¿Habrá algo más placentero, sociable, natural, enriquecedor, sano y sobre todo tal y como están las cosas, económico que eso? Me refiero a aquella vieja costumbre que también se llevó el tiempo, de despedir las sobremesas nocturnas del verano de ollas con pringá y gazpachos con agua fresquita del pozo.Como todo en aquellos años, todo tenía sus horas aunque la mayoría no tuviera relojes para contarlas. Había que levantarse a la salida del sol, trabajar hasta la puesta, comer a la una, la siesta era sagrada y ya a la caída del sol, la cena sí o sí de olla o papas fritas. Una vez recogida la mesa y los cuatro cacharros que había… todo el mundo a la calle. Abuelos, padres, niños, hasta el perro se tendía buscando el frescor del suelo recién regado, y así, poco a poco se iba formando la tertulia con los vecinos y algún que otro despistado transeúnte que al escuchar el rastreo de sillas, acudía a esa cita ineludible para tomar el fresco, una de las pocas cositas que se podía tomar en aquellas tediosas noches, bueno eso y el agua fresquita del botijo, búcaro, porrón o perrengue que alguno se traía de su casa sobre todo los que tenían pozo.
También era costumbre y aprovechando las hermosas semillas del melón de mediodía, o sea las pipas, cuando eran de verdad (ahora son transgénicas, pequeñas e insípidas), una vez bien lavadas y secadas al implacable sol de la tarde, se tostaban a fuego lento en el “infernillo de petróleo” con un poco de sal y bien tapada la tiznada y desgastada sartén, porque conforme se iban tostando se abrían y se salían del recipiente. ¡Exquisito postre, oiga!
Una vez finalizada la tertulia, no muy tarde casi siempre porque al día siguiente había que madrugar, cada mochuelo a su olivo, en este caso al colchón o manta tendida en el suelo, bien en la casapuerta o en el corredor donde hubiera un poco de corriente, a todo esto con las puertas de par en par. De ahí viene aquella historia que se contaba de que una vez ya acostados la madre le dijo a la hija: ¡Niña, abre un poco la ventana pa que entre el fresco! Y así fue. Entró el fresco y se acostó con la niña.
Ahora, los médicos recomiendan esta sana costumbre de tomar el fresco en vez de tantas series de televisión y tantos Facebook, Twitter o Whatsapp. Hay que recuperar la vieja cultura del “corrillo”, donde se ventilaban los problemas cotidianos de la familia y vecinos y se hacía sin saberlo, terapia de grupo, comentando las vicisitudes y penurias propias de aquellos duros años, para así compensar en la medida de lo posible con las desgracias ajenas.
Como ahora son todos estudios, los expertos (siempre los expertos) están investigando cómo nos afecta y nos afectarán estas altas temperaturas que estamos padeciendo en este verano adelantado. ¡A buenas horas! Y dicen que esto ocurrirá sobre todo en verano… ¡manda huevos duros con tanta temperatura y tanto experto! Ya le digo.























Gracias Pepe por hacerme recordar aquellas vivencias.
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