Pues no habían pasado muchos días desde el “esgargolamiento” de Antonio, cuando mi buen amigo Fernando, siempre sensible y últimamente afectado por las secuelas de una neumonía invernal, un lunes cualquiera, nada más llegar al gimnasio por la mañana bien temprano, nos suelta a bocajarro: Hoy estoy “embeleñao”.Como quiera que capté, inmediatamente, lo que yo, en principio, creí que era un exabrupto, le pregunté a Fernando sin pérdida de tiempo por la cuestión:
-Buen hombre, ¿de dónde has tomado el término “embeleñao” del que no tengo, ni remotamente, noción de su significado ni con qué otra palabra puede estar relacionado?
Como en la actualidad, el móvil, un ordenador diminuto, nos lo arregla casi todo al instante, lo primero que hacemos es echarle una ojeada al Google. Por esta fuente nos enteramos de que beleño es una planta, cuya raíz, especialmente, es narcótica.
También ahora, como en otros casos, el Diccionario de la Lengua Española (2014) nos ha sacado de dudas: De beleño (‘veneno), un sustantivo, procede el verbo embeleñar (‘echar beleño a alguna comida’, ‘envenenar’) y de embeleñar, nos llega su participio embeleñado (‘envenenado’) o, si se quiere, “embeleñao”, más coloquial.
O sea, que Fernando, lo que nos vino a decir con esa expresión hoy tan inusual era que esa mañana, bien por ser lunes, bien por los efectos de las medicinas, bien por cualquier otra circunstancia que a nosotros se nos escapa, se encontraba adormecido, falto de fuerzas, como si estuviera envenenado.
En fin, como en tantísimos otros casos analizados, todo absolutamente normal. Normal, por cuanto el paso de las generaciones renueva casi imperceptiblemente el vocabulario de la sociedad. De ese modo, muchas palabras pasan progresivamente de ser usuales a inusuales y así hasta desaparecer. El vacío léxico que dejan esas palabras en el idioma pasa a ser ocupado por otros vocablos de reciente adquisición, ya sean producto de la creatividad de los nativos o bien de la aceptación de préstamos de otras lenguas.
Pues restaurar términos ya anticuados, como el utilizado por Fernando, y ponerlos a disposición de los lectores es una gratísima actividad que a mí tanto me gusta.
Francisco Martínez Calle






















