¡Qué mala leche hay en el mundo!
Bías de Priene, un filósofo de moda en el siglo VII A.C., se atribuyó esta frase lapidaria: “La mayoría de los humanos son malos”. Y esto, después de estar varios años observando a la Naturaleza y a los animales, incluido el hombre.
El hombre sin Dios es un humanoide. El orangután es un hombre en camino. El hombre es un mono en apuros. El existencialismo del alemán Martín y Heidegger tiene muchas dificultades (fielen schwiriekeiten), pues no incluía a Dios en la organización del mundo.
Yo llevo muchos años observando y siguiendo el rastro del dolor. El sufrimiento forma parte de nuestra naturaleza. Decía François Fenelón, prelado y escritor francés caído en desgracia en la corte del rey Sol, que el que no ha sufrido no sabe nada, ni conoce el bien ni el mal, ni conoce a los hombres, ni siquiera se conoce a sí mismo.
Claude Tillier, novelista fr.,completa: “El hombre que no sufre es una máquina mal compuesta, una criatura defectuosa, un mutilado moral… un aborto de la naturaleza”.
Yo hice la segunda mili durante 16 años, en la guerra de Dios, en una residencia de ancianos. Allí, en un día, se puede aprender más que en una semana estudiando. Pogromo. Saqueo y matanza de gente indefensa. Ataques a grupos de judíos, con ánimo de exterminio, contando con la pasividad de a autoridad establecida. Netanyahu tiene tantos “humos” porque dicen los fanáticos que David Ben Gurión ha bajado a parlamentar con él.
Recuerdo una mañana, allá por la década de los 70 del siglo pasado, en el Hotel Bellver del Paseo marítimo de Palma, una señora, hospedada en este establecimiento, viuda, rica, argentina, aburrida; hablando con el conserje, me sorprendió una de las frases que dijo: “Yo creo que vendrá un tiempo en que los hombres, por las calles, se matarán unos a otros”. Ahora, cuando veo los telediarios me acuerdo de aquel presagio.
En las ciudades hay muchas zonas conflictivas, faltan gendarmes y equipos de defensa, y la gente, al ver que no hay suficientes guardias para establecer el orden, se atreve a enfrentarse a ellos. Los pueblos se revelan y gritan; a lo lejos se oye el vocerío de la turba que inquieta y alarma. La plebe, ebria, se enfrenta al poder. Un vecino de España llamó a la policía pidiendo ayuda, pues había delante de su casa, una numerosa pelea entre jóvenes; y, además del ruido y alboroto que hacían, le habían roto, de una pedrada, el cristal de una ventana. Mire, le contestó el poli de turno-, es sábado noche y hay trifulcas en varios puntos de la ciudad de NY; así que nos hemos visto obligados a limitar los servicios, y se ha convenido en que si en las peleas no hay sangre, no vamos.
“Cuidado con la gente, -dice el maestro (MT 10,16) porque os entregarán a los tribunales y os azotarán por mi causa”. Según psiquiatras y psicólogos, en España, un tercio (de tres partes, una) tiene la mente afectada. La familia hace tiempo que se está desmembrando, y es posible que de los propios hogares surja una nueva raza de bárbaros del Norte que cambie a la sociedad entera.
Cuando nos persigamos, levanta la mano derecha hasta la frente, significando que el Padre es lo más alto, respetable y adorado. Ahora, el mundo, quiere suplantarlo. Recuerdo, con tristeza, aquel chaval de 15 años que mató a sus padres porque le
habían quitado el móvil por mal estudiante, y además, tendría que trabajar en el huerto.
¡Uy, uy! A quién se le ocurre privar del móvil a un chaval de su edad, y además ponerlo a trabajar, ¡Vamos, vamos…! Lo primero que hizo, al verse solo en la casa, fue encasquetarse al batín del padre y así estuvo tres días, gozando de la tierra conquistada por “manus militari”, comiendo, sentado ante la tele y juegos digitales… hasta que le descubrieron.
Pobre juventud, que ignora la grandeza de la humildad y la inutilidad de la violencia. El gran actor, Robert de Niro, que creo desconoce el aforismo del maestro Sócrates: “Yo sé, pero lo mejor que sé, es que sé que no sé”, reflexiona desde que su nieto Leandro murió con sólo 19 años, por una sobredosis, tras haber ingerido, aspirado o inyectado bromazolam, ketamina, cocaína, alprazolam, 7aminoclonaceplam y pastillas de fentanilo, éstas, adulteradas. “Esto nunca debería haber pasado”, exclamaba entristecido el intérprete de “No somos ángeles”. ¿Pero qué opinaría el tatarabuelo paterno -tercer abuelo- de Leandro? No diría nada, lloraría, confundido.
En 2023, en nuestro país, 7.700 incendios, la mayoría intencionados. En la antigua Grecia surgieron personajes sabios a los que la gente pedía consejos.
Coincidían tres con parecidas máximas, Solón de Atenas: “Nada en exceso”, Periandro
de Corinto: “Ante todo, prudencia”, y Cleóbulos de Lindos: “El mayor bien es la moderación”. Sin embargo, muchos siglos después, un personaje magnífico, pobre paupérrimo, Francisco de Asís, llegó más allá de estas conclusiones griegas cuando afirmó: “Yo necesito poco para vivir, y de este poco necesito menos”. Y los consumistas
del lugar se quedarían desconcertados, en silencio.
Yo resumiría este artículo con esta moraleja deductiva:
“¡Si no hay sangre, no vamos!”
(Continuará)
José Calderón






















