido, y las únicas acciones más comunes de sus habitantes merecedoras de apremio y firmeza, era pasar por la plaza los bares y los lugares donde el capataz o encargado de las fincas solían ir y pedir un sitio en una cuadrilla.

Por aquellos días la escuela, lo más importante que ha tenido mi pueblo desde siempre, era el valor principal en el que los padres tenían para con sus hijos, pero además era la única forma desde donde se podía salir del pueblo y desde donde las metas que empezaban a discurrir para los estudiantes, tenían ya una posible salida que no fuese la del campo, cosa que no sucedió hasta muchos años después.

Por tanto,  la democracia constituida de manos del Rey y por Adolfo Suárez vino a dar  a los pueblos esa libertad que inquietamente habían estado buscando desde sus orígenes, y al mismo tiempo impuso un modelo de trabajo en los pueblos, en el que se requería la mano de obra de todos a partir de los dieciséis años, para cambiar desde la base mas estéril y menos reconocida, la realidad del país que quería que hubiese para todos.

La política que se dispuso en torno a la figura del presidente  Suárez, permitió que los pueblos estancados en una sinrazón laboral, empezaran a tomar consistencia en materia de trabajo para los jóvenes desempleados en torno a las labores del pueblo, donde se acometieron obras de rehabilitación. Las ideas políticas personales de los habitantes de los pueblos, llenas de un impedimento moral retenido desde la guerra civil que albergaba el miedo en todas las capas sociales, y que hacía que la política para ellos estuviese fuera de todo lugar, empezó a tener un ritmo mucho más enérgico, donde la liberación emocional surgió alentando a las personas a desarrollarse políticamente de una forma más enérgica y contundente.

EL aperturismo del que se hablaba en las ciudades y desde donde Suarez permitió esbozar una cadencia política diferente de la que realmente querían que se trazara con respecto a los partidos políticos, sirvió de igual manera en los pueblos, a que el desarrollo y el miedo pasasen a formar parte  de un pasado, desde que el Rey aquel día tres de Julio, le nombrase presidente del gobierno.

Hoy después de su muerte, se pueden decir muchas cosas del primer presidente de la democracia, pero quien las diga, debe tener la dignidad de hacerlo sabiendo que tripulo una nave enérgica y contundente con muchos problemas y con una España enfrentada aún en un cambio que solo se podría lograr hablando y entendiéndose de frente como el hizo.  Los demagogos hoy, que quieren hacer valer una perspectiva negativa de lo que creo Suárez, están condenados a ser victimas ellos mismos de una traición permanente contra su pueblo, porque quien cambio todo en España fue un falangista en el que el Rey creyó sin ningún tapujo.

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