
Escribir sobre los nombres y, sobre todo, de los apellidos curiosos de ciertos personajes públicos así como lo increíble del parecido tanto físico como psíquico, incluida la condición del sujeto y lo paradójico de su sino, me va a suponer todo un reto que espero solventar de la mejor manera. Pido disculpas que no perdón, por si alguien se siente ofendido y se ve reflejado en algunos de estos apellidos, cada uno tiene los que sus padres les dejaron como parte de herencia. Bien es verdad que algunos se los cambian para evitar situaciones bochornosas.
He aquí algunos. Por ejemplo, el podemita Juan Carlos Monedero = dinero negro, defraudador y demagogo. Gabriel Rufián, político charnego de Ezquerra Republicana de Cataluña (ERC) que cada vez que habla en el Parlamento sube el pan. Todos los rufianes tienen la misma cara, con barbas y sin ellas. Otro político que estaba el pobre predestinado, José Luis Rodríguez Zapatero, (a tus zapatos) remendón, chapucero y embustero. Ana Camelo, concejala también podemita en el Ayuntamiento de Cádiz, especialistas en buscar problemas donde no los hay. Ha organizado un curso con dinero público que no tienen para mujeres desempleadas y maltratadas, donde una de las materias está dedicada a la estimulación del clítoris por ser esta una práctica de una gran autoestima que ayuda a encontrar trabajo y a defenderse de sus maltratadores. (¡Manda clítoris! Digo, huevos). Otro apellido curioso, y sobre esto daría para escribir un libro, el de aquel recordado doctor que se llamaba Sánchez-Malo.
Estos son algunos de los que recuerdo en el momento de escribir esta columna. Confío en que cada lector añada a esta pequeña relación algunos más y si tienen a bien, me los hagan llegar por si surge una segunda parte sobre este tema.
Antes los apellidos eran otra cosa ¿verdad? No sé por qué, pero de los Fernández, Pérez, Ruiz, González, Jiménez Rodríguez, etc… Además antes se casaban las gentes con vecinos del pueblo con lo que los apellidos se repetían mucho, o sea, Pérez García, Fernández, López. Ahora un luisianero, ecijano, fontaniego o carrosaleño se junta (que no se casa) con una del País Vasco, catalana, rumana o peruana, contando que no conozca a una alemana o finlandesa. Entonces es cuando ya se arma el Belén. Y después de estas “juntiñas”, como dice mi amigo Antonio, vienen esos nombres rarísimos que la gente moderna le da por ponerle a sus criaturitas. No sé si fue con la llegada de la democracia o con tantos canales de televisión donde esos nombres proliferan y se ponen de moda. Hemos pasado de llamarnos Pepe, Francisco, Manuel, Antonio o Rafael, con sus correspondientes compuestos, a esos semisantorales rarísimos y que a algunos nos cuesta tanto memorizar y por supuesto nombrar: Jairo, Neymar, Alan, Aitor, Ion, Hugo,… Por parte femenina, tres cuartos de lo mismo: de las María, Carmen, Dolores, Rosario o Manuela, pasamos a las Nerea, Ainara, Saray, Maya, Leire o Jésica. Y paro porque no tengo más espacio. Que ustedes lo nombren bien.






















