La especie pedestre sigue caminando. Se oyen ruidos y sonidos de nombres, palabras que van y vienen, que se las lleva el viento. Y todo sigue su ritmo, el sol continúa sin chocar con los planetas, la luna ronda a la Tierra sin salirse de su órbita, la vegetación busca sol y agua, y el hombre pasa deprisa, ansioso, buscando jamón de pata negra. En contraposición, un televisor en un escaparate, informa del incremento de personas que se suicidan… ¿Querrán eliminar también su alma? Decían los filósofos jónicos, siglo VI a.C., que esta vida que vivimos es la única y auténtica, en cambio los pitagóricos sostenían que la auténtica vida es la que existe más allá de la vida corporal. ¿Cuándo se tuvo realmente intuición del alma, en la civilización griega? Se cree que fue entre los órficos, posiblemente en el siglo VIII a.C., en tiempos de Hesiodo y Homero. A propósito, cómo me gustaría ver a Homero, el ciego, el supuesto autor de la Ilíada y la Odisea, entre la gente moderna que se cruza y esquiva; iría mendigando, sin papeles ni seguridad social. Ya en su tiempo fue reducido a la miseria, y anduvo errante de ciudad en ciudad, empuñando una tranca, recitando sus versos y pidiendo pan; sin embargo, no me gustaría ver por aquí a Empédocles de Agrigento, el filósofo de los cuatro elementos, porque calzaba sandalias de bronce, y ahora, tal como está la situación, los rateros se las quitarían para venderlas a precio de chatarra. El que también me gustaría que pasara sería Sócrates, el sabio que sabía que no sabía nada. Éste enigmático filósofo nunca escribió nada, así y todo, es uno de los que más han influido en el pensamiento europeo. Cuentan que era feo a más no poder, panzudo, ojos de mochuelo, nariz respingona, y además bajito. Creo que la frase “no somos nadie y menos los bajitos” podría ser suya. Decía que en su interior había una voz divina, la semilla. Lo envenenaron, no por feo, sino acusado de introducir nuevos dioses. Los primeros filósofos no buscaban la sabiduría, instintivamente, buscaban a Dios, al logos.
¿Y éste por qué sabe tanto? Se preguntará alguien refiriéndose a mí. ¿A mí? –Sí, a ti. No, si yo no sé, estos datos los copié de unos libracos viejos recuperados de un contenedor de basura; ¡Buenoo! Y todavía podría dar más pormenores, como por ejemplo, que Leucipo y su discípulo Demócrito fueron los primeros que tuvieron la percepción de la existencia del átomo, que no es poco.
Sigo mi camino sin prisa, hacia el ayuntamiento, y observo a la multitud, que de lejos, a lo largo de la calle, parece como un trigal invadido de cizaña, y movido por el viento.






















