Los profesionales taurinos de Écija toman el mando ante la nula implicación por parte del ayuntamiento y pintan la plaza de toros. Recuerdo aquella noche en la que tuve oportunidad de quedarme a solas contigo. Ha sido sin duda el momento más especial que hemos compartido, lances y muletazos al viento bajo noche de luna llena. Fueron minutos de mucha reflexión, tú me trasmitías que eras ese lugar dónde poder expresarme libremente tal y como soy, yo me limité a contemplarte en silencio y pude comprobar en primera persona ese misticismo que guardas cuando todos se van y se apagan las luces del día.
No hicieron falta palabras, el silencio solo era interrumpido de forma muy leve por mi suave voz cuando me disponía a iniciar una tanda. Entré en otro mundo, en una especie de sueño profundo difícil de olvidar. Por un momento, me sentí más torero que nunca, a solas con mi soledad, con mis pensamientos e inquietudes pasé no más de treinta minutos de pura felicidad. Cuando decidí que había llegado la hora, me retiré del ruedo y cerré la puerta. Sinceramente no me cambiaba por nadie, para mí, había toreado como nunca y soñado como siempre desee.
Pasó en la plaza de toros de Écija cinco años atrás. Ahora la miro y veo como los propios profesionales se han tenido que encargar de su conservación porque a nuestro querido ayuntamiento no le da la real gana de prestarle la debida atención. Estamos hablando de un monumento histórico que pertenece al pueblo y por consiguiente es de su competencia.
La ley está para cumplirla, con vuestro abandono absoluto la estáis quebrantando. Así lo dice el estado en la Ley estatal 10/2015 de 26 de mayo, para la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial, en el que se incluyen las artes del espectáculo y los usos sociales, rituales y actos festivos. El artículo 4 de dicha ley incluye lo siguiente:
“El respeto y la conservación de los lugares, espacios, itinerarios y de los soportes materiales en que descansan los bienes inmateriales objetos de salvaguarda”.
“Los espacios vinculados al desenvolvimiento de las manifestaciones culturales inmateriales podrán ser objetos de medida de protección conforme a la legislación urbanística y de ordenación del territorio por parte de las administraciones competentes”.
Se incumple en su totalidad porque la plaza está completamente olvidada y en unas condiciones muy poco decentes. Si la visitan ahora, presentará mejor aspecto, claro, con rulo y pintura blanca, recalco, los profesionales y no el ayuntamiento, se han encargado de pintar los tendidos. Los matorrales han llegado casi a sobresalir por las tablas, pala al hombro y a intentar que presenté el mejor aspecto posible ¿El ayuntamiento? No, una vez más los profesionales.
Es una auténtica vergüenza que se dé esta situación, es sorprendente la nula implicación y la mucha palabrería que nos invade en la actualidad por parte de nuestros gobernantes. Antes de sacar un pliego, primero hay que ver la situación y solucionar los problemas. El mantenimiento y la limpieza debe ser prioridad y por consiguiente el primer paso si verdaderamente existiera intención de dar luz verde a la plaza de toros. Más que nada porque es sede de la escuela taurina, todo aquel que sueñe con ser torero en nuestro pueblo se merece mínimo lo anteriormente mencionado. Condiciones dignas para desarrollar su entrenamiento, desgraciadamente no existen.
Aquí hace aproximadamente un año se quiso empezar la casa por el tejado sin establecer los cimientos y sin realizar un necesario trabajo previo. Una empresa buscada, un pliego a punto de salir…, mientras tanto el recinto totalmente abandonado ¿Qué ha pasado?, nada, lógicamente nos encontramos en la misma situación, todo sigue igual, no se ha producido ningún movimiento en ninguno de los aspectos.
Ante la falta de implicación venida desde hace mucho tiempo atrás, los profesionales cansados han reaccionado con el siguiente argumento: “Si no lo hacen ellos, lo tendremos que hacer nosotros”, así ha sucedido. Pena es lo que siente el aficionado al llegar hasta este punto. Écija tiene una historia taurina que comenzó en el año 1890 con la alternativa de Juan Jiménez Ripoll de manos de Guerrita y tiene como último gran hito la alternativa de Ángel Jiménez sucedida en Sevilla (2019) de manos de Morante de la Puebla. Exactamente 129 primaveras escriben un libro con páginas gloriosas por donde ha pasado todo el toreo. Cita marcada en el calendario taurino allá por el mes de septiembre a la cuál acudían las figuras.
Hoy no es que no se den toros, sino que el olvido impera por unos tendidos emblemáticos que guardan silencio absoluto. Para que suceda lo primero, todo pasa por la implicación en lo segundo. El ayuntamiento tendrá algo que decir en todo este asunto o tal vez no.






















