spot_img
viernes, 31 julio 2026

955 904 771 · 619 850 389 · info@ecijadigital.es

spot_img
InicioSeccionesHABLAR POR HABLAR.- GANAR EN LOS CORNIJALES.- Francisco Martínez Calle

HABLAR POR HABLAR.- GANAR EN LOS CORNIJALES.- Francisco Martínez Calle

Mi buen amigo Jesús es hombre comedido, prudente y muy amable, al que conozco desde hace muchas excursiones al norte de España. Cuando en alguna ocasión nos hemos reunido para tratar cualquier asunto, Jesús solo interviene si es para sugerir un nuevo enfoque o apuntar una solución diferente, siempre cargada de enorme sentido común.

            Pues una mañana de finales del tórrido mes de julio pasado, hallándonos de viaje por tierras de Zarauz (Guipúzcoa), cuando aún no era la hora del alba y un poco antes de iniciar el regreso a la calurosa Écija, coincidí con Jesús en el salón del hotel destinado a alojar las maletas de los pasajeros, mientras estos tomaban el desayuno. Allí, en ese salón, entre las conversaciones de los que buscaban el lugar más adecuado para depositar su equipaje, oigo a Jesús que con su característica calma, aunque no exenta de firmeza, responde al comentario, tal vez impertinente, de otro excursionista:

            -Pues a mí, ni ahora que ya soy mayor ni antes, que era joven, nunca me ha ganado nadie en los cornijales.

            Interesado por la expresión que había utilizado Jesús, espero el momento oportuno para dirigirme a él:

            -¿Qué es eso, Jesús, de “ganar en los cornijales”.

            -Hombre, pues eso es muy sencillo –me responde, satisfecho, por haber captado mi atención-. Mira, Paco, en el campo, los cornijales son los finales de las besanas, en los que por su estrechez e incomodidad, resulta muy difícil ejecutar la labor tanto a las yuntas como a los yunteros que las dirigen.

            Está claro que Jesús, al hablar de los cornijales, ha querido comparar las dificultades que estos representan para los trabajadores del campo con la incomodidad de un viaje de más de 50 personas, de una semana de duración, tras haber recorrido más de 1000 Km. y haber visitado cuantas iglesias, palacios y monumentos se han puesto a su alcance.

            -Pues sí, Paco –continúa Jesús-, yo, donde quiera que he estado, he tratado siempre de cumplir con todas mis obligaciones, por desagradables que hayan sido.

            -Te creo, Jesús.

            -Por eso, mientras pueda, trataré de ser tan puntual como el primero. ¿Entiendes ahora por qué he dicho eso de los cornijales al señor del comentario?

            -Lo entiendo perfectamente, Jesús; pero comprenderás mi extrañeza, por no ser hoy muy frecuente el uso de la palabra “cornijal” y, menos aún, la locución “ganar en los cornijales”.

No habíamos acabado la conversación cuando, súbitamente, aumenta el número de viajeros que van y vienen haciendo observaciones variadas acerca de lo intempestivo del horario y la ubicación del autobús. Al mismo tiempo, se difunde entre el grupo la noticia de que en ese momento llueve en Zarauz con cierta intensidad. Alguien, entonces, deja caer que en Écija, apenas ha amanecido y ya están a 27 grados.

Con la llegada de la claridad del día, aumenta el nerviosismo, se producen las últimas carreras previas al viaje, se eleva el tono de voz de los viajeros; se generaliza el ruido metálico de las ruedas de las maletas…

Mientras Pepe, nuestro experimentado conductor, carga ordenadamente los equipajes, los viajeros ocupan sus puestos en el autobús, ya fijados desde el primer día. En seguida, tras la orden de Ricardo y los breves acelerones de rigor, el autobús, con decisión, abandona el aparcamiento del hotel camino del convento de Santo Domingo de Silos, para mí, motivo más que suficiente para justificar la excursión.

El monasterio de Silos, perdido en mitad de un valle despoblado, además de cuna de la lengua castellana y excelsa representación del estilo románico, es silencio reconfortante, tiempo ordenado, meditación profunda, pulcritud generalizada… Y es también un esbelto ciprés, sigiloso y centenario, símbolo de la mucha espiritualidad del lugar.

Sobre este ciprés, el poeta Gerardo Diego compuso en 1924 un hermosísimo soneto cuyo primer verso dice así:

Enhiesto surtidor de sombra y sueño…

 

Transcurre un largo y cansado día y diez horas más tarde, ya en Écija, me despido de Jesús:

-Que nada nos impida viajar el año que viene, amigo Jesús, porque viajar merece la pena.

-Desde luego, amigo Paco. Y no olvides lo que hemos hablado: mientras pueda, yo procuraré ganar en los cornijales, como tengo por costumbre.

                                                                                  Francisco Martínez Calle

 

ARTÍCULOS RELACIONADOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img