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Hablar por hablar.- El herrero de Fuentes.- Francisco Martínez Calle

La introducción al libro “Alfajores de Écija” (Sevilla, imprenta de Francisco de Paula, 1909), de Manuel Ostos y Ostos (Écija, 1867 – 1914), no es más que una dedicatoria del autor al Ayuntamiento de su ciudad natal y, al mismo tiempo, una solicitud de autorización para la publicación del citado libro.

            En dicha introducción, el señor Ostos y Ostos rinde pleitesía a todo lo ecijano, comenzando por Garci Sánchez de Badajoz y Luis Vélez de Guevara, en un lenguaje no exento de gracejo y plagado de locuciones, frases hechas, refranes y paremias de todas clases. De entre todas ellas, que son muchas, ha llamado mi atención de manera singular la siguiente: “El herrero de Fuentes”, la cual, como ahora se verá, no es tan simple como yo creía.

            Viene recogido el dicho en la pág. 3 de los “Alfajores…” y dice así:

 

No sé si este continuo machacar me habría colocado a la respetable altura del herrero de Fuentes, de quien se dice que de tanto machacar se le olvidó el oficio (…).

 

Movido por la curiosidad de lo ocurrido al herrero de Fuentes (a quien sin

fundamento lo hice natural y vecino del cercano pueblo de Fuentes de Andalucía), inmediatamente consulté el libro “El porqué de los dichos” (Iribarren, 1954: 462) en donde se nos relata la historia que a continuación transcribo:

 

Este dicho moteja de torpe en grado sumo a la persona que cuanto más se ejercita en una faena, acaba por desempeñarla peor (Fuentes de la Alcarria es un pueblo perteneciente a Guadalajara).

 

Pero hecha esta aclaración acerca del origen del herrero, el texto de Iribarren

continúa proporcionándonos más información respecto al dicho:

 

El dicho varía de personaje según las regiones. Unas veces lo aplican al herrero de Mazariegos (Palencia), y otras, al de Quintanapalla (Burgos) o al de Yanguas (Segovia).

 

Por último, “El porqué de los dichos” nos advierte de lo siguiente:

 

Parecido al dicho de “El herrero de Fuentes” es el de “El tamborilero de Bodonal” (Badajoz) que tocando, tocando, se le olvidó tocar.

 

Y otra información más nos proporciona Iribarren sobre herreros, aunque ésta con diferente argumento:

 

La justicia de Almudévar (Huesca): páguelo el que no lo deba.

 

Este último refrán solo se entiende si se sabe que al herrero de Almudévar, tras haberse comprobado que mató a su mujer, le fue perdonada la vida, al ser el único del pueblo con esa profesión, imprescindible en el medio rural. En su lugar fue ejecutado un tejedor de los muchos que había en Almudévar, por lo que su desaparición pasó inadvertida para los campesinos.

            Espoleado por los buenos resultados de “El porqué de los dichos”, consulté también el “Refranero General e Ideológico Español” (1989) y el “Diccionario de la Lengua Española” (2014), en los que nada hallé sobre ningún herrero de Fuentes de ningún sitio.

            Interesante, pues, la historia de herreros a la que don Manuel Ostos y Ostos recurrió en sus “Alfajores de Écija”, un libro excepcionalmente rico en información histórica diversa y en toda clase de expresiones populares.

 

Francisco Martínez Calle.

 

 

 

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