En aquella ocasión fue el viento el que se lo llevó; me refiero al de la famosa película de Victor Fleming rodada en 1939 e interpretada principalmente por Vivien Leigh, Clark Gable y Olivia de Havilland -que acaba de dejarnos este mes de julio-, y que se estrenó en España el 15 de octubre de 1962. Pues aquel viento se llevó muchísimas cosas pero no tantas como ahora.
Dejando el cine a un lado, está claro y en eso no habrá ningún tipo de discusión, que lo más preciado que se llevó, no el viento sino el maldito virus, fue la vida de 20, 30, 40, 50 mil personas ¿quién lo sabe realmente? ¿Lo sabremos alguna vez? ¿Por qué nos ocultan la realidad de lo que pasó y desgraciadamente sigue pasando aunque haya menos muertos? A partir de ahí, si cada uno de nosotros hiciésemos una relación de lo que hemos perdido en estos meses de este fatídico año bisiesto, tendríamos para escribir una enciclopedia.
Como siempre, hago mi lista particular e invito a que ustedes hagan lo mismo y al final lo comentamos si así os parece. Voy a enumerar una serie de cosas, comportamientos, usos y costumbres de enorme arraigos a los que desgraciadamente tendremos que decirles adiós definitivamente, es lo que pienso. Lo que más me llama la atención de toda esta enorme desgracia es la impunidad y el descaro con que los malgobernantes que padecemos, tienen cada día que amanece, que no es poco, con la indefensa ciudadanía. Se saltan a la torera todas las leyes, normas y reglas establecidas en nuestra Constitución, sin que desde el primero al último mequetrefe, se le caiga la cara de vergüenza, ni por supuesto presenten su dimisión, además como saben que no les pasará nada… Cada vez las mentiras, falacias y atropellos son más descarados.
El virus se llevó por delante el Coro Parroquial de mi pueblo y con él, la asistencia regular de fieles a los actos religiosos sobre todo a las misas dominicales. Se llevó también la alegría de los niños, la ilusión de los jóvenes, el porvenir de los adultos y sobre todo se llevó la poca esperanza que teníamos las personas mayores, que al final, si es que lo hay, seremos los que pagaremos la mayor parte de la factura que nos deje el “bicho”.
También se llevó por delante nuestro comportamiento mutuo con el resto de conciudadanos, la desconfianza en todo cuanto nos rodea, las relaciones sociales han desaparecido prácticamente y con ellas las partidas de dominó, chamelo o mau que se organizaban en las casas de la tercera edad, casas de los viejos, centros de envejecimiento activo o como quiera que se le llame en cada localidad. Las poquitas tertulias que quedaban en los bares, peñas y casinos de nuestros pueblos. Ya nadie se fía de nadie, porque nadie sabe exactamente por dónde te puede meter mano el virus. Otra buena costumbre que se llevó fue la de los besos y abrazos entre familiares y amigos, que aunque cada vez se practicaba menos, todavía se veían algunas muestras de cariño. De fútbol, toros, discotecas y demás eventos multitudinarios ni hablamos, entre otras cosas porque no me queda espacio.
Feliz resto de verano.






















