El dolor en el mundo aumenta sus tentáculos. Desde el confinamiento se han elevado los casos de alcoholismo, de pederastia, ha bajado la edad de los que caen en la red de los estupefacientes, y ha afectado a los niños.
Un eco de eternidad suena en el aire: “¿A quién queréis libre? Y la multitud enfebrecida sigue gritando, ¡¡¡Barrabás, Barrabás!!!”
El consejo preferido de San Juan Pablo II era que no tuviésemos miedo, sin embargo, eso es lo que impera hoy; y si la gente baila es para disimular. Otros son tan optimistas que parecen tontos. El miedo inquieto y sordo ya empezó en el Edén. El propio Jesús de Nazaret, por su parte humana, sabiendo lo que le esperaba, sintió tanto miedo en Getsemaní que sudó gruesas gotas de sangre que corrían hasta la tierra, sangre inocente y redentora.
San Pablo de Tarso: “Me fue dado un aguijón en mi carne para que no me enalteciera. Tres veces pedí al Señor que me lo quitara. Me dijo que me bastaba la gracia porque el poder se perfecciona en la debilidad”. El mundo rechaza esta santa resignación; quiere bailar, taconeo. Llorando a coro está porque se han suspendido muchas ferias.
El maestro dijo que venía a meter fuego en el corazón de los suyos para que ardiera. Hoy se confirman muchos jóvenes. Este sacramento es el punto de partida para empezar a hacer apostolado, pero, contrariamente, empiezan las apostasías. Bueno, también hay muy honrosas excepciones. El fuego está en pie de guerra por todo el mundo, y no se extingue. Cada verano nos ataca con más voracidad.
Los japoneses saben sufrir con estoicismo (fortaleza de carácter ante la adversidad; de nada). Ellos piensan que el sufrimiento les dignifica. En occidente se cree más bien que el dolor es semejante a un águila gigante, de garras afiladas que despliega sus alas sobre la haz de la Tierra para humillar y ensombrecer a sus habitantes.
Al principio, en el siglo IV de nuestra era acabaron las persecuciones de los romanos a los cristianos, y, seguidamente, empezaron las herejías o enfrentamientos entre los mismos hermanos.
Parece que el ser humano tuviera necesidad de enfrentarse a alguien, de tener un litigio pendiente. “¡Ahora se va a enterar este quien soy yo!”. O sea, el bien y el mal condenados a entenderse.
¿Creemos que a medida que pasa el tiempo la sociedad va mejorando? Echemos un vistazo hacia atrás. Alguien opinó de los alanos, de un pueblo que junto a vándalos y suevos invadió a España en el año 409: “Su dicha suprema es morir de vez en cuando… (?) lapsus (es que acabo de cumplir 86), quería decir, es morir en el campo de batalla. Morir de vejez en una cama es un oprobio y una cobardía. Matar a un hombre, ¡eso es heroísmo! Y atendamos al cronista Fredegario, que en el siglo VII cita palabras de la madre de un rey bárbaro, aconsejándolo: “Si quieres realizar proezas y ganarte un nombre, destruye todo lo que otros han edificado y mata a todos los miembros de aquellos pueblos que venzas”.
La historia es alternativa, cambiante y sorpresiva. Yo observo atónito la acción de los talibanes, y temo que tengan en mente invadirnos y hacernos otra vez “mozárabes”.
Andrés Aberasturi, conocido periodista, tiene un hijo, ya mayor, con parálisis cerebral. Vive en una residencia creada por padres de hijos con patologías como estas y similares. Ha escrito un libro sobre su hijo y de todos los inocentes que sufren sin haber hecho nada. Una noche de guardia no pude dormir -dice-, mirándolo empecé a llorar y lo único que se me ocurría era pedirle perdón. En el libro dice que estas personas poseen una belleza difícil de captar, pero que cuando llegas a descubrirla ya no dejas de verla. El misterioso lado extraño. “Yo miro a mi hijo y no sé si es Dios, pero sí creo que forma parte de Él. Es más, si existe un Dios es mi hijo, su mirada y las de sus compañeros son la esencia divina”.
Hoy los consumidores no estamos muy contentos pues el megavatio ha batido récord.
(Continuará)
José Calderón Barrios






















