Todos sabemos lo que significa esta vieja frase aunque José María Iribarren no haga mención de ella en su libro “El por qué de los dichos”, escrito en 1955 y que un amigo me lo ha hecho llegar. A partir de aquí, cuántas veces a lo largo de nuestra vida hemos hecho lo mismo que el título. Y yo me pregunto: por qué cuando vemos algo que no nos gusta, que nos puede comprometer o nos puede acarrear un serio disgusto poniendo en peligro incluso nuestra integridad física, si no miramos para otro lado y nos hacemos el longui. Podía poner mil ejemplos de esta actitud pero necesitaría diez espacios como éste, de modo que como casi siempre hago, dejo al libre albedrío de los amables lectores que todavía nos siguen, que den un rebobinado a su memoria e intenten recordar la de veces que se vieron envueltos en alguna situación comprometida.
Cuántas situaciones desagradables se podrían haber evitado si todos nosotros, y cuando digo todos digo todos, desde el primero al último de los políticos (de todos los partidos). Presidentes de gobiernos, ministros, alcaldes y todos los que comen de los mermados presupuestos o de la madre del cordero. Desde el primero al último de los jueces, fiscales, secretarios, abogados y hasta el último bedel. Desde el Santo Padre hasta el último sacerdote de cualquier pueblo perdido, pasando por todos los miembros y “miembras” de todas las congregaciones religiosas. Y así desde la Sanidad, Educación y todos los estamentos oficiales que conforman el enorme entramado de nuestra débil y vulnerable administración pública.
Todo esto que escribo viene a colación por lo que está ocurriendo en nuestra frágil democracia estos días, aunque el problema viene por lo menos del tiempo de los romanos. Pero ¿qué es lo que en realidad está pasando ahora para que salga a relucir tanta corrupción? Pues sencillamente que cuando un juez resentido como Eloy Velasco, anteriormente miembro del gobierno valenciano del PP, al no nombrarlo consejero de Justicia, quinto levanta, tira de la manta y al que le toque le tocó un pañuelo no sólo de color, sino marrón. Porque desgraciadamente estamos en manos de jueces así. Ahora ha sido Velasco, antes fue Garzón y pasado mañana vendrá otro que tire de una jodida vez de la sucia manta que cubre Andalucía. Hay una canción religiosa que dice “Donde hay caridad hay amor”, y yo digo que donde hay dinero y descontrol interesado, hay corrupción. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Por lo visto últimamente los traumatólogos no dan abasto tratando tortícolis de políticos que miraban para otro lado.
Ahora parece que se ha echado la veda y se va a dar caza a tanto lobo, lobo, lobo que andaba suelto en las malolientes madrigueras del poder. Esperemos que además de pagar judicialmente devuelvan hasta el último euro robado. De momento no van a la cárcel sólo los de PP, ya hay un Pujol en la trena. Espero que a partir de ahora sólo miremos para otro lado al cruzar la calle.























Estimado amigo Pepe:
Siento una gran alegria al poder saber de ti a traves de este articulo el cual refleja tus ideas y algo de sentimiento por la situacion de los politicos corruptos que tenemos en toda españa.
como puedes ver en mi correo todavia me acuerdo de ti y tengo ganas de compartir mas comunicacion, si este correo llega a su destino quisiera que nos mantengamos en contacto por la via particular.
un fuerte abrazo. Angel Almagro Beltran
Querido amigo Angel. No sé el tiempo que hace que mandaste este comentario, pero hoy 23 de agosto de 2019, por casualidades de la vida, me encuentro con tu comentario.Me duele la boca de preguntar por tí, a Calderon, y a todos los paisanos que viven en la Isla. Nadie me da norte de tí, Si te llega este mensaje, vivo en el mismo sitio o sea en tu pueblo, en la misma casa y en la misma calle, me igagino que tendrás algún contacto con alquien de aquí. No pongo ningún telefono ni más datos por seguridad. de todas formas espero que estes bien y ya sabes donde tienes un amigo Un abrazo, Pepe Pineda.