¡Hola!, soy yo, el mismo, pero no el de antes; estoy aquí, en el mismo lugar de Mallorca, hundido en las profundidades del complicado mes de noviembre del 2023, oyendo ruidos de guerras y dentelladas humanas; gritos, protestas y albaceteñas navajas que brillan en la noche. Mallorca, en otro tiempo, isla de la calma, que, según los nativos, ha crecido y extendido muy a su pesar.
También oigo con dificultad. Estoy un poco sordo. Es propio de la edad. Todo está previsto; la sordera tiene su misión y es hacer que nos vayamos despegando, poco a poco, de este inaudito y asombroso mundo. Alguien me ha dicho al oído que el fantasma renovado del comunismo sigue recorriendo el mundo. Ya hace tiempo que K.G Rakovski, miembro del Comité Central del Partido Comunista de la URSS, sentenció: “El Comunismo no puede ser victorioso, si no ha suprimido la cristianidad aún viviente”. El último objetivo soviético permanece igual desde que Lenin declaró: “No importa que ¾ del mundo sean destruídas, con tal que la cuarta permanezca comunista”. Kruschev, por su lado, pronosticó: “Nosotros le enterraremos a usted… Sus nietos serán comunistas”. Realmente, la fuerza roja es imparable, porque se le ofrece al obrero un paraíso. El brazo utópico obrero avanza por doquier, portando en alto la hoz y el martillo. Los pueblos y barrios, hoy, son trozos de grandes urbes. Poco a poco el mundo se va uniformando, pero cuando el humano se acostumbra a pisar cómodas alfombras surge el envanecido, y si sigue pisándolas aparece el opresor, establece “el gobierno de los 30 tiranos” y demás secuaces; la gente sale huyendo como ratas en barco a pique.
Algunas mentes críticas ven de lejos que a nuestro Felipe VI lo convertirán en rey tributario a favor de las modernas taifas, y otras mentes más críticas opinarán: “Eso si no lo han convertido ya…”. Cualquier día sonarán mil trompetas, para anunciar la ira de Dios. “Dies irae”… Sí, ya sé que son muchas trompetas, pero es que hoy estoy cabreado (“o sea, ¿que cuando tú te cabreas suenan mil trompetas? No es eso ¡hombre! No es eso”).
El mundo sigue huyendo a su destino. En el puente –de dos ojos– el de la Constitución y la Inmaculada –cinco días– hubo cerca de ocho millones de desplazados, por tierra, mar y aire, para bailar al son que les toquen, y luego hartarse de sardinas “pinchásenunpalo”. En el último día, bailan con desgana, incluso a la pata coja, cansados; sin embargo, ya piensan en el próximo puente festivo. “Para eso hemos venido a la vida, para disfrutar”. Pura filosofía del dominguero Seat-600. Escuela del jardín –sálvese la lejanía–. Epicuro de Samos, voluptuoso, sibarita, comodón y regalado, tendencia hedonista. Esta es la vida de la que, actualmente, medio mundo se considera merecedor: comer, beber, evacuar, copular y roncar “atoapastilla”. La vida animal, tres funciones principales: nutrición, relación y reproducción.
Actualmente, se habla a Yahvé sin complejo de inferioridad, como en aquel tiempo ultraprimitivo le habló Caín: “Soy yo, acaso, el guardián de mi hermano”.
Los presocráticos observaban la naturaleza y les extrañaba ver cómo una fuerza invisible movía el ramaje de los árboles. En este mundo loco, en el maremágnum del ateísmo moderno, los niños no son tales, son viejos prematuros que reflexionan sobre cambiarse de sexo sin permiso de papá. Y los viejos manifiestos sólo somos esqueletos sin un euro en el bolsillo, sentados en una silla de anea con chinches, esperando a la hermana muerte, sin saber si ésta es un vacío oscuro y eterno o una luz al final de un túnel.
Voltaire, el ilustrado, decía que en poco tiempo la Biblia no existiría. Murió gritando, pidiendo un confesor, que sus adláteres no le proporcionaron. Abortorio. Este país va en cabeza. Europa viene a abortar a España, porque es gratis. En la ciudad de los 400 delitos diarios es donde más se lleva a cabo esta frustración. Hoy no se quieren ni a niños ni a viejos, porque su deporte favorito es hacerse caca por las “patas abajo”.
Los tiranos y seguidores –corazón de piedra– que mueven el mundo quieren guerra, más guerras. Nunca saciarán, malditos, su sed de sangre. Millones de jóvenes soldados avanzan, formados, enhiestos, por el campo abierto de batalla, con sus armas montadas… para enfrentarse a la muerte. Desde arriba, vigilantes, bandadas de aves instintivas, rapaces, necrófagas. El mundo es un campo de batalla, donde los buitres acechan.
José Calderón






















