Hay muchas clases de elecciones: nacionales, autonómicas, municipales, de comunidades de vecinos, en hermandades de penitencia, en equipos de fútbol, en fin, la tira. Pero hoy me voy a referir concretamente a una, a las incomparables, únicas y maravillosas Elecciones Municipales, tan cercanas en el tiempo y por lo cerca que nos cogen los candidatos, candidatas y candidates que podremos ver, oír e incluso si se dejan, “tocar”. Podremos ver y observar, por ejemplo, de qué pie cojean. 
Por eso precisamente siempre digo medio en serio y medio en broma, que debería haber elecciones cada año. ¿Por qué? Te lo explico: las poquitas promesas que cumplen los candidatos, que no políticos, las hacen casi siempre tres o cuatros meses antes de las elecciones para engatusar al personal: arreglo de calles y plazas, pabellones polideportivos y eso que está tan de moda y copiado de las grandes ciudades como son esas horribles, feas y raras rotondas que tanto proliferan en nuestros pueblos. Se contratan tropecientas peonadas a través de los distintos planes vigentes que haya en cada momento: Per, Par, Contigo, Sintí, Avanza,… porque esa es otra, hay que ver qué nombrecitos más curiosos les ponen en la Diputación o en la Junta a estos planes de ayudas. ¿Ayudas a quién? Pues todas estas supuestas mejoras que se hacen a meses vistas de las elecciones, no tendríamos que esperar cuatro largos, tediosos e insoportables años, y así poder darle la boleta que no el voto, a tantísimos candidatos ineptos e irresponsables como vemos estos días en los medios de comunicación y que parecen que tienen el enorme poder de la ubicuidad, estando en todos sitios a las mismas horas.
Bueno pues yo, ahí lo dejo, elecciones municipales cada año y así poder evitar que cuando los políticos perdieran la vergüenza, los vecinos no tuviéramos que perder el respeto, como por ejemplo, cuando dicen que no vienen a servirse si no a servir al pueblo, o como descaradamente nos están deformando nuestro idioma con esos horribles palabros como soldados y soldadas, autoridades y autoridadas, mejores y mejoras, impuestos e impuestas… Ellos pierden la vergüenza y por eso yo les llamo alcaldas y alcaldos, por ejemplo.
Ya solo me resta desearles a todos, todas y todes los alcaldes, alcaldas y alcaldos que también conozco algunos, que el próximo y cercano 28 de mayo tengan las mejores de las suertes y que aquel nefasto y malvado político que se llama Alfonso, no tenga que volver a decir aquello de que “el pueblo se ha equivocado”. ¡El pueblo no se equivoca jamás! Nos equivocamos los que votamos. Y sanseacabó.