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COSAS QUE PASAN | ABUELOS | José de Pineda

Hay que ver cómo en tan poco tiempo el papel de muchos abuelos, que basando su existencia final en apenas dar buenos consejos a hijos y nietos y a ser cuidados por estos, en cuatro días muchos de ellos y en la mayoría de los casos, son prácticamente el sostén principal de muchas familias.Cómo ha cambiado el panorama visual, social y económico de aquellos abuelos “ancianos” de 60 años, con el rostro arrugado aparentando tener 80, con sus ropajes oscuros de lutos eternos y con sus inseparables chivatas, hechas casi siempre a mano en sus largos ratos de vacío existencial, pues hasta la estabilidad era precaria a esa edad. No salían del pueblo como no fuera para ir al médico especialista a la capital, y casi siempre cuando ya era demasiado tarde. Como no estábamos tan puestos como ahora en eso de las enfermedades raras, cuando alguien se moría de repente se decía que le había dado un “má” (mal). Y todavía hoy es frecuente escuchar que a alguien le ha dado un “aire”, en lugar de un ictus.

Sin embargo, ahora los abuelos afortunadamente son otra cosa. Aunque ya sepamos que a lo que antes llamábamos “chocheo” ahora se le conoce como Alzheimer. Hoy sería ridículo y políticamente incorrecto decir un anciano de 60 años, porque con tanta actividad física como gimnasios, caminatas, llevar y recoger a los nietos al cole, etc., ropas vistosas y de colores estridentes, buenos y caros perfumes, parecen “lanetos” cuarentones. No hay más que ver los anuncios de las agencias de viajes para mayores de 60.

Y hablando de viajes. ¿Qué me dicen de ese gran invento que es el Imserso? Eso sí que es un envejecimiento activo, tan activo que no han venido de un viaje cuando ya tienen otro programado. La Junta debería ya de cambiar la denominación de 3ª Edad por 4ª ó 5ª, porque ¿cuántos años hay que tener para ser mayor? ¿60, 70 u 80? Ahí lo dejo.

El otro día llamé por teléfono a unos amigos y salió el contestador diciendo: “Ha llamado a casa de los abuelos, en estos momentos no podemos atenderle, pero si es para que llevemos a los niños al cole, pulse 1. Si es para que vayamos a recogerlos, pulse 2. Si es para llevarlos a la clase de inglés, pulse 3. Si por el contrario es para invitarnos a comer siga hablando y díganos el día y la hora. Gracias”.

Después de pasar este larguísimo, caluroso e incendiario verano, todavía nos queden por delante los últimos sofocones del “veranillo del membrillo” o veranillo de san Miguel como antiguamente se conocían estos últimos días de septiembre -también por “el mes de las moscas” por ser estas más numerosas, pesadas y cojoneras, al acudir al olor y dulzor de las uvas en plena vendimia-.

Todo esto además aderezado con esos innumerables “incidentes” de este verano en nuestras viejas y obsoletas líneas de ferrocarriles, ahora llamado Adif. El impresentable ministro del ramo quiso apaciguar los ánimos de los sufridos viajeros con un lamentable cartel que decía: “Perdonen las mejoras”. Oígame sr. ministro, las mejoras no se perdonan, se agradecen y usted es un caradura.

Pero hoy el artículo se lo quiero dedicar a los abuelos, y ya si eso, otro día hablaremos del gobierno.

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