En Sevilla se estila mucho eso de decir: “Tú no eres nadie”. Esta frase se refiere principalmente a que si no te invitan a tal o cual evento de cierta relevancia, no tienes un abono en la Maestranza, no eres socio del Betis o del Sevilla, no das un comunicado, no tienes caseta en la feria o no tienes un amigo en la Junta que te coloque al chiquillo, tú, tú no eres nadie.
Pues en estos momentos que nos ha tocado vivir, esa frase se podría aplicar perfectamente a lo que me he atrevido a titular este artículo y que no es otra cosa que la acción de desayunar. ¡Pero ojo! No desayunar solo, sino en compañía de otros. Mientras más numerosa sea la reunión, más categoría para los componentes. Las hay de todo tipo y condición social. Las de más poder adquisitivo optan por establecimientos más refinados, y los de menos van a bares más populares y cercanos.
La composición de estos grupos es curiosa y variopinta, y al igual que en política, se hacen extraños compañeros de viaje. Aquí ocurre igual. En unas se mezclan casadas, viudas, solteras, separadas, medio pensionistas y todo aquel que esté falto de conversación. En otras, sin embargo, son parejas que después de dejar a los nietos en los distintos centros educativos, aprovechan la hora de relax para darse un pequeño homenaje a base de molletes y buenas tostadas con esos más de veinte “empapantes” que hoy ofrecen casi todos los bares para la primera comida del día. No cabe duda de que esta nueva costumbre de desayunar fuera de casa ha librado a muchos establecimientos de echar el cerrojo y tirar la llave por debajo de la puerta, ya que los únicos ingresos boyantes que tenían, procedían de los desayunos. El resto del día, prácticamente a verlas venir.
No crean que estas paisanas, y lo escribo en femenino por ser mayoría, van al bar solamente a desayunar. De eso nada de nada. Una cosa es tomar café y otra muy distinta practicar el “desayuning”, o sea, aparte de cubrir la primera necesidad alimentaria, supone ponerse al día de todos los chimes que hayan ocurrido el día anterior, y arreglar si se pueden, los problemas de los perjudicados en sus distintas modalidades como infidelidades, separaciones, desahucios, corte del suministro de luz, agua o teléfono, perdida del coche habitual, etc, etc. Solamente con la lista completa de los problemas de los demás, tendríamos para rellenar este artículo. Y no crean que este fenómeno se da solamente en nuestra comarca. Por donde quiera que voy, observo las mismas prácticas. Se ve que esta manía de querer arreglar las casas de los demás sin tener en cuenta que en cada hogar tenemos un cuadro “daleao” y en muchísimos hasta dos, está extendida por todos lados.
Así que aproveche, y ustedes lo desayuning bien.






















