Cuando los ecijanos, en pleno Siglo XXI, por mor de la política, estamos inmerso en una polémica acerca de la cultura Taurina, sobre la conveniencia o no de apoyar nuestra Cultura ancestral y netamente española, como ecijano, amante de las tradiciones culturales de mi Ciudad, deseo aportar algo de historia, consistente en unos hechos importantes ocurridos en la trimilenaria Astigi de nuestros desvelos.
Quiero decir que las CORRIDAS DE TOROS, dicho así, en mayúscula, con claridad, sin tapujos ni complejos, generaba riqueza y bienestar a las familias, pues todo el mundo tenía trabajo, y como consecuencia había dinero para gastar en la feria, llenando el recinto ferial hasta los topes. No se podía dar un paso por la denominada “calle Nueva”, o Miguel de Cervantes. Colas en todos los cacharritos, para niños y mayores. Los cines que existían se llenaban, hasta dos funciones diarias. Los bares y hoteles no daban abasto para atender a los muchísimos clientes que acudían al reclamo de los carteles taurinos. Nuestra Ciudad llegó a ser llamada, “la de los buenos carteles de toros”. Además también era conocida por el importante número de toreros, o aficionados, nacidos en Astigi, algo de lo que siempre nos hemos sentido orgullosos. [“¿tú eres de Écija?, qué buena afición hay allí”], era el comentario que solía hacerte cuando te presentabas, como ecijano, en cualquier lugar de España.
En mi memoria, resuenan nombres de paisanos que ejercieron tan digna profesión, desde JUAN JIMÉNEZ RIPOLL EL ECIJANO, que su carrera la desarrolló en tierras mejicanas, donde falleció. Al que siguieron, Bartolomé Jiménez Torres, Jaime Ostos Carmona, quienes, desde el principio de los años cincuenta, crearon tanta afición entre los ecijanos, que, incluso, se dividían en dos bandos bien definidos: los “jaimistas” y los “bartolistas”. Sus partidarios llegaban a tener incluso enfrentamientos físicos y discusiones acaloradas en cualquier lugar y hora, por lo más mínimo que afectara a la categoría de su torero. Como aquella época no se ha vivido con tanta pasión e intensidad la afición taurina. Hay que recordar a los hermanos Luis Lucena “El Rabanillo” y su hermano Lorenzo, aquél, LUIS, con el tiempo, llegó a ser un ejemplar torero de plata, a las ordenes de diferentes toreros del momento. LORENZO, siendo muy joven aún, fue corneado y muerto, el 8 de Agosto de 1962, en Santa Cruz del Valle (Ávila), cuando su carrera iba en ascenso y sus triunfos muy trabajados, a base de torear en plazas de inferior categoría, en la zona de Madrid y La Mancha.
Muy conocidos y buenos aficionados, que llegaron a torear en la categoría de novilleros sin caballo, los hermanos AGUSTÍN, MANOLO Y JUAN ANTONIO DÍAZ BAENA. Tanto Agustin como Juan Antonio, se nos fueron muy jóvenes al lado de Dios nuestro Señor. Los Díaz Baena eran una familia sin igual, como he relatado en otros trabajos de “mis memorias”, Dios les bendiga.
También el paisano y sastre, JUANITO STILO, muy aficionado a los toros, que se atrevía a torear en muchos espectáculos nocturnos, aquellos en los que se rifaban máquinas de coser, o útiles muebles del hogar. JUAN, con su particular manera de entender el toreo, obtenía preciosos triunfos, y era aclamado con cariño en su vida profesional. Buen amigo de todos. Igualmente recuerdo a otros aficionados, que también tuvieron oportunidad de enfrentarse a reses bravas, como fueron un tal El PELUSO, que no recuerdo su nombre. PACO “EL COCHERITO”, JOSE Mª CABRERA “ARCA”. JOSÉ “PETETE”, éste apuntaba maneras, pero lo abandonó y se marchó a las Islas Canarias; ignoro su existencia. Los hermanos CAMPUZANO, JOSÉ ANTONIO, TOMÁS Y MANUEL, nacieron en Écija, pero residentes en Gerena.
El genial torero, PEPE LUIS VARGAS, llegó a la cima de la torería, como seguidor de la llamada “ESCUELA SEVILLANA”. No tuvo la suerte que merecía, por unas cosas o por otra, pero su estela de gran torero, con arte, y con MUCHO VALOR, quedó impregnada en la historia de grandes toreros de la historia.
ANTONIO RAMÓN JIMÉNEZ, hijo del famoso Bartolomé Jiménez Torres, de un arte depurado, que aunque la suerte no le acompañó, y por lo tanto no se encumbró como matador de toros, embobaba y emborrachaba su toreo, de tal manera que, personalmente, debo decir, que una tarde en el Coso de Pinichi, toreando junto a PAQUIRRI, dejó esculpida una obra de arte, en su toreo de manos bajas, concretamente, unos naturales con la izquierda, imposibles de olvidar é igualar. Ahí quedaron en nuestra Plaza de Toros, en la memoria de los que lo vimos.
