-Oye, ¿Y a Fali dónde la has dejado?-. Me pregunta un lector incomodado. Ciertamente -contesto- la he dejado con las vicentinas. Allí, madurando, ofreciendo su vida como cirio erguido, encendido, señalando al cielo. Resistiendo; al servicio de todos.
Mártires de la guerra civil española y su actuación como yunque: Ceferino Jiménez Malla, el Pelé, al que no lograron arrancarle el rosario para evitar su ejecución. El joven Beato, Mario Ros Ezcurra, que declara ser religioso y sacerdote, con naturalidad e inocencia, en el simulacro de juicio que le orquestaron.
Mientras yo, «omnisciente», observo las diversas actitudes en el zoológico humano. La nueva sociedad quiere eliminar todo lo que sea sobrio o austero. La mayor parte de la juventud, hoy, lo quiere todo y rápido. Desde que Dios no existe, los pueblos y ciudades están poblados de animales urbanos. No hace mucho, en una emisora de radio, oí una entrevista plusmoderna que le hacían a los componentes de un grupo de Rock. Uno de ellos, con la voz del que está bajo los efectos de algún barbitúrico, declaró: A mí nadie me pidió permiso para que me trajera a este mundo, así que el lo hiciera tiene la obligación de cuidarme y abastecerme. Como alguien me ponga la contra, quienquiera que sea, cojo la tercerola de mi abuelo y le descerrajo un tiro que le lleno de plomo la barriga. Se oyeron risas del público.
Vivimos en una sociedad agresiva y vengativa. El odio extiende el mal. El hombre sin Dios se reduce a un animal desprovisto, desnudo.
El jefe de Salud Mental del Marañón, Celso Arango, en una entrevista que le hizo el Diario «El Mundo», en octubre del 2020, decía: «Han subido un 20% la depresión y la ansiedad; es la ola que viene». Falta una educación basada en la sobriedad y la moderación, y no solo en el hedonismo y la vida muelle. En el Diario Última Hora, de Palma, el 6/5/22 se leía: «Casi el 20% de los adolescentes deseó su muerte en el último año». De todas formas, según estadísticas, en España ya hace tiempo que se suicidan, cada año, entre 3.000 y 3.500 personas.
Hegesias, moralista griego (año 300 a.C.), sostenía que el único bien en este mundo es el placer, y el hombre no puede alcanzarlo; por tanto, lo único que puede hacer es desear la muerte. Fue llamado el Peisithanatos, el que aconseja la muerte. Se podría decir que, en nuestros días tiene muchos seguidores y alumnos.
A Fali, en su última etapa laboral, la enviaban las hijas de S. Vicente de Paúl a servir a familias pudientes, éstas colaboraban para sostener el refugio del «Venid a mí» y las monjas recibían sin escrúpulos toda la ayuda que servía para asistir a «la divina plebe». Y así estuvo años nuestra amiga, hasta que ya, vieja y agotada, con diabetes, insuficiencia renal y retinopatía, ésta, según advertencia médica, podía degenerar en ceguera.
Un día, apareció sola, en un taxi que la dejó delante de un asilo-residencia donde la esperaban como paciente. Ahora empezarán los días del Cristo expoliado y el vinagre. Quedó registrada como persona semidemente.
La mañana del domingo en el geriátrico es muy movida. Es el día de visitas de amigos, conocidos y deudos. La misa es a las once y luego en el bar, el refrigerio. Hay una mesa con cinco comensales: dos ciegas, dos dementes y un voluntario que los acompaña, Miguel, con el que todos quieren ir, pero él escoge siempre a los más desvalidos. Las ciegas son las que más protestan, se sienten desatendidas, y además tienen que soportar la perenne y perversa oscuridad. Los dementes son complicados pero siempre contentos, además, alegran con sus excentricidades. Algunos, al amanecer, al alba, anuncian el día; rasgan el silencio con gritos y lamentos estremecedores. Fali es feliz porque siente tener a Dios de su parte.
Miguel está admirado, la mesa contigua está vacante, y sus cuatro sillas, a pesar que se ve gente buscando, nadie se acerca. Fali pide permiso para saludar a unos amigos, se acerca a la mesa «contigua» y empieza a hablar con alguien que no se le ve, y gira el cuello como si hubiera más gente y hablara con ellos. Luego vuelve a su asiento y exclama: ¡Como no viene nadie a visitarme han venido ellos! Y el voluntario le pregunta con ansiedad: Pero, ¿Quienes son? Ella, después de dudar un poco, responde: Son, Francisco de Asís, Juan de Dios, Felipe Neri y Sor Ángela de la Cruz. El voluntario, absorto, se quedó sin palabras. Y es que hay dos mundos: el que se ve, y otro, que sólo consiguen ver algunos.
«¿Qué conversación es la que lleváis por el camino?». Pregunta el Resucitado a dos discípulos que iban criticando el fracaso del maestro.
José Calderón Barrios