En otro capítulo de estas “memorias”, relato cómo fueron los años de la pos guerra, que yo pude vivir, puesto que nací en 1941: el hambre canina de todos los ciudadanos, nuestras carencias básicas vitales, que teníamos. En mi familia, que eran jornaleros y albañiles -mi padre era alfarero en un tejar propiedad de mi abuelo Curro, en calle Caleros, donde actualmente está la Empresa constructora de Manuel Laguna, que tuvo que cerrar por cuestiones ajenas a su voluntad. Después tuvo que buscarse la vida en diferentes trabajos, inclusive el de su oficio con el barro, haciendo ladrillos; previo el labrado de la arcilla, todo el cuerpo metido en la pila, con la humedad que se introducía en el cuerpo. Trabajo muy duro, que yo pude comprobar en mis vacaciones del colegio, y le ayudaba lo que podía. (Por cierto, en el tejar de Las Moritas, calle Paloma, a la edad de 13 años, mi padre me dio la alternativa de fumador: me dio un cigarrillo. Por poco me ahogo, de las fatiguitas que me dio. Luego fue “coser y cantar”, como se solía decir; estuve fumando hasta la edad de 54 años, o sea, 41 años fumando sin parar. Errores que se cometen en la vida, en forma de gracia paterna, y ya no fui capaz de quitarme hasta el 1995, el 7 de enero, concretamente).
El trabajo en los tejares, sólo se podía realizar en los meses de Mayo, Junio, Julio, Agosto y Septiembre. Si continuaba el buen tiempo, entonces podía seguir teniendo trabajo, pues una vez que se instalaba en Écija el mal tiempo, se acababa el trabajo y dejaba de llevar algún sustento a la casa.
Continuando con el protagonismo de mi padre, al que le debo cuanto fui en la vida: (él sacrificó su cuerpo, sus energías y sus facultades físicas para que yo pudiera estar estudiando hasta terminar lo que, en aquellos tiempos se llamaba “bachiller elemental”; no toleró nunca que me dedicara a un trabajo que supusiera esfuerzo físico, a mi temprana edad, algo muy común y normal, en las familias donde solo entraba, para su sustento, un sólo jornal: entonces todos los miembros, niños y niñas, que dejaban las escuelas a muy temprana edad, tenían que echar mano a trabajar en el campo o en los albañiles. Mi padre no lo permitió. Tanto mi hermana Luisita como yo, no tuvimos que dejar de estudiar. En consecuencia, gracias a su esfuerzo, nos libramos de ejercer trabajos de peones como otros muchos niños hicieron. (Ya más adelante detallaré cuál fue mi vida laboral).
Compaginaba su trabajo en los tejares, tocando en una rondalla de cuerdas, especie de orquestina, formada por su tío Manuel “El Ciego”, de la que formaban parte unos amigos de mi padre: Redondo, guitarrista; El Guita, que tocaba la bandurria; Enrique Armenta que tocaba el laúd y el violín. El Maestro Reverte, que fue abuelo de Juan Navarrete, tocaba la guitarra; el padre de Juan, que también tocaba el laúd o la guitarra, y mi padre, que tocaba indistintamente, laúd o bandurria. Esa rondalla tenía actuaciones en bodas o cualquier fiesta privada, por las que cobraban lo menos posible, porque los que le contrataban, la mayoría de las veces, andaban cortito de “jayares”; pero bueno, llevaba a la casa una ayudita que era bienvenida por mi madre. Ellos tocaban por afición mayormente
Mi padre, luego de haberse colocado a trabajar en la Factoría Textiles Reunidas Algodonera (como personal temporal, puesto que, una vez terminada la temporada, que duraba unos seis meses, todos los trabajadores eran despedidos, salvo los cinco fijos, que quedaban en la factoría para el mantenimiento de la maquinaria y oficina. Despido que consideraba mi padre injusto, sin derecho a ninguna clase de indemnización por despido ni desempleo. Así es como funcionaban las cosas en tiempos de posguerra. Luego al iniciarse la nueva temporada podían contar con ellos, si les parecía a la empresa, para otros seis meses. La citada Factoría de Algodón procedía de Cataluña. Mi padre acabó su vida laboral trabajando en la industria del mueble; concretamente en la Empresa de Muebles INSOL, que fundó el magnífico empresario y mejor persona, Pepe Herrera, quién trataba al personal como si fueran de la familia: les pagaba de manera justa y puntual, y sin necesidad de tener que echar a nadie a la calle. Llegada su edad reglamentaria, se jubiló, y vivió junto a su familia tranquilamente. Aunque, debido a la irregular cotización a la S.S, por parte de las empresas que le contrataban, le quedó una miserable pensión.
*NOTA. El final de su vida fue muy cruel. Todos los trabajos que tuvo que realizar en aquella época «hambruna» de pos guerra, le pasó factura y murió, tal día como el 5 de Julio de 1995, por una enfermedad, muy corriente hoy en día, y que se llama “enfisema pulmonar”. Muy mala muerte para aquella persona que le toca. D.E.P…. A los 25 años de su ausencia, que se cumplen por esta fecha, dedico a su memoria este preámbulo de “LAS COSTUMBRES, MODAS Y MODOS EN ÉCIJA, EN LAS DECADAS DE LOS 50, 60…






















