
Hace ya varias décadas, un americano escribió un libro, “El crack del futuro”, cuyo argumento trata de un tren que, irremediablemente, se dirige, a todo tren, con frenos rotos, auna curva muy cerrada situada en un despeñadero. El jefe del convoy lo hace saber a los pasajeros. Estos reaccionan de diferentes formas, el 93% de ellos, gritan horrorizados, el 4% intentan huir al último vagón, porque creen que es en el que hay más posibilidades de sobrevivir y así aprovecharían para robar a los demás. Sólo el 3% preocupados por los demás, se esfuerzan por llegar a la locomotora, para intentar salvar la situación.
Y continúa la marcha peatonal. No todo lo que va sobre dos patas es humano, van, incluso, muertos andando, Decía Gabriel Marcel, el que con 4 años perdió a su madre y nunca lo comprendió, que si sólo hubiera vivos, la Tierra sería inhabitable.
Sigo a paso lento a través de la calle y oigo las notas excelsas de la novena sinfonía, una música monumental para un momento intrascendente, “allegro ma non troppo”. Veo que los Clásicos acordes salen de una tienda de “souvenirs”; la propietaria ha notado que cuando suena esta música entra más gente, que Beethoven, vende. Y siguen sonando las notas de esta pieza universal, La muy pícara dueña ha puesto al ilustre sordo, Ludwig van Beethoven, a vender camisetas, a precio de oferta.