A propósito de la pandemia que nos asola en esta segunda década del siglo XXI, quiero rescatar de mi memoria, suceso similar, pero sin la trascendencia mortífera que está teniendo el Covid19:
ANTEDEDENTES DOCUMENTADOS.
La situación sanitaria de la inmediata posguerra española se deterioró rápidamente ante la aparición de una crisis multi-epidémica por difteria, paludismo, viruela y tifus exantemático. El problema venía determinado por la escasez de recursos materiales, las malas condiciones de habitabilidad, las carencias alimenticias y la desorganización impuesta por la guerra sobre las estructuras asistenciales, todo sobre un escenario con grandes desplazamientos de población como los vividos al final de la guerra. La epidemia tífica fue la más preocupante para las autoridades franquistas por su potencial peligrosidad de cara al exterior a la vez que como conformadora de una imagen de país contraria a la propuesta por el nuevo régimen.
La lucha contra el tifus en la posguerra española fue ocasión de una movilización científica en la búsqueda de una medida profiláctica eficaz a través de un medicamento biológico, algo que venía impuesto por el consenso internacional forjado por un club informal de científicos interesados y vehiculado por organismos sanitarios activos en el mundo, en un contexto de preocupación por la guerra mundial. Lo que aportaba España al esfuerzo investigador era una situación social modélica desde la perspectiva de una sanidad intervencionista: gran penuria en la vida cotidiana y férreo control político-militar, además de su diplomática situación de bisagra entre ambos mundos rivales, totalitarios y liberales. Esta necesidad internacional coincidió con un reemplazo en la dirección nacional de la investigación epidemiológica, ocupada por una nueva élite deseosa de alcanzar credibilidad y respetabilidad profesional en el laboratorio, hasta el punto de que el responsable superior del equipo investigador sintió la necesidad de condensar en una nueva tesis doctoral el trabajo que estaban haciendo, no sin ciertas tensiones nunca explícitas entre profesionales muy destacados.
CONCLUSIÓN:
El esfuerzo innovador fue limitado en el tiempo y administrado muy pragmáticamente. No se realizó un estudio final, colegiado, de recapitulación de la experiencia científica, que parecía podría favorecer la opción vacunal preferida por los americanos, tal vez por no darles ocasión de apuntarse un tanto recién comenzada su participación en la II guerra mundial. O sea, la política y los intereses privaban más que la salud de los seres humanos en general.
Los síntomas de la dichosa enfermedad consistían en fiebres altas, durante todo el día, y parte de la noche; tos seca constante, dolores en las articulaciones, y sin apetito. Nos quedábamos muy débiles. Decían que “aquél que tenía la lengua negra, estaba apuntado para irse de este mundo”. Tuve la suerte de no ser uno de ellos. El tratamiento consistía en jarabe; dos inyecciones diarias, por la mañana y por la noche. Estuve dos meses en la cama. Cuando ya pude levantarme se me doblaban las piernas, muchos mareos. No podía con mi alma. Perdí totalmente el apetito. Eso en la época a que me refiero, de la posguerra, era muy jodido, porque si no comías corría serio peligro tu vida, ya que la medicina no te fortalecía. Mi abuela Lola, que era mi consuelo, mi enfermera, estaba todo el día pendiente de mí, me daba un mejunje bebido, con un huevo batido y un poco de vino dulce, o sea, una especie de “ponche”. En consecuencia, que salimos de aquello milagrosamente. En el presente, a día de hoy, al cabo de 70 años, reflexiono y me pregunto:
“¿Cómo pudimos sobrevivir a aquella epidemia, sin mascarillas, ni guantes, sin sanitarios, sin hospital, ni UCI; sin ejército, sin policías, sin guardia civil, ni tampoco protección civil..?”. Respuesta: Somos lo que el destino manda en cada momento. NO HAY MÁS.
*Recuerdo que se decía que la epidemia era en toda España, que era producto de las bacterias, o virus, concatenados con el hecho de una alimentación inadecuada, por las carencias y necesidades de las familias Aunque era principio de los años cincuenta, no cabe duda que perduraban los efectos catastróficos de la posguerra.
Otra plaga que azotó a los niños españoles, en aquél tiempo es la del “piojo verde”. No era extraño que en el colegio, oliésemos los niños a “matapiojos” , ZZ o cualquier otro producto destinado a la desinfección contra el bichito. Aquello, gracias a Dios, duró poco tiempo. A medida que entrábamos en la década de los cincuenta, aunque continuaban las necesidades, íbamos mejorando. Fueron tiempos muy difíciles y complicados en todos los barrios de Écija. Pero nosotros, los niños y niñas, disfrutábamos de la inocencia y la ignorancia de tantas miserias y calamidades, jugando y distrayéndonos como podíamos.-
*Hoy, con todo lo que no teníamos entonces, se sigue muriendo la gente, a pesar del derroche de bienestar que disponen los ciudadanos, en cierto sector. Hay mucha necesidad en las capas sociales más desfavorecidas. Una diferencia abismal entre ricos, clase media –cada vez menos- y pobres de solemnidad. Es que cuando intervienen los intereses mundiales. Cuando hay una insolidaridad entre naciones, o entre continentes. Cuando las potencias, como China, EE.UU, o Rusia, discrepan entre sí, lo más probable es que paguemos el pato los desgraciados ciudadanos del mundo, que estamos a merced de esos intereses: de los cuales dependemos: ¡¡DIOS NOS COJA CONFESAOS!!
–HASTA EL PRÓXIMO CAPÍTULO ….
