En cualquier lugar de España, y, por tanto también en Écija, es frecuente oír cosas como las siguientes: amoto, arradio, amarrón, afusilar, estijeras, aluego, endespués, enantes, endenantes, demientras… Son las denominadas prótesis lingüísticas (sílabas añadidas al comienzo de una palabra) que, si bien es verdad que su aparición es constante en la lengua coloquial, no son aceptadas en la lengua formal.
Al tratar de justificar su presencia en el sistema de la lengua, algunas ofrecen una fácil explicación, pero otras se resisten, y hay que trasladarse a épocas remotas para hallar la causa que las originó. Como con un botón es suficiente para muestra, nos limitaremos a analizar algunos de los términos referidos anteriormente, teniendo en cuenta que, en última instancia, es el uso el único que autoriza la aceptación de unos vocablos y el rechazo de otros.
Sea, por ejemplo, el caso de afusilar. Parece claro que si de viento (sustantivo) se origina aventar (verbo) y de mueble (sustantivo), amueblar (verbo), ambos aceptados por el lenguaje culto, de fusil (sustantivo) se obtiene afusilar (verbo) que, sin embargo, la lengua culta lo rechaza. Igual que a afusilar, le ocurre a estijeras, por citar otro caso, también un vulgarismo inaceptable.
Respecto a amoto y arradio (ambos sustantivos), parece justificarse la presencia de la prótesis vocálica a, porque las personas analfabetas (ni leen ni escriben) no distinguen con claridad su origen. Es decir, no saben si el nombre es moto y radio o bien amoto y arradio que es lo que parece oírse cuando van precedidos del artículo la.
En cuanto a, amarrón, usado en lugar de marrón, adjetivo con el que designamos al color castaño, tal vez su uso se deba a la confusión con otro amarrón, también adjetivo, coloquial y despectivo, con el que calificamos al jugador que no arriesga por miedo a perder.
En el resto de los vocablos mencionados, en su composición, se da siempre la adhesión inicial de preposiciones a determinados adverbios: aluego (a + luego), endespués (en + después), enantes (en + antes), demientras (de + mientras). A estas construcciones podríamos añadir enenantes (en + en + antes), denantes (de + en + antes) y alguna que otra de aparición más escasa. Se trata de fósiles lingüísticos que hoy son recogidos en el diccionario académico, pero inusuales en el lenguaje cuidado (endespués, enantes, en denantes) o, simplemente, son vulgarismos (aluego, demientras).
En definitiva, parece claro que hay que actualizar nuestro vocabulario y utilizar solo aquellas palabras recomendadas por los diccionarios, dado que nuestra obligación como castellano-hablantes es producir textos que, además de otras cualidades imprescindibles, como la coherencia, la cohesión y la adecuación al momento, sean correctos, según las normas de la lengua española.























