Una excelente manera de fomentar las relaciones sociales es tener un perro de compañía. En mi caso, estar obligado a sacar tres veces al día a pasear por el parque a mi inseparable Chuli me permite contactar con todo tipo de convecinos, también propietarios de perros falderos, como el mío, con los que siempre acabo por familiarizarme.
-Este perro mío es un camandulero –me confiesa Luis, un buen día por la mañana, a medio camino entre la sonrisa y el enfado, harto ya de las reiteradas desobediencias de Milo.
-Los bodegueros, bien lo sabes tú, son muy nerviosos –le respondo para justificar la estrafalaria conducta de un chucho que, solo a veces y no siempre, responde a las llamadas de su dueño.
A decir verdad, ese día me quedé sin saber a ciencia cierta por qué Luis denominaba camandulero a un perro que a mí me resultaba simpático, aunque algo travieso. Por tanto, tras el paseo, al llegar a casa, me interesé por el significado del término, sin duda, un adjetivo poco usual.
El DRAE dice así:
“Camandulero, ra. (De camándula). 1. adj. coloq. Hipócrita, astuto, embustero y bellaco”.
Ciertamente, no anduvo Luis desacertado ese día con lo de camandulero, pues por lo que conozco de Milo, se ajusta perfectamente a la definición del diccionario. Así, el perro de Luis es zalamero y fingidor, por lo general; imprevisible y desobediente, siempre; huidizo y duro de oído, la mayor parte de las veces; y efusivo y campechano, cada vez que a él le interesa.
No obstante lo anterior, Milo goza de todas mis simpatías. Primero, porque invita a correr y a jugar a mi perrilla, siempre cansada de puro vieja; y, segundo, porque nada más verme, se me acerca veloz y me saluda con total camaradería. Eso sí, una vez que el chucho ha cumplido con el deber de la cortesía, inicia a todo correr un extraño itinerario, no exento de peligros.
Por eso, cada vez que nos vemos, que es casi todos los días, Luis me comenta no sin resignación:
-Francisco, este perro no tiene arreglo: es un auténtico camandulero.
Y yo, desde que sé de qué va la cosa, siempre le respondo del mismo modo:
-Efectivamente, Luis, un auténtico camandulero.