Hace unos días, por pura casualidad, cayó en mis manos un libro pequeño y de colores mate debido al paso del tiempo, titulado la Anécdota y su refrán. El libro está escrito por don Antonio López Serrano y editado en 1996, en Ciudad Real, por Perea Ediciones.Según relata el propio autor en el prólogo, el contenido del citado texto no es otro que una selección de refranes extraída de otro libro titulado Vocabulario de refranes, escrito a comienzos del siglo XVII, por Gonzalo Correas, natural de Jaraíz de la Vera (Cáceres), notable gramático de su tiempo y propulsor de una reforma de la ortografía del español.
El estudio de las paremias (refranes, proverbios, frases hechas, colocaciones…) siempre ha sido de mi agrado, por lo que nada más toparme con el librito del Sr. López Serrano, me dispuse a leerlo sin pérdida de tiempo.
A decir verdad, nada nuevo en sus páginas, salvo tres cosas. Una, la lengua utilizada, caracterizada por la presencia de arcaísmos o, cuando menos, de términos hoy en desuso (aguijar, busilis, curruchada, trueco, do, corrido, dobla, daca, blanquilla, hatera, trastejar…). Otra, una sintaxis, a veces enrevesada, propia de una época en que el castellano se estaba fijando definitivamente (a cabo de un rato, no sé qué me tengo, andar a caza de grillos, daca pan…). Por último, un contexto extraño, por tratarse de unos tiempos ya lejanos (personajes, situaciones, objetos…).
Pues bien, de las ciento y pico anécdotas, junto a sus correspondientes refranes, presentes en libro, solo he prestado atención a una de ellas, la que contiene el término busilis, por aparecer ya usada en el Quijote de Cervantes.
En la selección de López Serrano puede leerse lo siguiente: Ahí está el busilis. Bien vulgar es busilis, aunque salió o se fingió salir de uno que se examinaba para órdenes, el cual dudó (al traducir) in diebus illis y dijo: Indiae, las Indias; el busilis no lo entiendo.
Por simple curiosidad, consulto el término busilis en el Diccionario de la Lengua Española (2014) y, para mi sorpresa, me encuentro con esto otro: Busilis (del lat. In diebus illis ‘en aquellos días’), por el análisis erróneo de un estudiante que al traducir las tres palabras (in diebus illis), solo sabía el significado de in ‘en’ y de díe ‘día’; pero era incapaz de interpretar el resto, busilis.
Y aquí radica mi sorpresa, en cómo tratándose en ambos casos de la misma anécdota y del mismo texto latino (in diebus illis), la interpretación del alumno de Gonzalo Correas, según manifiesta el Sr. López Serrano, es completamente diferente a la registrada en la última edición del diccionario de la Academia Española de la Lengua.
Es de suponer que debe tratarse de una vieja anécdota ocurrida entre estudiantes universitarios que, con el paso del tiempo, acabó adoptando diferentes formas, según fuera el narrador. Pasa igual con la literatura popular. El romancero, por ejemplo, sufre variaciones frecuentes para adaptarse a los múltiples lugares y circunstancias en las que se hace uso de él.
Francisco Martínez Calle






