ENRIQUE FERNÁNDEZ “EL ARRIERO”. Un torerazo. Cabal, con un valor extraordinario. No tuvo suerte y una cornada muy fuerte, lo dejó fuera de la profesión, Nada menos que en la era de EL CORDOBÉS, con quién se hacían comparaciones. A mi me gustaba muchísimo más ENRIQUE. Un buen torero, de La Luisiana, residiendo en Écija, pero afincado luego en Sevilla.
Para no hacer interminable este artículo, a continuación relaciono los nombres de buenos profesionales ecijanos: Juan Ramón Bermudo. Juanito Muñoz; Guillermo Gutiérrez El Ecijano. José Luis Pérez, “Niño del Tentadero”. Los hermanos Manuel y Paco Peña. Joselito Gutiérrez. Antonio Jiménez “Ecijano II”. Antonio Pérez “El Pere”. Miguel Ángel Delgado. Javier Crespo. Juan Carlos Tirado. Ángel Jiménez y el último, por ahora, de esta cantera inagotable que tiene la Ciudad del Sol, Jaime. Hay que recordar al novillero JAIME GONZÁLEZ ÉCIJA,
1ª. ANÉCDOTA HISTÓRICA. JUAN BELMONTE.- En LAS MEMORIAS DE El Pasmo de Triana, contadas al escritor Manuel Chaves Nogales, autor del libro: “JUAN BEL MONTE, MATADOR DE TOROS”, y citando a la feria de ÉCIJA, de septiembre de 1912, los días 21 y 22, de ese mes, podemos leer un pasaje referido a tal efeméride:
“En la feria de Écija, sentí el entusiasmo popular más cálido y próximo a mí que en ninguna parte. Toreé allí en las dos novilladas de feria. En la primera tarde tuve la fortuna de lograr uno de esos momentos felices del toreo, que le hacen a uno entusiasmarse con el arte de lidiar toros, a despecho de la inevitable deformación profesional. Era en el último toro. Todos mis grandes triunfos los he logrado en ese último toro que sale del chiquero, cuando va cayendo la tarde, el sol se sale del anillo para perderse en los gallardetes, y el público, fatigado por la emoción o el aburrimiento de toda la corrida, mira distraídamente lo que pasa en el redondel. Con aquél toro me entregué por entero al placer de torear, que tan pocas veces siente el torero. Alcé los ojos a los tendidos, vi un espectáculo que me enorgulleció. Millares de personas me aclamaban frenéticas. Los músicos de la banda que tenían ya guardados sus instrumentos, entusiasmados también, los sacaron rápidamente y cada cual tocaba por donde quería. Me llevaron a la fonda en hombros de una muchedumbre entusiasta.”
[Cabe destacar, también a efectos anecdóticos e históricos, que en aquellos años y posteriores, hasta el 1979, la feria de septiembre se desarrollaba durante los días 21, 22, 23, 24 y 25, por coincidir con la onomástica de San Mateo, y tratarse de la época de la recogida de los frutos del campo, ue es cuando los trabajadores se hacían de dinero para gastar en la feria. En la actualidad sólo existe esa Feria, en la espernza de que la de Mayo vuelva a reimplantarse algún día por un buen Alcalde].
2ª.-ANÉCDOTA. OTRO HECHO HISTÓRICO: MANOLETE. Para la feria de septiembre de 1947, se tenía programado un acontecimiento importantísimo: se anunciaba, nada más y nada menos, como cartel de toros, la presentación del Califa, Manuel Rodríguez Manolete, junto al ciclón del toreo, el mejicano, CARLOS ARRUZA.
Unas expectativas de feria, la de aquél año 1947, bastante alagüeñas: se esperaba un importante número de visitantes. Se agotaron las plazas hoteleras y de fondas. Pero, no pudo ser, un toro llamado “Islero”, de la famosa ganadería de Miura, se encargó de estropearlo todo. En Linares, el 27 de agosto, unos días antes de nuestra querida feria, acabó con la vida del Califa del Toreo de Córdoba. El Monstruo, MANUEL RODRÍGUEZ MANOLETE, aún muy joven, perdió su vida y sus ilusiones. Ilusiones que se perdieron en la Ciudad de ÉCIJA. Suspendida la corrida, con aquél el atractivo cartel. Las consecuencias se notaron en la feria. Aunque, según me contaba mi padre, que vivió aquél luctuoso acontecimiento, casi toda la animación que había en la población quedó en un lamento unánime. Recordaba mi padre, que solamente funcionaron los cacharritos, para que los niños no pagaran la desgracia y se divirtieran en lo que les gustaba. Los circos y otras atracciones notaron la poca afluencia de público. Algunas casetas familiares, seguían montadas pero sin mucha animación. Es decir, que la fatalidad impidió que Manolete hubiese estado en nuestra histórica Plaza de Toros de Pinichi.
NOTA. La finalidad de de estas líneas, escritas con toda sencillez y humildad, -sin pretender pontificar, ni crear polémica-, consiste en poner en conocimiento de los ecijanos, una opinión personal, la mía, que por edad y vivencias, guarda en la memoria algunos acontecimientos históricos y culturales de mi Ciudad de Écija. SALUDOS A TODOS.