En este nuevo capítulo me permito recurrir al proemio, para advertir que el mundo se está llenando de personas que piensan que de Nazaret no puede salir nada bueno. En muchas iglesias están desapareciendo los reclinatorios de las bancas, porque queda poca gente que quiera arrodillarse ante el Hacedor del mundo. Ellos mismos se consideran dioses, cuyos síntomas son: “Yo ya lo sabía que esto sucedería, yo lo previne”. Y añade la bestia: “Tú no sabes con quien estás hablando”. Un día, haciendo proselitismo, me atreví a preguntar a uno, que desde cuándo no iba a misa; y me respondió, escueto y convencido, que a él no le tenía que decir nadie cuando se tenía que sentar y cuando ponerse en pie; que él ya había hecho la mili. Y es que desde que leí los últimos versos de la
carta de Santiago me empeño en salvar a alguien para mi propio provecho. El apóstol dice: ”Quien convierte a un pecador de su errado camino salvará su alma de la muerte”. Yavé saca discípulos hasta de las piedras y a sus creaturas naturales, sus segundas causas, las emplea para atender a sus predilectos, a Elías, Pablo de Tebas, San Antonio Abad, etc., cuando alejados del mundo, en una cueva, un cuervo les lleva cada día medio pan. San Roque, atendiendo a los apestados, se contagia y se esconde en un bosque para no contaminar a otros. Un perro le lleva pan y ropa. A Don Bosco, salesiano, un perro de raza, aparecido furtivamente, le acompaña como si fuera un guardián Trablisa.
El creador del mundo hace maravillas por aquellos que buscan su Reino y su justicia. Vivimos en un mundo desquiciado por falta de fidelidad y de fe. Los periódicos traen noticias aterradoras, en Siria 450.000 muertos, 5 millones de refugiados, 6 millones de desplazados… y continúa la guerra de la vergüenza. En otro periódico vi una imagen que todavía “orbita” en mi mente. En África, en las afueras de una ciudad del Sahgel, en un descampado, una niña esquelética, sola, desnuda, agoniza mientras un buitre, a dos metros de distancia, espera paciente que el espíritu de la niña vuele.
Los perros mudos de Isaías -los falsos profetas del Antiguo Testamento- se escondían porque no querían “ladrar” contra el poder establecido. Profeta es “el que dice a su tiempo, contra su tiempo, lo que Dios manda decir”. Ningún hombre vivo es inocente ante Dios. Vivimos en una sociedad de locos, donde los niños de ocho años ven porno, ¡Cuántas ruedas de molino harán falta! El 12% de los padres de Ibiza permiten a sus hijos fumar porros; el 30% de los menores que beben alcohol dicen que se tomaron su primera copa con sus propios padres (periódico El Mundo de Baleares, 22 de marzo, 2018, página 12).
Dios creó la luz, pero el hombre, por haber sido creado a imagen y semejanza de Él, creó la luz eléctrica. Muchos siglos antes, en la revolución del Neolítico, había inventado la rueda, que lo puso en marcha hacia el progreso, sin embargo, el progreso mal administrado es el camino de regreso a la barbarie. Vivimos en una sociedad alienante. Si no estuviéramos locos se hablaría el mismo idioma en todo el mundo; sí, en todo, pero lo impide el “Yo soy más que tú”, y la maldad y soberbia de algunas razas que pueblan la Tierra. Nada más que en la India, se hablan más de 1.000 dialectos y lenguas.
Las cosas que nos quedan que ver serán las consecuencias de las que ahora estamos viendo; y temo que veremos tantas que correremos el riesgo de quedarnos bizcos. ¿No has observado que la decisión de unos cuantos provocan guerras que generan millones de muertos? Unos meses antes de que fuera elegido Papa, el cardenal Wojtila dijo: “Estamos ante el más grande combate que la humanidad ha visto jamás. No creo que la comunidad cristiana lo haya comprendido totalmente. Estamos ante la lucha final entre la Iglesia y la anti-Iglesia, entre el Evangelio y el anti-Evangelio”.
El ejército materialista de los “pneumatómacos” -los que combaten al espíritu- están logrando conquistas fulgurantes. Los cristianos, “el Resto”, se tienen que desenvolver en territorio enemigo, rodeados.
(Continuará)
José Calderón, soldado de la Quinta columna en la guerra de Dios.
Palma de Mallorca






















