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LA FRAGUA | SALIR DE ESPAÑA | Juan Manuel Rivero

Se preguntan las gentes hoy, que quién es capaz de poner el timón del barco perfilándolo en contra del viento para que siga avanzando, contra el viento, pero firme. El gobierno se desvía de todos los propósitos a los que tenía que poner acentos y tomar decisiones acertadas en política internacional y enmudece, y sus socios toman otras muy poco acertadas y las muestra a todos con una diligencia que nos deja atónicos. Los que dirigen el barco no tienen solución alguna si hay una vía de agua, y la hay, pero no quieren darse cuenta mientras estén poniendo la mano cada fin de mes. Este país está forzado a descarrilar en cualquier curva, dispuesto a encallar en cualquier bahía.

El gobierno no se ha manifestado ni a favor ni en contra de Edmundo González. El que calla otorga, y si el gobierno no quiere ser timonel de una Europa que está dispuesta a que España tome decisiones sobre Maduro y no lo hace, éste pierde la valentía democrática y deja de ser adalid de ella, acogiendo a un presidente que ganó las elecciones y tuvo que salir huyendo de Venezuela para salvarse, y considerando al mismo tiempo que Venezuela no es una dictadura porque su silencio los delata.

Un tío que cobra de los trabajadores, el secretario general de UGT va y se reúne con Puigdemont para pedirle que apoye la reducción de la jornada laboral en España, esto es de locos. A un tío que quiere romper España de punta a rabo y le importa un carajo las jornadas que tengamos en este país, como si no trabajamos y nos hundimos en la miseria, UGT va a babosearle saliendo de España a rogarle que apoye no sé qué en nombre de no sé quién, para una reducción de jornada laboral de media hora, a la que la vicepresidenta segunda del gobierno tiene por capricho llevar a cabo, sin mediar con nadie.

Cuando salían antaño los españoles fuera de su país, era para defenderlo, para defender su territorio estuviese donde estuviese, lo mismo que lo hizo Santiago Ramón y Cajal como capitán médico en la guerra de Cuba al igual que miles de españoles, o lo hicieron desde sus respectivos países,

Churchill o el general Patton en la defensa de la segunda guerra mundial contra los nazis, o como lo hizo el hermano del general Miguel Primo de Rivera, el coronel don Fernando Primo de Rivera mientras luchaba contra los moros en Monte Arruit, una granada le destrozó el brazo y yacía ensangrentado mostrando un horripilante muñón de huesos astillados y carne colgando. EL doctor Peña que también estaba herido en la cabeza y seguía cuidando a los heridos, le dijo: Mi coronel, debo amputarle el brazo y tendrá que ser a lo vivo, no hay nada para anestesiarle, no hay cloroformo, y éste asintió con un ademán de conformidad muriendo después de cinco días de agonía, al igual que lo hicieron miles de soldados en unas jornadas fatídicas donde los moros aniquilaron disparando y apuñalando a todos después de desarmarlos en una rendición traicionera.

Para eso sale un español de España, para eso se salía uno del país, para defenderlo, no para humillarlo como ha hecho el líder sindical de los trabajadores

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