Cuando salgamos de este confinamiento obligado, estoy convencido de que todos veremos la vida de otra forma totalmente distinta. Será muy significativo ver nuestros comportamientos habituales. Observando cómo en este tiempo difícil e incierto que hemos pasado encerrados literalmente en nuestras casas, nos ha transformado por completo, sobre todo y principalmente, vaciándonos de ese egoísmo innato que cada uno llevamos acumulado durante toda nuestra existencia.
Veremos también cómo vamos a sentir y experimentar un total desapego por todo lo material y superfluo que antes de esta desgracia nos parecía imposible erradicar de nuestras vidas. Esta fatídica y larguísima reclusión obligatoria posiblemente nos haga un poco más educados y tolerantes con nuestros semejantes. Estoy seguro de que nos traerá unas enseñanzas jamás imaginadas para los niños, adolescentes y jóvenes que comprobarán en sus carnes cómo de la noche a la mañana todos esos privilegios y caprichos de los que disfrutaban se han esfumado como por arte de magia. Este retiro obligatorio nos permitirá comprobar también cuan frágiles, débiles y efímeros somos los humanos, que hasta hace unos días nos queríamos comer unos a otros, y nos enseñará que para vivir o sobrevivir como estamos haciendo en estos momentos, no necesitamos tanto.
Otra de las circunstancias que nos va a dejar esta maldita plaga que nos azota inmisericordemente es la que a partir de ahora, nada absolutamente nada, volverá a ser igual que antes, por mucho que nos empeñemos e intentemos pasar página e intentar olvidar lo ocurrido, entre otras cosas porque para la mayoría de nosotros jamás hemos vivido una situación parecida.
Esta horrible situación de incertidumbre constante que padecemos, provocada por una desinformación total, sin saber exactamente por dónde nos llega el enemigo, porque esa es otra, solo sabemos que la gente se contagia y a los pocos días pasa a engrosar esa lista interminable de muertos, pensando constantemente que el próximo contagiado puedes ser tú. Todo eso provoca un estado de perenne paranoia realmente insoportable, cuyos resultados desgraciadamente no tardaremos en ver.
Ay, si no fuera por el altísimo coste en vidas humanas que este jodido virus nos ha traído, la de enseñanzas que nos va a dejar a toda la humanidad. Desde el más joven al más anciano que tenga la suerte de sobrevivir y digo bien; sobrevivir, porque cuando escribo estas líneas las noticias que aparecen constantemente en los medios de comunicación no son nada halagüeñas sino todo lo contrario.
Es increíble que a estas alturas y con el nivel tecnológico y de investigación que hay en el mundo estemos viviendo una situación tan delicada, poniendo al descubierto todas las miserias y basura que los gobernantes nos llevan ocultando durante estos últimos meses. Porque según el responsable y portavoz de esta crisis “eso en España, no iba a ocurrir”. Pues eso, suerte y que Dios nos coja confesados.






















