Desde que se conoció la noticia, todos los medios de comunicación y cuando digo todos digo todos, -televisión, prensa escrita, hablada y el boca a boca que también es otro medio, posiblemente el más popular-, no han parado de hablar del mismo tema. “¿Qué tema, joé?” Pues qué tema va a ser, usted. El tema del 23-J.
Y es que como decía aquella vieja canción de Radio Futura, ¡ha-ce falta valor!, valor y muchísimas cosas más que me las reservo para no herir susceptibilidades, las cuales dejo al libre albedrío de cada cual ya que el horno no está para muchos bollos. En España, otros dirían en este país, estamos viviendo unos momentos confusos y de mucha incertidumbre. Casi nadie lo negará excepto los cuatro o cinco adeptos al régimen que quedan y que temerosos de perder prebendas siguen negando la mayor, aunque cada vez sean más las voces que se alzan contra el jefe supremo, porque ven como cada día que pasa y en cada convocatoria electoral que se celebra, pierden los apoyos y los votos a borbotones. Como dije hace unos días, cuando los gobernantes pierden el respeto, los ciudadanos pierden la vergüenza y entonces se nos suelta la húmeda irremediablemente con lo cual pasa lo que pasa hasta con los tuyos, y a la primera de cambio te sueltan a la cara dura las mismísimas tres verdades del barquero, además con todas las razones del mundo y cuando esto ocurre, mal asunto ¡oiga!
Si nos parásemos seriamente a pensar un poco en la encerrona y en la maniobra macarra en la que nos están metiendo entre unos y otros a los sufridos españoles convocando las elecciones generales un 23 julio, aún estando prohibidas por ley en Andalucía, ya hubiésemos reaccionado de manera distinta, esto no ocurre en ningún país del mundo, de ahí aquella vieja frase de que España es diferente. Ya sé que de este tema se está escribiendo y hablando muchísimo, pero es del todo injusto y yo diría que hasta inhumano, hacer votar a la gente en esta fecha. Mucho está tardando la poquita oposición que nos queda en impugnarlas, pero creo que son tantas las ganas que hay de darle la boleta, que no el voto, a su Sanchidaz, que con tal de quitarnos de en medio a este mequetrefe, somos capaces de cualquier cosa, incluso sabiendo que nos puede dar un golpe de calor saliendo a la calle con cuarenta y picos de grados, si eso nos alivia de esta enorme e insoportable situación.
Además, algunos harán como un señor en las últimas elecciones del 28–M, que se presentó en su colegio preguntando que qué papeleta había que coger para echar a Pedro Sánchez. Pero como bien dice mi amigo Calderón (no el de la Barça) si no el que escribe en este magnífico medio desde Un lugar de Mallorca; la mayoría de nosotros solo piensa en comer, beber y bailar y que además salga el sol aunque sea por Trebujena, donde por cierto se rodó a finales de los 80 aquella maravillosa película de Steven Spielberg titulada El Imperio del Sol.
Espero y deseo por el bien de España que este señor, por decirlo de una manera educada y que miente hasta cuando habla en inglés, no vuelva a gobernar y que esta sea realmente, con perdón de la expresión, su última putada.






















