Después de ocho años al servicio de la Administración de Justicia, como Juez de 1ª Instancia é Instrucción de ÉCIJA, Don Ricardo Alcaide, cesó, al ser ascendido a Magistrado, para ocupar plaza como tal en Las Islas Canarias, concretamente en Santa Cruz de Tenerife. Fue despedido con un almuerzo homenaje, en las instalaciones del Hotel Central, en cuyo acto, por diferentes profesionales del Derecho, se le dirigieron palabras de despedida, loando y alabando su trabajo en Écija, durante ocho años, a quién consideraban como un ecijano más; supo estar integrado en la sociedad ecijana, pero sin crear compromisos ni servidumbres. Muy buena persona y buen Juez. DON RICARDO, muy emocionado, hizo uso de la palabra para agradecer cuantas muestras de afecto se habían prodigado a él y a su familia. Se marchaba de Écija con gran pesar, al igual que su familia.

En la anterior instantánea almuerzo homenaje de despedida a Don Ricardo Alcaide (al fondo de la imagen, con Don Eulalio de Pablo Gil), se puede distinguir al Procurador Don Victor Losada, al buen abogado Don Domingo Martínez Márquez, y al que suscribe.
*En la siguiente fotografía, recogida en el mismo acto, un brindis fraterno con el mejor de todos los agentes judiciales que pasaron por este Juzgado, y amigo del alma, ANTONIO CARO GONZÁLEZ.

DON ANTONIO NAVAS. Transcurrido un tiempo, en el que estuvo vacante la plaza de Juez de Instrucción del Partido, se incorporó al cargo, DON ANTONIO NAVAS GALISTEO, procedente de Málaga. Éste dio un giro a la mecánica de la oficina judicial, actualizando algunas normas que habían quedado obsoletas, por el paso de los años. Su carácter entre serio y afable, sobre todo con el personal del Juzgado, le hizo ser una persona respetable, sin ser autoritaria. Le gustaba dialogar con nosotros. Nos decía que éramos sus colaboradores y nos necesitaba en buena forma. Practicaba la costumbre de relacionarse con todo el mundo. Siempre estuvo abierto a cualquier consulta de todos, profesionales incluidos. Jamás una mala respuesta. Su afición por el tenis la practicaba, siempre que se lo permitían sus ocupaciones, tanto con Pepe Zapico como con Ramón Freire. Éste, especialmente, hizo mucha liga con él, por su juventud y por la frescura propia de la edad; congeniaron hasta el punto que cuando se trasladó como Juez a Vélez Málaga, instó a Ramón que hiciera la mili por allí. Así fue cómo aquella relación, cuajó en una estrecha y gran amistad, que ha perdurado hasta la desaparición de ambos.
SU PERSONALIDAD.- Don Antonio, cada mañana, entraba en su despacho, una veces por la puerta directa desde su vivienda y otras, entrando por las oficinas, saludando al personal. Según se levantara así era su entrada. Si entraba directamente a su despacho, sin pasar por donde estábamos nosotros, era señal que no tenía un buen humor, o como se dice, “se había levantado por los pies de la cama”. Aprendimos a conocerlo y, respetándolo, no acudíamos a su despacho, salvo que él nos llamase. Yo escarmenté en el primer encontronazo que tuve con él. Una mañana, que tenía que consultarle un asunto, y que no podía continuar trabajando, cuando supe que ya había entrado en su despacho, me dirigí a él, nada más que verme, casi enfadado me dice “¿pero es que tienes que interrumpirme sin que yo te haya llamado?, ¡¡uff, Paco, que cansado eres!!”. -Me quedé paralizado, agaché la cabeza, pedí perdón, y regresé a mi lugar de trabajo-. Así estuvimos casi toda la mañana, sin molestarlo, hasta que él, dando los buenos días, se dirigió al lugar donde nos encontrábamos González Montaño y yo, dirigiéndose a mí me pidió disculpas por sus modos destemplados, queriendo saber qué problema tenía que consultarle, etc.. Así era Don ANTONIO NAVAS con el personal de su Juzgado. Siempre solidario y solícito con nosotros. Algunos sábados, al terminar la jornada, a mediodía, nos juntábamos a tomarnos unas copichuelas en Casimiro o el Bar Herrera, pagando a escote.
