Al marchar para Sevilla, DON ALFREDO GASTALVER, al haber ascendido a la categoría de Magistrado, quedó vacante la plaza de Juez titular, razón por la cual, estuvo actuando de Juez de 1ª Instancia é Instrucción del Partido, el que era del Juzgado Municipal de esta Ciudad, DON LUIS SERRANO GUZMÁN,(*) hecho que se producía en otras ocasiones, por ejemplo, cuando el titular disfrutaba de algún permiso o por cualquier otra ausencia.
(*) DON LUIS SERRANO GUZMÁN. Considero justo, oportuno y necesario dar mi visión sobre este caballero de la Justicia, que si bien no alcanzó la categoría de Juez de Instrucción, por haberse jubilado con antelación a la entrada en vigor de la nueva norma, según la cual, desaparecían los Juzgados de Distrito (que antes fueron Municipal), y se convertían en Juzgados de 1ª Instancia é Instrucción, por lo que los Jueces, de facto, pasarían, junto con el Juzgado en el que actuaban, a la categoría de Jueces de 1ª Instancia é Instrucción.-
No obstante, DON LUIS SERRANO, demostró a lo largo de su vida, ejerciendo su cargo de Juez Municipal, primero, y de Distrito después, sus aptitudes, capacidad, saber y conocimiento necesarios para ejercer el cargo de Instrucción y Primera Instancia del Partido Judicial de ÉCIJA, (no en balde impartía clases particulares, en su propio domicilio, a quienes preparasen la carrera de Derecho o de judicatura). Es decir, el partido judicial de ÉCIJA, con DON LUIS SERRANO, siempre tuvo la mejor representación. Sus resoluciones, algunas modélicas y ejemplares, en cuanto al contenido de los razonamientos jurídicos, é interpretación justa de leyes y doctrinas legales.
¡¡LOA!! A LA MEMORIA DE TAN MAGNIFICO Y HONESTO SERVIDOR DE LA ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA, DON LUIS SERRANO GUZMÁN, Q.E.P.D
DON RICARDO ALCAIDE ALONSO.- Sin poder precisar fecha concreta, sí puedo afirmar que la plaza vacante a lo largo del año 1958, fue cubierta por DON RICARDO ALCAIDE ALONSO, natural y vecino de Santa Cruz de Tenerife, que llegó a ÉCIJA, con la categoría de Juez de 1ª Instancia é Instrucción, de ASCENSO (este Juzgado estaba considerado en la categoría de TÉRMINO).
La primera impresión que causó Don Ricardo en el personal, -aún reciente el recuerdo que nos había dejado Don Alfredo Gastalver-, fue la de un señor amable, campechano, con aspecto de bonachón, de sentimiento abierto y educado y muy tranquilo. Sus conocimientos, capacidad, aptitudes y competencias, los llegaríamos a conocer a lo largo de los primeros meses ejerciendo el cargo.
Para aquél momento yo, con la ayuda de Enrique y otros compañeros, entre los que cito a Antonio Caro y a Manolo Llagas, me encontraba lo suficientemente preparado para hacer labores de auxiliar, aunque sin la titulación correspondiente. Por lo tanto, Continuaba enfrascado en los estudios del programa de temas, que probablemente exigirían en los exámenes, cuando se convocaran las oposiciones. Sin abandonar la constante práctica de mecanografía. Don Ricardo, una vez tomado contacto con el personal, conforme con las funciones que cada uno tenía que desarrollar, me designó para las ocasiones que debías dictar sentencia o cualquier otra resolución de fondo, tanto en materia CIVIL como PENAL, lo que hacía en su propio despacho. En otras ocasiones me dictaba declaraciones de los denunciados y testigos en el orden PENAL. Con lo cual iba adquiriendo unos conocimientos materiales en la tramitación de los procedimientos, que a la larga resultarían de mucha importancia y muy necesarios para mi formación.
*.NUEVO MÉDICO FORENSE. Después de algún años vacante la plaza de Médico Forense del Partido, por fin se cubrió por el Doctor DON HUMBERTO DIEZ RENESES, que además pasaba consulta en el Ambulatorio de esta Ciudad. Un abulense de la histórica Ciudad Arenas de San Pedro, que desde un primer momento, fue recibido con agrado tanto en el personal de ambos Juzgados, como en la sociedad ecijana, por su carácter abierto, educado y campechano. Muy joven, soltero, que vivió la vida en Écija desde su toma de posesión. En el tiempo que lo traté jamás lo encontré serio, siempre tenía buen humor. Muy amigo de Pepe El Negro, era un asiduo visitante de su bar, con quien trabó una estrecha amistad, cuyo bar estuvo instalado frente al Bar Pelón. Contrajo matrimonio con una ecijana, hija de una familia acomodada de la Ciudad. Ignoro todo lo concerniente a su vida, después de marcharse de Écija, a Canarias. Personalmente le puedo agradecer el hecho de que me dejara presenciar una “autopsia” del cadáver de alguien que había fallecido envenenado. Fue la primera y última autopsia que presencié. No recomiendo a nadie ese desagradable acto. Inenarrable todo lo que presencié. Tenía cierta curiosidad de saber en qué consistía esa operación, una vez que lo supe, adiós a la curiosidad. Confieso que durante mis más de cuarenta años al servicio de la administración de Justicia, no tuve que presenciar ninguna diligencia de autopsia más; asistí obligatoriamente a algunos levantamientos de cadáveres con el juez de turno; no he podido escabullirme, por la falta de personal, en las ocasiones que tuve que acompañar al Juez. Confieso que la visión de un cadáver es algo que no puedo soportar.
