Los piropos, también denominados requiebros y lisonjas, desde un punto de vista social, constituyen la forma tradicional y espontánea de expresar el cariño, el afecto, la ternura o la admiración que sentimos por nuestros semejantes. Al ser un modo de comunicación, los piropos van dirigidos a todas aquellas personas con las que tenemos algún tipo de trato cordial: al padre, a la madre, a los hijos, a los amigos, a los compañeros de trabajo, a cualquiera que conozcamos y, si la situación lo requiere, incluso, a los desconocidos.
Ahora bien, entre las muchas variedades de piropos existentes, nos vamos a fijar únicamente en aquellos cuyos receptores son los niños, sobre todo, si éstos son pequeños. Sin ánimo de agotar el asunto, y sólo a modo de aproximación, estos piropos, que denominaremos infantiles, podrían agruparse en tres modalidades:
- a) Los que contienen el término hijo u otros nombres de persona, con idéntico valor afectivo: hijo de mi vida, padre mío, madre mía, rey o reina de mi casa…
- b) Los que eluden el término hijo u otros nombres de persona y lo suplantan por otros sustantivos de gran valor personal o social: vida mía, amor mío, tesoro de mi casa…
- c) Los que contienen algún tipo de comparación explícita, en la que se ponderan las cualidades del hijo frente a las de otras personas: lo más bonito de mi casa, lo más guapo del mundo entero, lo más bueno que pare madre…