Aficionado a todos los deportes, practicaba el tenis en sus ratos libres, tanto con Pepe Zapico como con Ramón Freire y sus amigos. Le gustaba mucho el flamenco, sobre todo puso interés por conocer su filosofía, y además, sobre las costumbres gitanas, de cuya etnia fue un gran seguidor y estudioso.
UN JUICIO PÚBLICO ANECDÓTICO.
Hubo una época, desde finales de los años sesenta, hasta mediados de los noventa, aproximadamente, en las que, los Juzgados de Instrucción, tuvieron competencias para instruir diligencias penales, celebración de juicios orales, dictar sentencias, en primera instancia, por delitos cuya pena fuese la de arresto menor.
Por un delito de lesiones menos graves, causadas a unos ciudadanos de Écija, como consecuencia de una pelea, entre éstos y un grupo procedentes de la capital sevillana, quienes coincidieron en el conocido “Bar Casa Pirula”. Se instruyó una causa penal, bajo la denominación de las conocidas, por aquél entonces, DILIGENCIAS PREPARATORIAS, por un delito de lesiones y daños. Se celebró un juicio oral, en la sala-audiencia del Juzgado, con la presencia del Ministerio Fiscal, abogados y procuradores de las partes, perjudicada, y de los inculpados o acusados, respectivamente. Intervinieron como testigos, (a efecto de esta historia), propuestos por la parte denunciante o acusación privada. Cuyos testigos, en su mayoría, eran amigos de los perjudicados que estuvieron presentes en los hechos; todos ellos de apellidos muy conocidos y reconocidos de la sociedad ecijana, concretamente pertenecían a la Sociedad Recreativa y cultural denominada CLUB TENIS, cuyos nombres no cito, por no considerarlo relevante; algunos de ellos, obviamente, por el paso del tiempo, ya han fallecido. Los testigos eran llamados por la voz del Agente Judicial; entraban en la estancia, tras identificarse debidamente, se les tomaba el juramento de rigor. A partir de ese instante, bien por el aspecto y solemnidad que veían, (abogados y procuradores de las partes, sentados a ambos lados del estrado), junto al representante del Ministerio Fiscal. En la presidencia el Juez instructor, que para aquél juicio lo encarnaba Don ANTONIO NAVAS GALISTEO, asistido del Secretario judicial, que daba fe del acto, y a su lado el mecanógrafo, escribiendo cuanto le iban dictando las partes. Todos los asistentes en el estrado, vestían de negro, con la toga complementaria. La iluminación de la sala era muy deficiente, y daba el aspecto de más seriedad y recogimiento. Un Crucifijo de regular tamaño colgaba de la pared, concretamente detrás del sillón del Juez.
A instancias de SSª, el Agente Judicial daba la voz de ”¡Audiencia pública!”…
La expresión de acusados y testigos, al entrar en la sala no daba lugar a ninguna clase de duda: adquirían un recogimiento como si se tratase de una iglesia. Conforme iban siendo llamados los testigos, al entrar en la estancia quedaban muy impresionados: la parafernalia protocolaria, impactaba a cada una de las personas ajenas a los vericuetos judiciales, quienes tenían una reacción diferente, -sin haberse puesto de acuerdo-, unos decían, “Ave María purísima”, sin más, y se sentaban en el lugar correspondiente del estrado, para responder a las preguntas del Fiscal, Abogados y de SSª.
El juicio al que me vengo refiriendo, transcurría normalmente, sin ninguna incidencia digna de mención, hasta que compareció uno de los testigos propuestos por la acusación privada. Alguien que en Écija era todo un personaje, muy conocido por sus gracias, sus golpes y su buen humor constante. Persona de una gran preparación académica, e inteligente, que, quizás debido a su insultante juventud, tenía una forma muy especial de llevar la vida. Era serio, a la vez que extrovertido, educado, simpático, sencillo y muy amable con todo el mundo, en especial en su ambiente, con los socios del Club Tenis, de donde fue un socio muy activo; líder y promotor de actos culturales de toda índole. No cito su nombre por respeto a su memoria y a la de su familia. Entre mis lectores, seguro que algunos sabrán a quién me estoy refiriendo. No obstante le llamaremos Carlos, para identificarlo mejor, a los efectos de esta historia).
