La excursión que año tras año organiza la Asociación de Amigos del Instituto Nicolás Copérnico, comandada por Ricardo Aguilar con la incondicional asistencia de Paco Caballero, Manolo Parejo y Manuel Marín, este julio de 2018 ha visitado las comunidades de Castilla-León, Galicia y Asturias.
Dicha excursión ha estado a la altura de nuestras expectativas, dado el excelente nivel de calidad alcanzado en todos los aspectos del viaje y el ejemplar comportamiento de todos sus componentes, desde Pepe, el dinámico conductor del autobús, hasta la señora Lomas, incansable, a pesar de sus ya bien cumplidos setenta años.
A decir verdad, tampoco le ha faltado a la excursión un discreto elemento de riesgo (escalar un tramo rocoso de pendientes casi verticales, húmedas y resbaladizas, con la ayuda de una cuerda atada a dos postes laterales). Este trayecto, hay que decirlo, estaba catalogado por la guía turística de “dificultad media-alta”. No fue fácil sobreponerse a esa media-alta dificultad del ascenso; pero una vez superada por los pocos que nos atrevimos con ella, el grupo ha visto notablemente incrementada su autoestima, hasta tal punto que, ahora, esta excursión se ha convertido en algo más que en un recomendable viaje cultural.
Pues bien, una mañana, paseando por Zamora, la ciudad del Duero, la tierra del románico y el paraíso terrenal de mi admirada Carmen Baena, me topé con una librería que era, al mismo tiempo, charcutería, tienda de alimentación, ferretería y almacén de recuerdos de todas clases. Allí, en aquella librería, encontré un librito (Peñafiel, 2015), cuyo título reza así: “Refranes y dichos populares en torno a la cultura del vino”.
Por tratarse de un refranero (compendio de sabiduría popular), por la delicadeza del autor a la hora de redactar el título (“cultura del vino”) y por su precio asequible (seis euros), lo compré inmediatamente.
-Se está forrando el chiquito este –me aclaró la dependienta, una señora de mediana edad, alta, delgada, peliblanca y de agradable sonrisa.
-No lo dudo –le respondí, aunque lo hice solo por cortesía, pues ni entendí entonces ni entiendo ahora, cómo se puede forrar alguien que vende libros de refranes sobre la cultura del vino a seis euros el ejemplar.
Ya en el autobús, en los trayectos en que me fue posible, traté de hincarle el diente a lo que en principio se presentaba como apetitosa vianda. Luego, analizado más detenidamente, sin ser gran cosa, comprobé que el libro no estaba mal, si teníamos en cuenta que el conjunto, además de los refranes, siempre interesantes, poseía una didáctica introducción, una variada clasificación temática y un breve glosario que contribuía a despejar cualquier clase de duda sobre el contenido.
Pero para mí, lo peculiar de este libro es que al citar uno de los muchos refranes que contiene, alude a su creador, el ecijano Bizco Pardal. El texto (pág. 72), que cito e su totalidad, es el siguiente:
A la vuelta lo venden tinto.
Suele ser difícil saber de dónde proceden estas frases tan populares, pero en este caso hay quien afirma que se originó cuando el torero José Ortega, Joselito, dándole unas monedas, le pidió al Bizco (Pardal), personaje popular de Écija, que fuera a comprar unas cosas. Cuando este volvió, el torero le pidió la vuelta, a lo que el Bizco contestó:
-¿La vuelta? A la vuelta lo venden tinto.
En fin, me pareció que podría ser interesante el hecho de que un ecijano, el Bizco Pardal, del que apenas sabemos nada en Écija, apareciera citado en un libro de refranes sobre el vino, escrito en tierras de Castilla.
A raíz de esta anécdota he llegado a pensar si no sería bueno que las frases y las imágenes de algunos hombres y mujeres ilustres de Écija o vinculados a Écija (Garci Sánchez de Badajoz, Cervantes, Vélez de Guevara, Bizco Pardal, Tomás Beviá, Pepita Tomás…) pasaran a formar parte de la ornamentación de nuestras calles, por lo general, desprovistas de este recurso estético.
Si así se hiciera, las frases más destacadas de estos autores, seleccionadas en virtud de su gracia, ingenio o por profundidad, y sus imágenes, portadoras de algún mensaje, situadas en las plazas públicas, contribuirían no solo al fomento del turismo en Écija, sino al incremento del acervo cultural de los ecijanos, siempre necesitado de mejoras.






















