Será posible que en este bendito y maltratado país, todavía llamado España, siempre tengamos que estar con el alma en vilo, los bolsillos vacíos y dando más vueltas que un pavo matao a cañazos buscando llenar la cesta de la compra diaria, buscando desesperadamente como locos los mejores precios y ofertas más asequibles para poder llegar a fin de mes lo más desahogados posible, sin desfallecer en el intento por falta de inanición. Cuando no es por culpa del aceite, es por culpa del petróleo, cuando no, por la subida del precio de la luz, el gas, las papas, los tomates, la sequía y la madre que los parió a todos. Ahora sí que vamos a tener que echarle mano de nuevo a aquella vieja expresión de: “Eso me ha costado un huevo… y parte del otro”, porque de eso va precisamente el artículo de hoy.Y es que analizar los motivos de todas estas subidas de precios que estamos padeciendo es perder inútilmente el tiempo y además cuando los responsables de todo este caos en el que estamos inmersos y que se lo están llevando calentito intentan explicar los motivos, se te queda una cara de idiota que te la pisas. El ministro del huevo, digo del ramo, acaba de decir que entre otras causas el principal motivo de la desorbitada subida del precio, se debe al incremento de la demanda, o sea que ahora nos ha dado a los españoles por comer huevos como locos; que nos pasamos todo el día comiendo huevos porque son muy dietéticos, tienen muchas proteínas y además son muy asequibles para el bolsillo. ¡Manda huevos, sr. Planas!
Posiblemente, una de las frases más socorridas del léxico español sea la que se refiere a este humilde y oval alimento que desde su postura por la humilde, inocente e indefensa gallina hasta las cloacas, encerrada no precisamente en una jaula de oro y que a partir de ahora con la nueva normativa en la mano decretada por un majadero indocumentado, y que posiblemente no haya visto una gallina en su vida, prohíbe que estas pobres ponedoras pisen tierra firme por culpa de la gripe… aviar y aviados vamos a estar nosotros como esto siga así, ya que la fiesta de los huevos pintados que celebramos por aquí los tendremos que hacer de madera o escayola con la única ventaja que ahorraremos al no tener que cocerlos para ponerlos duros, porque entre la subida del aceite y de los huevos, la única receta que nos queda es la de pasados por agua o escalfados que prácticamente es lo mismo pero con un toque francés.
Las frases a las que me refería, por ejemplo, el llamado Huevo de Colón, o estoy hasta los huevos, eso vale un huevo, ¡échale huevos, Sevilla échale huevos!, como le cantan los Biris a su equipo, o ese tío es un huevón; tienes más huevos que el caballo de Espartero, y así hasta completar diez columnas.
Para terminar y que no nos pase como a la gallina turuleta, aquella que pusieron de moda los entrañables payasos de la tele, que puso un huevo, puso dos y puso tres, qué suerte tuvieron ellos, acabo con la que será seguramente la más famosa de las frases que pronunció el presidente del Congreso sr. Trigo, don Federico: ¡Manda huevos!






