PRIMERA OPORTUNIDAD.-AÑO DE 1959.- Con dieciocho años recién cumplidos, acudí por primera vez a unos exámenes de las oposiciones a la Administración de Justicia, en el que aprobé el primer ejercicio de mecanografía, que consistía en copiar un texto que te facilitaba el tribunal, en el término de quince minutos. Lo aprobé con una puntuación importante, para los nervios que yo llevaba y lo poco que conocía la máquina que tuve que alquilar en una academia de Madrid. Sin embargo el segundo ejercicio que consistía en responder a dos temas teórico, sobre organización de tribunales y reglamento de funcionarios, así como otro de carácter práctico, sobre una diligencia judicial, no logré superarlos y sentí una gran decepción. Los exámenes se celebraban en aquellas fechas en Madrid, en el Tribunal Supremo, Sala de Procuradores.
Quizás no me preparé lo suficiente. O no estuve concentrado en los temas, por lo que me despistaría y fracasé.
MI HERMANA LUISA.- Después de esa desafortunada experiencia, ocurrió un hecho muy nefasto en la familia, que me traumatizó hasta límites insospechados para la vitalidad que tenía en la recién estrenada mayoría de edad: la pérdida de uno de los seres más importante en mi vida, mi hermana LUISA. A la edad de diecisiete años, se fue en una semana, debido a una perforación en forma de peritonitis, en plena feria de septiembre. En aquellos momentos pensábamos que había sido una negligencia médica, quizás fuese cierto, porque recuerdo que el médico que la asistía, no se daba cuenta de que los síntomas de mi hermana, correspondían a una apendicitis simple, y a los dolores que la pobrecita decía tener, el doctor recomendaba a mi madre que le pusiera irrigaciones con agua caliente, para que pudiera romperle el cólico que él aseguraba le aquejaba. Nunca hemos creído culpable al doctor de la muerte de ella, ni mucho menos, teníamos el convencimiento que Dios así lo había querido. Su muerte dejó a la familia con un dolor insuperable. En mi caso personal me sentí totalmente destrozado, anímicamente. Perdí todo interés por cualquier actividad, sin ganas de continuar yendo al Juzgado, tras el fracaso en las oposiciones, y la ausencia de mi hermana, el espíritu de negatividad que se instaló en mi mente, me dejó incapacitado para tomar ninguna iniciativa. No era capaz de asimilar tan injusta pérdida: mi hermana, mi compañera de juegos, confidente de tantas penas, alegrías y vicisitudes que pasamos juntos, en la infancia, más tarde en la adolescencia. Sobre todo por lo buena niña que era: cariñosa, noble, dulce… siempre de buen humor, jamás la vi enfadarse por ningún motivo. Nunca una mala respuesta o falta de respeto a nadie; fue los pies y las manos de mi madre, a quien ayudaba en las faenas de la casa y en crianza de mis dos hermanos pequeños: Loli y José Ignacio. O sea, mujer para todo y niña, -más tarde joven-, para nada. No tuvo tiempo alguno de disfrutar de los juegos y placeres de esta vida. Su madre, inconsciente egoísta, siempre la tenía ocupada, y no le permitía divertirse. ¡Qué pena! Dios la quiso muy pronto para ÉL…
FINAL DE UNA DÉCADA.- Estando en aquél estado psicológico, mantuve unas conversaciones con unos amigos, a los que hacía largo tiempo no veía, quienes me dijeron que estaban haciendo el servicio militar voluntario, con el objetivo de hacer carrera militar en el ejército de tierra, concretamente en el acuartelamiento denominado ESCUELA DE APLICACIÓN Y TIRO DE ARTILLERÍA, con sede en Fuencarral, Madrid, en la que por medio de los cursos correspondientes, podrías obtener la graduación máxima de Sargento, una vez conseguido, ingresar en la Academia Militar correspondiente y obtener la graduación de oficial (Alférez de complemento), una carrera que, en principio parecía asequible e ilusionante. A la vista de esa propuesta, y siguiendo los consejos de estos amigos, me replanteé seriamente mi vida futura, que no iría encaminada precisamente en el Juzgado. Después de no haber aprobado las oposiciones, con el estado anímico por los suelos, “arremoliné” mi cabeza y decidí presentar mi solicitud de ingreso voluntario, en aquella Escuela Militar. Tuve la ilusión de hacer carrera allí, porque, según me decían, “en poco tiempo podía ascender a sargento, ingresar posteriormente en la Academia Militar, donde a través de unos cursos, ascendería a alférez de complemento, y de ahí en adelante, lo que fuese capaz de aguantar.
-ELLA fue.- Lo que significó para mi familia, especialmente para el autor de estas memorias, creo que, meridianamente claro se refleja en esta instantánea de LUISA RODRÍGUEZ GONZÁLEZ. “La cara es el espejo de su alma”…¡pues eso!…D.E.P.






