Al ser llamado Carlos, por el Agente Judicial, entró en la Sala, quedando más impactado, si cabe, que los anteriores. De inmediato, y sin mediar palabra alguna, se hincó de rodillas, haciendo una genuflexión se santiguó y dijo muy solemnemente “¡Alabado sea el Señor!”, -quedando en esa postura, ante la sorpresa de los presentes-, y la perplejidad del Sr. Juez, al verlo, quién no pudo evitar preguntarle: “¿Qué hace usted?”, -respondiendo Carlos: -que seguía arrodillado y sin levantar la vista del suelo- “¿Me puedo levantar Iltma. Señoría, Don Antonio?”….éste, al observar la expresión de los presentes, que tenían el gesto claro y evidente de contener la carcajada, dijo acertadamente: “¡Se suspende el juicio, hagamos un receso!”….
UN HECHO IMPACTANTE.- Don ANTONIO NAVAS fue un Juez que, además de ser justo, tomaba decisiones que se salían de las costumbres rutinarias, tradicionales en una sociedad aún temerosa del poder establecido; es decir, el Sr. Navas, llevaba a rajatabla el cumplimiento de las leyes vigentes, dentro de sus competencias, aplicándolas sin discriminación ni distinción alguna de clase… Ocurrió que una tarde, llegó al despacho del Juez, el Oficial que hacía las veces de Secretario, Francisco González Montaño, dándole cuenta de la obstrucción que había sido objeto la Comisión Judicial, que actuaba previo mandamiento del Juez, a una diligencia, que la Comisión debía practicar, en el caserío de una finca del término municipal de Écija, encontrándose con la desagradable sorpresa de que un vecino de aquél lugar, propietario de una finca colindante, les impedía cruzar por el único camino de acceso al domicilio objeto de la diligencia. Este señor salió al paso diciendo “¡¡por este camino no pasan ustedes, es de mi propiedad, lo he hecho yo, y me niego a que cruce nadie por él, ni aunque venga el Juez o el Jefe del Estado!!.”. Ante tal actitud amenazante regresó la comisión judicial al Juzgado; una vez dada cuenta al Juez, éste de manera inmediata, telefónicamente, ordenó a la Guardia Civil la detención y puesta a disposición judicial del referido terrateniente. Quién pasó, al menos veinticuatro horas, en el Depósito Carcelario municipal. Al día siguiente, le tomó declaración y lo puso en libertad, exigiéndole una fianza en metálico. Tuvo mucha resonancia entre la población tal hecho, por lo novedoso. No era normal que un Juez tomase esa decisión justa, contra alguien de los considerados “intocables”.
DON ANTONIO NAVAS, trabó una magnífica relación, tanto institucional como personal, con el Alcalde DON JOAQUIN DE SOTO CEBALLO. De vez en cuando se visitaban recíprocamente, en sus respectivos lugares de trabajo, para tratar asuntos relacionados con la Ciudad, concretamente sobre la seguridad ciudadana. Como dato de su personalidad, hay que destacar, que cuando se le invitaba a cualquier acto protocolario, ya fuera religioso o de carácter político, siempre acudía. O Sea, desde un primer momento, se integró en esta Ciudad junto a su esposa MARUJA HIDALGO é hijos, como unos ecijanos más.
Una vez que el Sr. NAVAS hubo cesado, por haberse trasladado a la Capital de Málaga, el Ayuntamiento PLENO, a propuesta de su Alcalde presidente, le rindió homenaje de agradecimiento al servicio que había prestado a Écija, durante su estancia como Juez del Partido Judicial; a tal acto vino expresamente desde su residencia de Málaga al Ayuntamiento, que en un PLENO extraordinario se llevó a cabo el acto protocolario. Dirigiendo palabras de agradecimiento por “tan inmerecido homenaje, pues lo que hizo en Écija, formaba parte de su cargo como Juez, además de cómo ciudadano ecijano”. Cuento este detalle porque, precisamente, lo viví personalmente de una manera emotiva. Homenaje sencillo, lleno de afecto y gratitud, a DON ANTONIO NAVAS GALISTEO; un buen Juez, buena persona y amigo. Que falleció hace unos años (Noviembre 2013), en su tierra malagueña rodeado de su gran familia. D.E.P.
(La siguiente fotografía se refiere al día del almuerzo homenaje de despedida a Don Antonio Navas, en la que entre otros, podemos reconocer a un jovencísimo Ramón Freire Gálvez, primer acto protocolario al que asistía, con Manolo Llagas y Pepe Zapico a los lados. Asomando tras una cortina el Procurador Martín Tirado. Enfrente junto al que suscribe, el buen amigo y Abogado Paco Carrasco).























